¿Quién llena el vacío del silencio? - Mendoza Post
Viernes 20 Feb 2015Viernes, 20/02/15 atrás
porDiego Genoud
Periodista

 La marcha del 18 F pasó, fue multitudinaria y dejó un mensaje contundente que será materia de apropiación y de disputa. Más que un golpe, como denunció el kirchnerismo, fue un eslabón más de una cadena de expresiones sociales en rechazo al gobierno nacional.

Un mes después del balazo que acabó con la vida del fiscal Alberto Nisman en Puerto Madero, una movilización masiva le dio sentido a su muerte en las calles y lo convirtió en un emblema de demandas que reclaman otro gobierno.

La marcha tuvo una clara orientación opositora y, sin embargo, las paradojas abundan. La primera es la del personaje que convocó a las cientos de miles de personas que caminaron bajo la lluvia y en silencio. 

Nisman fue un fiscal alineado con el kirchnerismo durante por lo menos 9 años en el tema AMIA y, junto con Antonio “Jaime” Stiuso, le dio forma a las acusaciones en contra de Irán que Néstor y Cristina Kirchner llevaron a los foros internacionales. Su denuncia por encubrimiento contra la Presidenta de la Nación y su muerte lo convirtieron en un mártir en la lucha por una justicia independiente, aunque estuvo siempre al amparo del poder, ligado al gobierno nacional y a los servicios de inteligencia, según el mismo lo reconocía públicamente. El factor Nisman fue el detonante.

 Nisman fue un fiscal alineado con el kirchnerismo durante por lo menos 9 años en el tema AMIA.

El sociólogo Eduardo Fidanza definió al 18 F en La Nación con una caracterización que casi nadie discute: “Una amplia manifestación opositora no partidaria, predominantemente de clase media metropolitana” que “por sus características, poseyó afinidad con anteriores movilizaciones. No cambia la historia, Sólo ayuda a apurar un proceso”. 

La marcha del 18 F dialoga y se inscribe en una saga que se inicia casi al mismo tiempo que el ciclo kirchnerista: las marchas por Axel Blumberg, las concentraciones a favor del campo y los cacerolazos de 2012 son sus hitos más destacados. En un espejo refractario, durante la década kirchnerista, sectores que nunca antes habían salido a la calle, entendieron que la forma de oponerse era ocupar el espacio público, aunque fuera -casi siempre y con toda lógica- a favor de demandas conservadoras.

La crisis tiene al kirchnerismo como protagonista por acción y omisión. 

Que ante la muerte de Nisman el gobierno se presente, una vez más, sólo como víctima de una conspiración y no asuma responsabilidades por el descontrol de los servicios de inteligencia contribuyó, muy probablemente, a sumar adhesiones a la marcha. La crisis tiene al kirchnerismo como protagonista por acción y omisión.

Hay tres datos que resaltan en medio del silencio. El primero es el rol de Sandra Arroyo Salgado, la ex esposa de Nisman, quien además es jueza federal y está convencida de que su ex marido fue asesinado. Arroyo Salgado estuvo en la marcha junto a su hija mayor, pero le dio un tono sobrio que incluyó la ausencia de consignas explícitas contra el gobierno. Su papel será determinante en la investigación y en la derivación política del caso. Hasta ahora, apareció en el Congreso junto a la oposición, fue a la marcha y dio una entrevista en Vorterix. Hasta ahora, funciona como un escudo contra la manipulación política.

Arroyo Salgado funciona como un escudo contra la manipulación política.

El segundo dato es que la marcha fue más un reclamo de justicia para Nisman que para los muertos de la AMIA. No es casual que hayan participado los dirigentes de la comunidad judía pero no haya asistido ninguna de las agrupaciones de familiares de víctimas en el atentado. Ni Memoria Activa, ni el 18 J de Sergio Burstein –alineado con el kirchnerismo-, ni la más intransigente de todas, Asociación Para el Esclarecimiento de la Masacre Impune de la AMIA (APEMIA), que lidera Laura Ginsberg. Pese a que se trataba de una convocatoria que incluía entres sus pocas demandas explícitas el tema AMIA, ninguno se sintió convocado. Memoria Activa escribió un comunicado en el que cuestionó a dos de los organizadores, los fiscales Germán Moldes y Raúl Plee que “con su accionar demoraron la causa encubrimiento defendiendo a los procesados en lugar de hacer su trabajo como fiscales y avanzar en las acusaciones”. Además, criticó a la dirigencia de la AMIA y la DAIA, que convocó a marchar en silencio. “Otra vez, no nos sorprende. ¿Por qué no acompañarían en silencio, si su vergonzoso comportamiento a lo largo de más de 20 años fue sostener a encubridores, y en silencio los desvíos en la investigación, consintiendo la impunidad. ¿Será que los convocantes la llaman ‘marcha del silencio’ porque durante más de 20 años callaron (políticos, jueces, fiscales, dirigentes) mientras la investigación era presa de intereses espurios al servicio de inescrupulosos?”.

