El "préstamo" más fácil del mundo, entre dos amigos - Mendoza Post
Por: Mendoza PostDomingo 12 Feb 2017

Esta es una historia de dos amigos de toda la vida, como tantos, que una vez se prestaron plata. Cualquier parecido con la realidad política, es absolutamente intencional.

Suena el teléfono, atiende Carlos…

- ¡Carlitos querido! ¿Cómo estás? Soy Franco. Te llamo porque te tengo buenas noticias… ¿Te acordás de esos mil pesitos que me prestaste en el 2001?

- Sí Franco, me acuerdo. No eran tan “pesitos”, acordate que en aquella época eran dólares. Pero sí me acuerdo.

- Bueno mañana tomemos un café y charlemos. Te los voy a poder devolver.

Carlos quedó entusiasmado por la llamada de su amigo. No sólo porque la deuda impaga por 16 años era una mancha entre los dos, sino porque empezó a sacar cuentas: con esos mil dólares y unos pocos más que pusiera, le alcanzaría para tomarse unos días en algún “all inclusive” de esos que están de moda ahora.

Al día, siguiente, puntualmente a las 10 de la mañana, en el café de siempre se encontraron los amigos.

Carlitos rompió el hielo.

- Bueno Franco, contame, cómo es que ahora me vas a poder devolver los mil pesitos como les decís vos.

- Mirá, la verdad es que ya me estabilicé en el nuevo negocio y siempre me he sentido mal por fallarte con aquella gauchada que me hiciste. Así que te puedo empezar a devolver los mil pesos.

- Excelente, amigo. Ya estuve averiguando… Con los 1.000 dólares que me devuelvas y 500 más que aporte yo, me voy a ir siete días a un “all inclusive” en el Caribe. Y a la vuelta me hacés un asadito por los 16 años de intereses.

- Pará Carlitos... Me parece que te estas apurando. Lo que yo te puedo devolver son los 1.000 pesos que me prestaste, pero en pesos.  1.000 dólares son 16 lucas. A eso no llego ni en pedo.

¿Alcanzará para el café?

- ¿Cómo que mil pesos? Franco, querido, escuchame, me acuerdo perfecto, en aquella época, en el 2001, te presté el equivalente a lo que yo ganaba en un mes y hoy me vas a devolver solo mil pesos. ¡Eso no alcanza ni para un asado con los muchachos!

- Es lo que puedo Carlitos. No te quiero dar argumentos técnicos que me explicó el contador sobre que las deudas se pesificaron, o que está prohibido indexar. Seriamente esto que es lo que puedo afrontar. La verdad, pensé que te ibas a poner contento.

- Bueno Franco… sabés que… Dame los mil mangos, me olvido de la deuda y cerremos este tema. En vez del “all inclusive” compro unos kilos de carne y este sábado hago un asadito con los amigos. No vamos a dejar que 30 años de amistad se terminen por una diferencia de plata.

- Pará amigo... Hay otro problema. No tengo los mil mangos todos juntos.

Carlitos, ya con cara de poco amigos, le contestó:

- Ok Franco. Dame lo que tengas y el mes que viene lo completás. Yo pago con la tarjeta mía lo que falte para el asado.

- Pará Carlos, de nuevo. No me estás entendiendo bien. Lo que yo te quiero proponer es pagarte los 1.000 pesos, pero en 15 años.

A esta altura Carlitos ya no podía salir de la sorpresa ni evitar que el enojo lo fuera dominando.

- En serio, ¿me estás jodiendo? Vos me decís que los 1.000 pesos que eran un buen sueldo mío en el 2001, me lo vas a compensar ahora con mil pesos de hoy y encima, me lo vas a dividir en quince años. Dejame sacar la cuenta: 1.000 pesos dividido 15... A ver… ¡Me vas a “garpar” 66 pesos por año durante quince años…! Decime… ¿vos estas bien, estás tomando alguna medicación? Esto que me ofrecés, no tiene sentido.

- Tampoco es tan así Carlos. Acá tengo la planillita que me armó el contador. El primer año no te voy a poder pagar 66 sino 10 pesos y después cada año un poco más. Y en los últimos dos años, en el 2031 y 2032,  ahí sí, quedo bien con vos, y te pago los últimos 500 pesos todos juntos. Eso sí, quedate tranquilo que te voy a reconocer los intereses.

Carlos, ya levantándose de la mesa y haciendo un esfuerzo por no moler a trompadas al “amigo”, casi en tono de broma le preguntó:

- ¿Che y de cuánto serían los intereses?

- Del 7% anual… Eso es lo que me recomendó mi contador.

- Sabes qué Franco, a mí, la tarjeta me cobra el 40 anual si me atraso. Pero ya no vale la pena hablar más. Metete tus mil pesitos donde ya sabés y olvidate que alguna vez tuviste un amigo. Hubiera sido mejor que no me hablases.

Cuando se iba con la adrenalina de la bronca a mil por hora, y pensando cómo había podido ser amigo 30 años de semejante garca, sintió una voz a sus espaldas que le decía:

- Carlitos… ¿No me dejas para pagar el café? Creo que no me alcanza.