El peor riesgo de Macri: ser igual a Cristina - Mendoza Post
Martes 7 Mar 2017
porCarlos Ponce
Economista

En  2012, más precisamente el 8 de noviembre, conocido como el 8N, una parte muy importante de la sociedad argentina se manifestó en contra del gobierno de CFK.

Fueron los históricos "cacerolazos". Una expresión masiva, espontánea y desordenada. Algunos pedían por la libertad de expresión o por el impuesto a las Ganancias. Algunos más por la inseguridad. Una gran parte estaba asustada por el autoritarismo, las cadenas nacionales, la propaganda abusiva en Fútbol para Todos, el chavismo y el conflicto permanente.

De allí en más hubo varios cacerolazos todos ellos masivos e intensos. Hay que decirlo: una parte importante del Pro y el radicalismo acompañaron y promovieron en las redes sociales y en las calles aquella protesta social.

La protesta era claramente legítima y mostraba una preocupación seria sobre la marcha del gobierno de CFK.

La presidenta, y este el punto principal de esta nota, reaccionó de la peor manera posible: fue soberbia y no escuchó.

De hecho, les dijo socarronamente a los “caceroleros” que si no les gustaba el gobierno armaran su propio partido político. Uno de sus principales asesores de La Cámpora, el inefable “Cuervo” Larroque, se animó a burlarse y decir que los cientos de miles manifestantes parecían zombies, que caminaban sin rumbo ni consignas.

Este fue, quizá, el error político más grosero que cometió Cristina y que terminó, muchos errores después, con el triunfo de Mauricio Macri.

Un Intendente mendocino del propio PJ, que sobrevivo a Cristina y hoy todavía gobierna, lo dijo en público el día después, cuando le preguntaron si el cacelorazo debía ser escuchado contesto: “Si nosotros escuchamos a veinte vecinos que se quejan, mucho más debemos hacerlo con miles de mendocinos que se manifestaron ayer”.

Mauricio Macri, Marcos Peña y sus asesores mediáticos y ministros están a punto de cometer este mismo grave error de Cristina: no escuchar.

Este lunes los dirigentes del Pro tuvieron que ver, en su propio territorio, la Ciudad de Buenos Aires, una impactante e inesperada marcha de decenas miles de docentes , a pesar de que sus principales figuras y su aparato mediático operaron para convertir en el enemigo público numero 1  al sindicalista Baradel. Minimizaron y quisieron politizar la bronca de los docentes y así les fue.  El resultado fue que Macri quedó casi en ridículo, inaugurando un ciclo lectivo -que no empezó- en un pueblo aislado de Jujuy.

Este martes, la CGT, el peronismo y los movimientos sociales (acompañados por varios impresentables) harán otra marcha más masiva aún, en contra del gobierno. Emblemáticamente lo harán frente al Ministerio de la Producción.

Y entonces Mauricio Macri tendrá el mismo dilema de Cristina: escuchar (en serio) o no escuchar.

El problema de fondo económico es obvio, tan obvio como el error del cepo de Kicillof o las mentiras de la inflación de Moreno: el programa económico del equipo de Macri no funciona. Se podrá acordar o no con el rumbo general de su gobierno o enfatizar mas o menos en la herencia recibida (que fue dura) , pero la realidad es que  no hay resultados visibles luego de mas de un año de política económica. 

El dólar está demasiado barato, la inflación alta y la caída del poder de compra de salario es contundente. Es por ello hay sectores industriales enteros que están en crisis.

Los juguetes, los textiles,  calzados,  muebles, e inclusive hasta las guitarras de producción nacional caen en manos de los redituables productos chinos. Por el dólar barato, también, vemos en Mendoza las interminables colas a Chile para comprar útiles escolares, electrodomésticos y ahora hasta para la compra de la mercadería del mes.

Los sectores exportadores mendocinos no arrancan a pesar de la calidad indiscutible de algunos de sus productos como el vino. No escapa a esto, aunque sus problemas vienen de hace tiempo, que este 31 de mayo la familia Pescarmona deberá renunciar a la conducción de una empresa emblemática de Mendoza como Impsa, para dejarla en manos del Banco Interamericano de Desarrollo y otros  fondos de inversión extranjeros;  o que Alco tenga como solución ser “salvada” por un fondo buitre estadounidense.

Los hechos son evidentes y la protesta social contundente. Excepto que algún despistado crea que los docentes, los trabajadores organizados en la CGT y los movimientos sociales son destituyentes y  no merecen ser escuchados. Igual que los caceroleros.