La odisea que sufrió el segundo jefe de fiscales de Mendoza al volver de Chile - Mendoza Post
Domingo 29 Ene 2017
porLeonardo Otamendi
Editor Post

 Todos los años se producen largas esperas para ir o regresar de Chile en el paso fronterizo. Pero la instantaneidad de las redes sociales nos permite saber en el instante y ubicarnos en situación de lo que está ocurriendo en el Cristo Redentor. Los trámites de aduana son los que más quejas generan en los turistas. Hasta 12 horas de espera, en algunas ocasiones, las personas deben soportar para cruzar el límite de alguno de los dos países. Nada nuevo, por cierto. Pero cuando una de estas historias es contada en primera persona, llama más la atención.

Una larga espera, con su hijo desmayado y luego compensado , le tocó vivir (o sufrir) al procurador adjunto de la Suprema Corte de Justicia de Mendoza, Fernando Guzzo. El alto funcionario judicial vivió una verdadera odisea a su regreso de Chile.

Como otros relatos que el Post ha publicado de viajeros que han pasado por la misma situación, la de Guzzo tiene un plus más sensible: su hijo. Y el segundo jefe de los fiscales mendocinos también realiza una crítica a la burocracia y, por qué no, a un modelo económico proteccionista.

Fernando Guzzo, el protagonista con su hijo de una odisea en Horcones.

Fernando Guzzo se comunicó al Post para detallar que "este caluroso sábado 28 de enero, a las 10.20 tuve que detenerme a 2,3 km del centro fronterizo. Hasta el ingreso al playón tarde 3 horas, donde se podían ver rostros de fastidio, quejas de todo tipo acompañadas por constantes e inútiles bocinazos. Esto sucedía entre charlas de conductores desconocidos que solo hablaban de los precios accesibles del vecino país, porque allí las cosas simplemente funcionan y del porqué cuando cruzamos la frontera somos capaces de comportarnos civilizadamente y respetar las leyes", comenzó relatando el procurador ajunto.

Ver: Hasta 7 horas de demora para volver de Chile

Con esas oraciones puso en contacto la situación para luego contar: "Cuando siento que por fin estoy próximo a la cabina para comenzar los trámites que saben casi a libertad, observo que, en sentido de marcha se numeran extrañamente con 1, 2, 4 y 3 como una postal más de una burocracia absurda y sin sentido.Todo marcha bien. El señor de la oficina 3 retiene mi control de barrera. Convencido de que lo ha hecho involuntariamente, se lo requiero. Con total convicción, y como si supiera de que se trata, me afirma que ya no se entrega más y que todo queda allí. Mientras el agente de aduanas revisa, más bien simula hacerlo en los pocos elementos que hay en el equipaje, pero no repara en el estuche de una guitarrra que he comprado y sin siquiera abrirlo para comprobar la veracidad de su contenido, ni de su real valor, centra su atención en una juguera, una plancha y una pava eléctrica. Se trata de objetos que se consiguen a precios sumamente convenientes en cualquier supermercado del vecino país, de esas marcas que nosotros no tenemos porque no la fabricamos, no las importamos, no podemos acceder a ellas de la misma manera que no podemos acceder a otro montón de cosas y que solo las vemos fuera de nuestro territorio. En esto si se detiene. Allí si vemos como se protege nuestra industria nacional de estafas en relación calidad, variedad y precios. Ahora sí controla minuciosamente el valor de los tickets", ironizó Guzzo.

Lo peor estaba por llegar y el funcionario no lo sabía. Fueron minutos duros, como lo sería para cualquier padre, ver a su hijo desmayarse por estar tanto tiempo en altura. 

Guzzo continuó con su relato que parecía en principio optimista al decir que "cuando veo la luz al fin del cobertizo y huelo el aire puro de la libertad, mi hijo (de 15 años) sufre un desmayo producto de 6 horas de espera sin agua en los baños, que las mujeres han decidido compartir con los varones", explicó. De inmediato, llevó a su hijo "a una enfermería colapsada. Lo revisan y tiene solo 7 de presión. Necesitan colocarle dos sueros, lo que lleva 2 horas más. En ese tiempo escucho la conversación del médico, el doctor Céspedes, sumamente atento y capaz, con tres oficiales mujeres del escuadrón de Compañía de Cazadores (Ejército Argentino). Recuerdo que una de ellas, de apellido Martínez, hablando de las falencias: falta de médicos, de ambulancias, de insumos. Esto no es otra cosa que lo que refleja la precaria enfermería y no puedo de dejar de decirles que es realmente lamentable ver en las condiciones en que trabajan", se quejó el segundo de la Procuración al escuchar que quienes trabajan allí también manifiestan su descontento.

Al hijo de Guzzo lo llevaron "a una enfermería colapsada. Tiene solo 7 de presión, necesitan colocarle dos sueros, lo que lleva 2 horas más. Cuando el médico me indica que ya su presión es de 10, me sugiere que baje lo antes posible porque la pérdida de altura le ayudará a compensarlo. Emprendo la fuga a las 18. A a poco andar, frente al Escuadrón Cazadores, me piden el control de barrera que me habían asegurado en tres oportunidades y casi con molestia me dicen que no debía conservarlo yo. Doy cuento de ello al suboficial de Gendarmería quien se limita a señalar que no es su problema, que he sido mal informado y que regrese", contó el funcionario.

Para ese momento, no lo sabemos pero su relato tiene implícito, la paciencia debe haber estado casi a full. Además, es importante aclarar que no sacó chapa de quién era frente a las personas que, al parecer, no hacían bien su trabajo.

Cuando el gendarme le dijo que debía regresar, Guzzo relató: "Le exhibo el estado de salud de mi hijo, sus dos brazos con gasas y cintas por los sueros que le han aplicado. El uniformado se mantiene impávido y burlón. Desciendo de la camioneta y pido hablar con su superior. Un segundo comandante que sin escuchar lo que le digo, frente a todos los demás viajeros, me dice que si no cumplo la orden me arresta por desobediencia. Amaga con sacar las esposas, hasta que producto de la intervención de personas a las que ni siquiera conozco interceden, simplemente para que escuche y vea la realidad de la situación. Recién ahí, y luego de varios minutos de prepotencia, me dice, como si fuera una novedad, que si estaba con un enfermo podía seguir, luego de los 25 minutos en que solo intenté que entendieraeso era", se quejó el procurador ajunto.

Guzzo llegó a su casa alrededor de las 20 del sábado. Pero al acostarse esa noche se puso a pensar, a reflexionar. Y dejó estas consideraciones: "Cuando intento dormirme no puedo dejar de pensar en tantas falencias, en tanta falta de capacitación de una burocracia absurda donde nos demoran horas para no hacer su trabajo como corresponde. Pienso en aquellos en que intentan hacer bien su trabajo pese a no tener prácticamente con qué; en que hay eficiencia en un papel que no hace a la seguridad y en la protección de la economía. Recuerdo que nunca me topé con un control policial, que nunca nadie requirió mi seguro obligatorio, que jamás pidieron la documentación de mi vehículo, de mi carnet de conductor... Antes de dormirme he encontrado muchas explicaciones de por qué somos una sociedad, un país y un estado imposibilitados de crecer, no tenemos objetivos claros y no sabemos lo que hacemos ni porqué".