Arroyo Salgado: La mujer que los pone nerviosos - Mendoza Post
Martes 10 Mar 2015
porErnesto Tenembaum
Periodista

 Su aspecto tiene algo de languidez, el pelo lacio, ciertas marcas en la piel. Su forma de vestir es más bien formal. Habla pausado, con voz tirando a aguda, y es como que elige cada palabra que va a decir. Seguramente ella no hubiera elegido el lugar en dónde está -nadie lo eligiría- pero parece haberlo asumido como un destino, y da toda la impresión de que no va a ceder tan fácil. En pocas semanas, pasó de ser una jueza de perfil bajo a una mujer que encabeza marchas multitudinarias, participa de reuniones parlamentarias, emite opiniones que producen titulares de los principales diarios y respuestas variadas de las más altas autoridades del país. Es la jueza Sandra Arroyo Salgado. En algún sentido, es la última de una larga lista de voceros de familiares de víctimas que han marcado la historia argentina de las últimas décadas. Es, también, la mujer que pone muy nervioso al Gobierno. Y es la madre de los hijos del fiscal Alberto Nisman. También, es la persona que más convencida está de que su marido fue asesinado. Ni suicidio ni accidente, descartó: fue asesinado.

La jueza tuvo que dejar su perfil bajo.

En estos días, desde que ella presentó las pericias de parte que concluyen en que la muerte de Nisman en realidad fue un crimen, el oficialismo intenta desprestigiarla. Vale la pena seguir su argumentación para percibir los nervios que les provoca. El domingo, por ejemplo, Horacio Verbitsky la acusó de actuar bajo las órdenes de Jaime Stiuso, el hombre fuerte de la SIDE durante la década kirchnerista. No es una acusación menor. Se supone que Arroyo Salgado actúa en representación de los intereses de sus hijas, pocas semanas después de la muerte de su padre. Si lo de Verbitsky fuera verdad -es decir, si ella forzara conclusiones para congraciarse con Stiusso-, las estaría traicionando. Es curioso, pero la nota no tiene un solo dato que sostenga la acusación.

De todos modos, lo más llamativo de las descripciones kirchneristas son sus omisiones. Arroyo Salgado fue la jueza que, apoyada por el Gobierno, forzó a que los hermanos Noble Herrera se sometieran al análisis de ADN en la causa donde se investigaba a la dueña de Clarín por presunta apropiación de menores desaparecidos durante la dictadura militar. Arroyo Salgado también investigó a fiscales de San Isidro por su presunta complicidad con narcotraficantes. Verbitsky cubrió esos dos episodios. Pero, curiosamente, en aquellos casos no contó, tal vez porque no lo sabía, sus presuntos vínculos con Stiuso. Ahora, que ella se aparta de la línea oficial, aparece oportunamente esa acusación, inútil además, porque en cualquier caso, Stiuso era nada menos que el hombre fuerte de la Side K, tenía relación más cercana con el equipo presidencial que con cualquier juez. Al respecto, el libro Código Stiuso, de Gerardo Young, es muy revelador.

Ahora aparece la acusación oficial de los vínculos con Stiuso.

En realidad, es difícil de entender por qué las conclusiones de Arroyo Salgado los ponen tan nerviosos. Ella no dijo que el Gobierno asesinó a Nisman: solo que fue asesinado. No acusó a nadie. ¿Cuál es sentido de la reacción en manada? Al fin y al cabo, ¿no es una conclusión similar a la que llegó la Presidenta en su segunda carta posterior a la aparición del cadáver? ¿Cuál es el pánico que genera, en este caso, la palabra "asesinato" o "crimen"?

La pasión del Gobierno por encontrar coherencia en los escritos y denuncias ajenas, por otra parte, contrasta con su tolerancia a las barbaridades que se difunden desde el oficialismo. Por ejemplo, en el mismo párrafo en el que descalifica los escritos de Nisman, el juez de la Corte, Eugenio Raúl Zaffaroni, sostiene que al fiscal "lo usaron, lo volvieron loco, lo mataron y se lo tiraron al Gobierno". Las preguntas son obvias: ¿lo mataron? ¿no se suicidó? ¿quiénes? ¿lo volvieron loco? ¿realmente estaba loco Nisman? ¿quiénes? ¿qué pruebas hay?

Arroyo Salgado es, en realidad, una incógnita.

Desde el momento en que su ex marido apareció asesinado estaba claro que, como cualquier familiar de víctimas, desde la dictadura para acá, iba a tener un rol muy fuerte en la investigación del caso. Es, además, jueza. Con el correr de los días fue, de a poco, diciendo algunas cosas: de manera explícita o gestual. Primero afirmó que su ex marido no se había suicidado. Luego concurrió a un cónclave de legisladores opositores en el Congreso. En los días siguientes se reunión con el presidente de la Corte. Y también participó de la marcha del 18 de febrero. Todos esos pasos son lógicos para una persona que representa a las hijas de un fiscal que murió en medio de un conflicto muy virulento con el gobierno nacional. Para el Gobierno implican algo más: que no es manejable. Por eso necesitan desacreditarla.

Es la representante de las hijas menores del fiscal que acusaba a la Presidenta. Tiene una lógica propia, independiente del oficialismo. Sus opiniones pesan ahora y van a seguir pesando a lo largo de toda la investigación. Es un factor no controlado y podría ser explosivo. Que haya tenido vínculos con la side kirchnerista no quiere decir, salvo que se demuestre lo contrario, que actué bajo las órdenes de Stiuso en este caso. Que irrite al Gobierno tampoco quiere decir que todo lo que diga sea falso, ni cierto. Es la voz más cercana a las víctimas. Merece ser escuchada con respeto, pero no sin sentido crítico. Su cercanía a peritos muy comprometidos con la represión ilegal no la ayuda mucho, por más que esos profesionales tengan solvencia técnica.

Arroyo Salgado, la voz más cercana a la víctima.

Con esa obsesión por desprestigarla, el oficialismo gana lo mismo que cuando intentan destruir la imagen de Nisman: ya le dijeron borracho, gay, padre abandónico, pobre hombre, servicio, triste empleado de la embajada yanqui, títere y tantas otras cosas más.

Pelean con un muerto.

Y ahora con la madre de sus hijas.

La campaña de desprestigio contra Arroyo Salgado es, simplemente, un eslabón más de la cadena impresionante de desmesuras, torpezas y crueldades que el oficialismo ha desplegado en estas semanas.

Es difícil ser optimista acerca del futuro del caso Nisman. Tal vez se resuelva si fue suicidio o asesinato pero, en esta última opción, ¿cómo llegará la Justicia a descubrir a los culpables?

Estos casos sirven, muchas veces, para descubrir los valores de cada quién.