Vivir con miedo a que te roben en Mendoza - Mendoza Post
Martes 24 Mar 2015
porAna Montes de Oca
Periodista

 Alarmas, rejas, cercos eléctricos, leoneras, alarmas comunitarias, perros guardianes, botones antipático, puertas blindadas, cerrojos, cadenas, candados, picanas, gas pimienta, armas. Los mendocinos se sienten cada vez más desprotegidos y ya no saben qué más sumar al arsenal preventivo. La sensación general es que la policía “no hace nada”, que “ya no podés estar seguro en ningún lado” y que “no hay justicia.

Sin embargo, todavía existen barrios donde los chicos se quedan jugando al fútbol en la calle hasta la noche, donde los vecinos toman mate en la vereda con la puerta abierta y las señoras riegan los canteros entrada la madrugada.

Los habitantes de los distintos departamentos del gran Mendoza conocen claramente los límites donde la tranquilidad termina y empieza el peligro: en Capital, la Cuarta Este y la Tercera Sección “cerca de la zona roja”, o la Sexta “cerca del barrio San Martín”. En Guaymallén se pone peligroso después de la calle Pedro Molina hacia el Este, en Godoy Cruz, hacia el Oeste, que no se te ocurra caminar de noche en los barrios que están pasando el Centro de Empleados de Comercio. En Las Heras, la calle Independencia marca la diferencia entre la paz hacia el Sur y la tierra de nadie hacia el Norte. Sin embargo, en la realidad, esos límites no tienen sustento, el delito no abunda más en esas zonas que en otras y así lo confirma Alejandro Gil, subsecretario de Relaciones con la Comunidad del Ministerio de Seguridad.

Operativo en San Martín.

“Esas divisiones se basan en una estigmatización de ciertos barrios. La gente te dice que una zona es peligrosa si tiene una villa o un asentamiento cerca, pero no se registran más delitos en barrios cercanos a villas. Un ejemplo de esto –clarísimo- fue lo que pasaba en la Sexta Sección, donde la gente decía que había delitos porque estaba cerca la villa Costa Esperanza. Sin embargo, la villa se erradicó y la situación delictual sigue igual”, graficó el funcionario.

Agregó que “los que peor la pasan son los que viven en esas villas porque muchas veces tienen problemas hasta para conseguir trabajo si dicen adónde viven. Además, como en todos lados, hay mucha gente de bien y unos pocos malvivientes que a los primeros que les roban es a sus propios vecinos, antes había códigos y ahora se rompieron todos, por eso la gente que vive en barrios cercanos a algún barrio humilde se siente más insegura”.

Andrea González vive en el barrio Espejo y estuvo de acuerdo con Gil: “En el barrio podés tomar mate en la vereda, pero cuando se empieza a hacer de noche ya te tenés que encerrar porque te asaltan hasta en la parada del colectivo, y lo peor, es que son todos conocidos los que asaltan”.

¿Será que, en realidad, los asaltos comienzan cuando la calle queda solitaria?

Para Alejandro Gil es así categóricamente: “la gente que vive en barrios rodeados de otros barrios tranquilos tiene una sensación de tranquilidad, que la lleva a ocupar la calle, en cambio, cuando la gente tiene miedo se encierra y deja la calle liberada para el delito”.

“Este era un barrio tranquilo”

El 10 de marzo Jorge Montilla fue asesinado a balazos por un grupo de delincuentes que quiso robarle la camioneta cuando salía de la casa de una prima en el barrio Los Tamarindos II de Las Heras.

Hasta entonces, la gente del barrio se sentía bastante tranquila, veían los patrullajes policiales y sabía que no estaba en una zona roja de delito.

Pero claro que luego de la muerte de Montilla ya no se sienten del mismo modo y empiezan los reclamos. Gil explicó que muchas veces cuando suceden estos casos y la policía llega, empiezan a salir a la luz otros hechos que no tienen que ver con el delito del momento pero que debían tenerse en cuenta.

“Por ejemplo empiezan a hablarte de que hay grupitos de jóvenes que se quedan hasta la madrugada tomando cerveza en la esquina, o que se escuchan motos a altas horas, y esas cosas los vecinos no avisan a la policía para no molestar pero son cosas que terminan volviendo la zona más apetecible para los delincuentes”.

“Yo hace poco tenía que ir a un pasaje que no podía encontrar, entonces me quedé en una esquina buscando en google y en el gps. Yo tengo un auto con vidrios polarizados y me ponía nervioso no encontrar la calle porque pensaba que en cualquier momento iba a caer una patrulla por un llamado de algún vecino preocupado por ese auto que está ahí parado hace rato. Estuve 20 minutos y nadie llamó, a nadie le llamó la atención. Hay muchas cosas que hacen a la seguridad y acá nos falta educación en alerta, darnos cuenta de esas cosas sospechosas y denunciarlas, porque entonces el delincuente ya sabe que está en un barrio donde hay muchos cuidados”, enfatizó.

