¿Por qué los napolitanos licúan la sangre de San Genaro todos años? - Mendoza Post
Por: Mendoza PostMiércoles 8 Feb 2017

 Todos los años, cientos de napolitanos salen a las calles de la capital con un ampolla que dicen contiene la sangre del santo, que según la hagiografía católica era un obispo que fue decapitado por el emperador.

Lo cierto es que de la famosa sangre no se tiene ningún registro histórico anterior a 1389. Curiosamente, una época muy fértil en falsas reliquias. 

Los napolitanos están convencidos que si no se produce un gran desastre está a la vuelta de la esquina. Así pasó en al menos 5 ocasiones, como la plaga que asoló la ciudad en 1527 y el terremoto de 1980, donde murieron 3.000 personas. Por desgracia, existe un curioso contra-argumento a esta capacidad predictiva de la sangre: el pasado 16 de diciembre no se licuó y no ha pasado nada.

Los napolitanos están convencidos que si no se produce un gran desastre está a la vuelta de la esquina.

Mejor aún fue lo que pasó en 1799, cuando el ejército francés entró en Nápoles. El clero, con capacidades proféticas, dijo que el milagro de San Genaro no se produciría. Así fue y la gente empezó a vociferar. Entonces el general francés Jean Étienne Championnet dijo a uno de sus ayudantes: "Vaya a ver al sacerdote y dígale de mi parte que si la sangre no se licua en cinco minutos hago bombardear Nápoles". Poco tardó en producirse el milagro. 

¿Es realmente sangre

No se sabe, pues la Iglesia no permite tomar una muestra. Sólo se han podido realizar análisis espectroscópicos a través de la ampolla, que determinan que ahí hay  sangre. Claro que puede haber algo más.

El pasado 16 de diciembre no se licuó y no ha pasado nada. 

En el siglo XIX un ilusionista italiano llamado Giovanni Bartolomeo Bosco asombró a los napolitanos al reproducir en el teatro San Carlos la licuefacción de la sangre durante varias sesiones y de forma más impresionante. En 1991 la prestigiosa revista científica Nature publicó que la sangre de San Genaro era una mezcla tisotrópica, una mezcla que se solidifica y se licua si se agita convenientemente. 

El profesor de química orgánica de la Universidad de Pavia, Luigi Garlaschelli, y dos colegas de Milán reprodujeron el milagro con una mezcla de caliza, cloruro de hierro hidratado y agua salada. El norteamericano Joe Nickell hizo lo propio con aceite, cera y sangre de dragón, una resina brillante roja que se obtiene de diferentes especies de cuatro distintos géneros botánicos (Croton, Dracaena, Daemonorops y Pterocarpus) y que se usaba como barniz, medicina, incienso y tintura, dice la revista española Muy Interesante.