Jurados populares: la muerte de lo jurídico - Mendoza Post
Domingo 15 Mar 2015
porMauro Szeta
Periodista-Policiales

 El final del primer juicio por jurados que se hizo en la provincia de Buenos Aires es polémico. El jurado declaró no culpable a un hombre acusado por la justicia de los Tribunales de matar a su ex cuñado.

 Lo increíble y preocupante es la diferencia de criterios entre los estrados judiciales y los estrados populares.

 Durante más de un año, distintos fiscales, jueces y camaristas, entendieron que había sobrados elementos para mandar a juicio a Guillermo Barros por el asesinato de su ex cuñado de apellido Armella.

 Es decir, durante la instrucción judicial, alcanzaban las pruebas para sostener que había serios indicios para asegurar que Barros había asesinado a su ex cuñado de un escopetazo.

 En el juicio por jurados, pasó lo contrario. En tres días de debate, la fiscalía no pudo convencer a los jueces populares sobre la culpabilidad del acusado.

Guillermo Barros. 

 Del otro lado, la defensa alegó con golpes bajos y logró sensibilizar a los jueces de la calle.

 Lo cierto es que lo jurídico a nadie le importó.

El caso era complejo desde lo técnico. Barros alegó que él no había matado a Armella, y trató de demostrar que "el muerto" se había disparado a sí mismo en un forecejeo. Lo extraño de este relato es que el arma nunca apareció.

Además, en su defensa, Barros contó una y mil veces, -su relato era veraz- que Armella hostigaba a su exesposa, al punto que ella lo había denunciado cinco veces por violento.

 Desde lo técnico, la clave era dilucidar qué pasó el día del homicidio, no los antecedentes de violencia contra la mujer en cuestión.

 Ante un jurado que ni siquiera quiso escucharla, la fiscal Ana Armeta hizo esfuerzos notables para que los jueces del pueblo entendieran que no se podía justificar un homicidio por mano propia.

Ahora importan los jueces populares. 

 La fiscal acusó convencida que, Barros harto de que Armella hostigara a su hermana, lo fue a buscar para matarlo, y tras el crimen, hizo desaparecer el arma. Los jurados "no compraron" su alegato.

En cambio los jueces populares se inclinaron por el fallo menos técnico. De hecho, son jueces que, de lo técnico y de derecho no deben saber nada.

 Entonces, los jueces razonaron: "Pobre tipo el acusado. ¿Si mató lo hizo cansado de la violencia contra su hermana y eso lo justifica".

"Un Tribunal común le daba 10 años de cárcel" 

Con esta lectura, el jurado popular dijo "no culpable" y Barros se fue en libertad a pesar que durante más de un año para distintos actores del Poder Judicial había prueba suficiente para enjuiciarlo.

 Un testigo presencial del debate dijo: "Un Tribunal común le daba 10 años de cárcel". Si es así, la pregunta es cómo es posible que para los jueces de la calle "sea inocente".

 El sistema empezó con polémica. Lo que queda claro es, más que nunca el abismo entre los "muchachos de la toga" y "los muchachos de la calle".

Ese abismo marca sin dudas, el fin de lo jurídico. El fallo popular de este caso parece clamar: "Lo jurídico, los libritos, al tacho. Lo que vale es nuestro termómetro sensiblero". Preocupante puntapié del sistema.