La otra grieta: El carnaval de los desesperados no podía terminar de otra manera - Mendoza Post
Post: Editorial PostMiércoles 18 Feb 2015Miércoles, 18/02/15 atrás

Había que ver el entusiasmo que le ponían en recargar los baldes y empapar a cualquiera que acertara a pasarles cerca, con el agua mugrienta a más no poder. Muchos de ellos no deben tener idea del debate que estruja hoy a la otra Argentina, no les interesa el #18F, no saben quién era Nisman, y posiblemente tampoco conozcan a Paco Pérez o a Alfredo Cornejo. Pero sí saben de las ganas de salir a “chayar”, a empapar a todo tipo de persona sin distinción de momento, lugar, edad, sexo o condición de salud. A pleno baldazo de mugre, “festejando” el Carnaval, la fiesta de dos días gratuitos y sin trabajar que este gobierno dejó por herencia en estas fechas. Muchos de ellos no tienen un trabajo en blanco ni estable, así que poca debe ser la diferencia entre feriados cortos o largos. Seguro no son los que colapsan las rutas y las aduanas en estos días.

Debe de haber sido grandioso, para ellos, terminar la noche meta balazo y piedrazo con “la yuta”, con “los ratis de mierda” que metieron presos a los que pudieron, haciendo colapsar las comisarías del centro de Mendoza. Fue una noche de orgullo y aguante para los marginados de la educación, la cultura, el trabajo. 

Los jóvenes de la década perdida de la educación, que se acostumbraron a no trabajar, a no esforzarse, a no aprender, porque total es lo mismo. Igual van a tener una vida de privaciones.

Era doloroso anoche ver en la Plaza Independencia a muchachones de más de 24 ó 25 años en bermudas y zapatillas, correteando a las chicas que esperaban un colectivo para volver a su casa, o que llegaban al centro para trabajar. En esa guerra particular de baldazos de agua sucia, cobraron automovilistas, motociclistas, peatones, turistas y mendocinos. A muchos de ellos, algunos chorros les robaron o les rompieron cosas.

La "yuta"

Fue el carnaval de la bronca y el resentimiento que se estaba amasando desde el domingo, por lo menos. Fue el carnaval de la grieta que se mostró con brutalidad anoche en Mendoza. La fiesta de la enorme, casi insalvable Grieta entre los marginados y la clase media. Entre los que quizá puedan conseguir los mejores trabajos, las mejores oportunidades, y los que no.

Vivimos un fin de ciclo por lo que ponerse a echar culpas ahora no tiene mucho sentido. 

Menem, la Alianza y los Kirchner, al menos, deberían dar cuenta de este desastre. Sí hay que decir que el próximo gobierno, y los dos o tres que le seguirán, deberán hacer una revuelta educativa de proporciones bíblicas en la Argentina. Para darles a los hijos de estos pibes pobres las oportunidades que ellos no pudieron tener porque los marginaron, los clientelizaron para hacer política berreta de cualquier partido, para el “choreo”, para el trabajo indigno y en negro, para el “aguante” de cualquier cosa. Los condenaron a ser los que en el carnaval cargan los baldes de agua sucia para después apedrearse con la policía.

Seguro que estuvo bueno y que lo disfrutaron. Para mostrarnos a todos, con brutalidad, de qué son capaces los pibes pobres, los que tienen bronca por estar como están. Los que están enojados porque les tocó la peor parte, la que nadie quiere. La del otro país, que no sabe del 18F, ni le importa.

No saben quién fue Nisman.

Y a la mayoría no les interesa quienes son Paco Pérez o Alfredo Cornejo o tantos más. ¿Quiénes son?

Así de dividida está la Argentina de hoy. El carnaval mendocino mostró anoche la otra grieta con transparencia, y baldazos de agua sucia.