Los desafíos que vienen para Macri - Mendoza Post
Domingo 29 Oct 2017
porWalter Schmidt (*)

Mauricio Macri transita tal vez por la mejor semana desde que asumió la Presidencia de la Nación en diciembre de 2015, al mando del gobierno no peronista con más poder de los últimos 30 años.

La jornada electoral del 22 de octubre dejó un saldo impensado, aún para macristas optimistas como Jaime Durán Barba: una Cristina Fernández derrotada y con un pie afuera del PJ, gobernadores peronistas en su gran mayoría perdedores como el "presidenciable" Juan Manuel Urtubey que deben sentarse a negociar con la Nación en términos coparticipables y un Sergio Massa tercero en la provincia que lo encumbró allá por el 2013.

La supremacía de Cambiemos quedó sustentada en el triángulo en cuyo vértice superior se ubica Macri (Nación), acompañado en los otros dos vértices por las figuras de María Eugenia Vidal (Provincia de Buenos Aires) y Horacio Rodríguez Larreta (Capital Federal).

Macri, logró disciplinar a los gobernadores peronistas, al sindicalismo, al empresariado y al Poder Judicial; Vidal consiguió quedar en el umbral de contar con la mayoría en ambas cámaras de la Legislatura bonaerense que le permitan aprobar todo proyecto que presente; y Rodríguez Larreta tendrá mayoría en la Legislatura porteña, tras una década de gestión macrista.

El frente Cambiemos está bien encaminado para echar por tierra el mito de que "ningún gobierno que no sea peronista puede gobernar o terminar su mandato".

Si bien se esperaba que no hubiera definiciones inmediatas en el peronismo sino un tiempo de reflexión a raíz por las múltiples derrotas sufridas en demasiadas provincias, y cuando algunos especulaban con una etapa de "unidad" con todas las corrientes dentro de una misma bolsa, los gobernadores del PJ salieron a marcar límites.

Golpeados aún, los mandatarios provinciales peronistas se reunieron en la histórica sede porteña del Consejo Federal de Inversiones (CFI) para dar una demostración de fuerza ante la Nación: "No estamos dispuestos a resignar ni un solo peso de lo que le corresponden a las provincias", lanzó el gobernador de Tucumán, Juan Manzur, que junto al sanjuanino Sergio Uñac, salieron a mostrarse como los mandatarios "ganadores".

Pero el pragmatismo pejotista fue más allá. Manzur, Uñac, Juan Schiaretti (Córdoba) y Miguel Angel Pichetto dejaron trascender que Cristina Fernández llevó a un estado de "no retorno" al peronismo después de haber conformado en la provincia de Buenos Aires el frente Unidad Ciudadana. Por lo que será la jefa de esa nueva fuerza pero nada tendrá que ver con el Partido Justicialista.

"Son ciclos que terminan, ya está; hay que pensar hacia delante y en lo que viene, y estamos en vísperas de que empiece una nueva propuesta", remató Manzur.

Pero la anunciada caída en desgracia del kirchnerismo tras la derrota de la ex presidenta tampoco tuvo pausa.

Horas antes que los gobernadores marginaran a CFK y a los K del PJ, el ministro más poderoso del kirchnerismo, el ex ministro de Planificación Julio de Vido, era primero desaforado por sus pares de la Cámara de Diputados de la Nación y luego detenido.

De Vido quedó preso por orden del juez federal Luis Rodríguez, quien investiga un desvío millonario para la reactivación de la mina de Río Turbio y sobreprecios en la compra de gas licuado. "Mándenle champagne a la doctora Carrió", alcanzó a decir De Vido momentos antes de entregarse en Comodoro Py y luego ser trasladado al hospital de la cárcel de Ezeiza donde permanece.

Paradojas del destino, De Vido se convertía en un funcionario kirchnerista más que, a raíz de causas por corrupción, era alojado en unas de las cárceles construidas por el menemismo, otro periodo signado por ese tipo de delitos contra el Estado.

Precisamente, Carlos Menem y Cristina Fernández estuvieron a pocos metros uno del otro en los tribunales federales, rindiendo cuentas como acusados, aunque en distintas causas, por un mismo crimen, como fue el atentado terrorista contra la AMIA. Ambos ex mandatarios Menem también podrían coincidir, si es que prosperan las causas judiciales en su contra y logran sortear planteos de desafuero, en el Senado de la Nación.

Del otro lado, el presidente Macri parece hacer un culto de la reflexión que sostiene que "el poder no se tiene, se ejerce". Apenas siete días después de los comicios, Macri encabezará un mega acto para el que fueron invitados gobernadores, jefes de bloques y autoridades parlamentarias, jueces, las cámaras empresarias y centrales sindicales, universidades y entidades religiosas, con el objetivo de anunciar un ambicioso plan de "reformas institucionales, económicas y educativas" que enviará al Congreso para tratar en sesiones extraordinarias.

Rápido, el oficialismo no dejó que tome forma la sensación en la ciudadanía del "¿Ahora, qué?” tras las elecciones y empezó a salir de la polarización con Cristina Fernández que tan buen resultado le dio, para adentrarse en la "engorrosa" tarea de gestionar.

"Ya no basta con mostrar el monstruo del pasado por el espejo retrovisor. Los argentinos quieren saber cuál es el camino hacia adelante que le propone el gobierno y hacia dónde vamos", reflexionó un dirigente oficialista.

Sin reparos ni especulaciones, los argentinos despertaron el lunes pos electoral con una suba promedio del 10 por ciento en el precio de los combustibles. La "ola amarilla" acalló cualquier reclamo de la sociedad o de la alicaída oposición.

"Si en el mundo baja, los precios van a bajar, y si los precios suben, van a subir", se limitó a explicar el Presidente, durante una conferencia de prensa a la mañana siguiente del domingo electoral.

El pasado 25 de septiembre, el Ministerio de Energía había comunicado a las empresas petroleras la "suspensión" del acuerdo interno que establecía una actualización de precios de los combustibles cada tres meses y liberó los precios a partir del 1 de octubre. Aunque el día de la aplicación no fuera el más indicado.

Un día después, con bombos y platillos el Tesoro informó que el déficit primario de las cuentas públicas fue al cierre del tercer trimestre de 222.379 millones de pesos, por lo que el Gobierno sobrecumplió en 106.651 millones de pesos la meta que se había fijado para ese período, que era de 329.030 millones de pesos.

En verdad, la rebaja anunciada de un 15 por ciento en el resultado primario era engañosa: del "bolsillo" del Estado nacional salieron 4 por ciento más de recursos que hace un año para sostener las cuentas públicas, ya que el resultado financiero creció 65 por ciento. Unos 19.824 millones de pesos, 7.845 millones más que en septiembre del año pasado.

Más aún, la balanza comercial registró en septiembre un déficit de 765 millones de dólares, arrastrada por un alza de 24,2 por ciento en las importaciones, según informó el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC).

Finalmente, la decisión -entre otras- del gobierno bonaerense de aumentar el impuesto inmobiliario urbano -en espejo con la Ciudad de Buenos Aires- y al agro, provocaron las primeras tibias reacciones de los sectores involucrados.

Nada que preocupe a un oficialismo que cosechó más del 40 por ciento de los votos hace apenas una semana y cuyo desafío -como el de todo gobierno victorioso- será que ese respaldo no se le escurra de las manos rápidamente.

(*) Especial para Mendoza Post