El funcionario agregó que el reclamo más común de la gente es que la policía ponga un destacamento “pero no sirve de nada, porque los policías que trabajen en el destacamento van a tener como prioridad cuidar el destacamento, y no al barrio. Es mucho más efectivo que se pida un rondín o un patrullaje en móvil o en moto. También es cierto que la gente pide más patrullas, pero el problema es que nos falta gente, cada móvil necesita entre 8 y 10 policías que lo manejen”.

Además, adelantó que se ha licitado la compra de 600 cámaras de seguridad que se colocarán en las cercanías de las escuelas para cuidar a los chicos porque insume mucho recurso humano la entrada y salida de esos establecimientos.

Una boca de lobo

Otro de los grandes problemas que enfrentan los vecinos de casi todos los barrios es la falta de iluminación. A pesar de que se ha reducido la altura de las luminarias, los árboles terminan tapando la luz y las veredas apenas tienen un tenue reflejo que pasa entre las hojas.

“Salir de noche es todo un tema porque como no ves nada, no sabés si te va a asaltar alguien que esta escondido o te vas a quebrar la cadera porque hay una baldosa rota. Yo he llamado a la municipalidad para pedir que corten las ramas y han venido, pero podan un poquito y sigue sin verse nada igual”, comentó Ana, una vecina del Barrio Cementista de Las Heras.

Gil explicó esta situación: “yo fui empleado municipal, y resulta que los municipios pueden podar las ramas que no tengan más de 6 centímetros de diámetro, lo que sea más ancho lo tiene que autorizar la Dirección de Recursos Naturales Renovables. Entonces el vecino reclama al municipio y el municipio reclama a Recursos, y ahí capaz que ni ven la situación del árbol, pero te pueden negar la poda porque podés cortar una rama vital del árbol”.

El mayor miedo: que entren en tu casa

Mauricio Fernández es vendedor y asesor de una empresa dedicada a sistemas de seguridad. Señaló que tan sólo en lo que es colocación de cercos eléctricos, la demanda creció un 50% respecto del año anterior.

Rejas, cercos... cámara. Arsenal completo.

“En general me llaman cuando ya tuvieron algún evento de delito en sus casas. La mayoría de los clientes actúan por reacción y no por prevención y además, no te llaman al primer evento, casi todos han tenido dos o tres”, graficó.

José Paz.

En este sentido, José Paz y Germán Morici tienen bastante experiencia. Tres veces entraron en su casa. “Las tres veces entraron cuando estábamos de viaje, pero tenemos cerco eléctrico y alarma y aún así cortaron todos los cables y nos desvalijaron”, lamentó José. Por su parte, Germán señaló que la única opción es no dejar nunca la casa sola, “pero eso tampoco te asegura nada. Yo ya desconfío hasta de la policía, el año pasado cuando salieron los egresados del Instituto de Seguridad Pública los mandaron a todos vigilar en Dorrego y aunque no lo creas en esos días los asaltos a los comercios aumentaron. En esa época a nosotros en la peluquería nos quisieron entrar un par de veces y hasta un día estábamos arreglando algo afuera del negocio, que estaba con la cadena y el candado puesto y vimos cómo un policía movía la cadena buscando el candado. Cuando vio que nosotros estábamos ahí nos preguntó si habíamos llamado un móvil, si hubiera sido así, ¿por qué no tocó timbre?”.

Un pedido desesperado

Hace dos días, Emmanuel pidió ayuda vía Facebook a través de una carta donde solicita que lo ayuden a reunir los 35 mil dólares que necesita para intentar volver a caminar luego de que en un asalto lo dejaran en silla de ruedas.

Emanuel pidió ayuda vía Facebook.

“Yo nunca tuve miedo, ahora tampoco tengo miedo pero sí sé que hay que andar con cuidado, obviamente, nunca me imaginé que me podía pasar algo así pero es feo ver cómo la inseguridad va creciendo”, lamentó.

Sin embargo, no sólo no baja los brazos sino que además se siente cada vez más esperanzado: “hace dos días que escribí la carta y ya me han escrito, comentado, mandado mensajes y compartido más de mil personas. Eso te da mucha fuerza, te hace sentir muy apoyado y que las cosas no están tan negras”.

Manu sabe que el tratamiento no le asegura la cura, “pero es una opción, una posibilidad, y mientras haya una posibilidad yo la voy a buscar”.

Leé acá el pedido de Manu:

https://www.facebook.com/emmanuel.rodriguez.92560281/posts/922352871137793

El problema de la seguridad afecta a todo el país y Mendoza no está exenta. Sin embargo, aún tenemos una vida un poco más tranquila que en otras provincias y sin dudas se debe al hecho que cuanto más nos asustamos y nos encerramos, más liberamos la calle. Al respecto, la Red Solidaria viene impulsando los “veredazos” donde los vecinos sacan las sillas y toman las calles que antes les pertenecían. En Mendoza se han organizado un par pero todavía no se ha difundido, tal vez sea hora de repensarlo antes de que al miedo se le sumen el frío y las pocas horas de luz y nos manden de nuevo adentro.