La referente de APEMIA, Laura Ginsberg, repitió una visión que casi no tiene lugar en medio de la polarización. “Seguimos sosteniendo lo mismo que dijimos entonces, que Nisman construyó junto con el gobierno de los Kirchner una línea investigativa que no solo no llevó a ningún lado sino que llevó a construir encubrimientos. Esto lo discutimos personalmente con Nisman y públicamente a través de nuestros comunicados de prensa”. Ginsberg está entre los que reclaman la creación de una comisión investigadora independiente, la apertura de los archivos secretos y la disolución efectiva de la Secretaría de Inteligencia.

 La marcha fue más un reclamo de justicia para Nisman que para los muertos de la AMIA.

Más allá de sus notorias diferencias, ninguno de los familiares cree que en el poder judicial que convocó a la marcha esté la llave para terminar con la impunidad que lleva 21 años. Los fiscales que encabezaron la movilización se distinguen por avanzar –algunos desde hace muy poco- en investigaciones por corrupción que complican al gobierno nacional. Sin embargo, en lo que respecta al tema AMIA, nunca se destacaron por nada bueno.

El tercer dato que surge de la marcha es el más importante para el futuro del país. La crisis política que desató la muerte de Nisman golpeó a la Presidenta, al gobierno y a los candidatos del Frente para la Victoria. Pero no se trasladó en beneficio de ningún otro candidato presidencial, por lo menos hasta ahora.

Que la marcha haya sido convocada por fiscales –parte de un poder judicial cuestionado a diestra y siniestra- muestra que la clase política se encuentra con una dificultad importante para encausar la situación actual y devolverle credibilidad a las instituciones. 

Los dirigentes de la oposición que se sumaron al 18 F tuvieron que hacerlo a título personal, como uno más de los asistentes. 

El problema mayor es hoy para el kirchnerismo que gobierna hasta diciembre –y que se enorgullecía de haberle devuelto legitimidad a la política-, pero después lo será para la próxima administración. Los dirigentes de la oposición que se sumaron al 18 F tuvieron que hacerlo a título personal, como uno más de los asistentes. Carrió, Macri, Massa, Binner, Cobos. Quienes marcharon el 18 F se acostumbraron durante los años del kirchnerismo a la orfandad política. Opositores al gobierno, no encontraron en la oposición una referencia clara. El vacío político que se abrió como consecuencia de la conmoción obliga a que surja un candidato que pueda expresar esa disconformidad que adoptó la forma del silencio. Que no haya habido consignas, reclamos explícitos y ni siquiera un documento es resultado también de la heterogeneidad de esa amalgama social.

A diferencia de las movilizaciones a favor del campo o de los cacerolazos de 2012, la marcha del 18 F se produce a las puertas de un proceso electoral que terminará con un nuevo presidente y que, probablemente, abra paso a un proyecto político que se parezca poco al kirchnerismo. Sin embargo, el candidato y el proyecto que vendrá a reemplazar al gobierno no aparece claro todavía.

La presencia de la mayor parte de la dirigencia opositora, atrás, marca no sólo la preocupación de la familia de Nisman y de los fiscales para evitar cuestionamientos por la utilización burda de la marcha. Expresa además una dificultad. Entre las filas de la oposición, no termina de consolidarse un liderazgo capaz de expresar al antikirchnerismo en su conjunto y de convocar, al mismo tiempo, a sectores que en su momento acompañaron al gobierno y ahora buscan otra cosa, desde trabajadores hasta mayorías populares que no se sienten interpeladas por la marcha del 18 F. Sumar a esa franja de la población –llenar el vacío del silencio- es el desafío del próximo presidente.