¿Y si Nisman tenía razón? (parte II) - Mendoza Post
Lunes 16 Feb 2015Lunes, 16/02/15 atrás
porErnesto Tenembaum
Periodista

El escrito de 60 páginas que acaba de presentar el fiscal Gerardo Pollicita para fundamentar que se debe iniciar una causa por presunto encubrimiento contra la presidenta Cristina Fernández y el canciller Héctor Timerman no es un mero acto burocrático, no se limita a dar curso a una denuncia de manera exclusivamente formal. Al contrario, constituye una pieza importante que se introduce de manera muy molesta en el discurso cerrado del oficialismo según el cual la denuncia de Nisman es un "mamotreto", o es endeble, o no tiene pruebas, o fue redactada por algún poder oscuro que le ordenó volver al país de urgencia para estampar su firma, o "no puede haber sido escrita por ningún fiscal". En principio, con la sola presentación, Pollicita sostiene que el último trabajo del fallecido fiscal tiene elementos que lo sostienen, o sea, no es una verdad revelada su supuesta inconsistencia. Pero va mucho más allá.

El argumento central de las dos acusaciones --la de Nisman y, ahora, la de Pollicita-- sostiene que el Memorándum de Entendimiento entre la Argentina e Irán consistió en el restablecimiento de relaciones diplomáticas, a cambio de otorgarle impunidad a los principales acusados por el atentado terrorista contra la AMIA. Esa impunidad se materializaría cuando Interpol levantara las alertas rojas que impedían a cinco de los imputados viajar fuera de su país. Ese tema es central. Un Gobierno tiene el derecho de realizar acuerdos diplomáticos. Pero si en ese acuerdo se incluye un delito --en este caso, el encubrimiento de un grave crimen-- la Justicia puede actuar. El Gobierno ha respondido que no hubo ninguna intención de levantar esas alertas rojas y, de hecho, que eso no se produjo, por lo tanto la teoría del fiscal se caería por su propio peso. Ese argumento no necesariamente es terminante: que un objetivo no se consiga no quiere decir que no se lo haya buscado. Entonces, la pregunta es: ¿se buscó con ese Memorándum que se levantaran las alertas rojas o no?, ¿hay indicios suficientes para llamar a los imputados y a testigos a declarar por ese tema?

El fiscal Gerardo Pollicita.

Pollicita enumera algunos de los datos centrales de la denuncia de Nisman que fueron meticulosamente ignorados por los voceros del oficialismo que intentaron desestimarla.

Vale la pena repetirlos de la manera más didáctica posible:

1) 

En el punto VII del Memorándum se especifica que las partes deben informar a Interpol sobre el mismo.  ¿Que tiene que hacer la palabra Interpol en un texto donde, según el Gobierno, no se negociaba nada que tuviera que ver con ese organismo? La relación que unía a la AMIA, la Argentina e Irán con Interpol tenía como asunto central las benditas alertas rojas. Pero, según el Gobierno, esas alertas rojas no formaron parte de ninguna negociación. ¿Que hacía allí entonces el curioso punto VII? ¿En motivo de qué aparece? ¿Quién lo pidió? ¿Argentina? ¿Irán? ¿No sería interesante para un juez hurgar en los archivos secretos de Cancillería para ver de qué trató el intercambio secreto? ¿Existen esos archivos?

2) 

Unos días después que el Parlamento argentino aprobara el memorándum --aun luego de que la comunidad judía y dos de las cuatro agrupaciones de familiares lo denunciaran--, Interpol anunció que no levantaría las alertas rojas. La reacción de la Cancillería iraní fue categórica y pública. Akbar Salehi, el canciller, sostuvo que la aprobación del Memorándum incluía la eliminación de las alertas rojas. ¿Deliraba el canciller iraní? ¿Incorporaba de esa manera un elemento extraño del que nunca había hablado con el gobierno argentino? ¿Era un pícaro? Si hizo eso, ¿cómo es que nadie del Gobierno argentino desautorizó lo que, de ser cierta la versión que dan ahora, era un disparate, una falta de códigos, una barbaridad?

3) 

El día que Timerman y Salehi firmaron el memorándum, la interpretación de la agencia de noticias iraní fue muy categórica. El cable de Irna fue titulado: "Memorándum de entendimiento entre la Argentina e Irán: Gran éxito diplomático". En ese cable se cita al experto iraní en derecho internacional, Mohammad Hossein Mahdavi, quien sostiene que "el propósito del artículo [punto 7 del memorando], en realidad, era que las dos partes conjuntamente señalaban a INTERPOL que la diferencia entre las dos partes por el caso AMIA, y que motivó que algunas personas aparezcan en la lista de alerta roja de esta organización, se había resuelto a través de la cooperación mutua, y por lo tanto, la INTERPOL podía anular esta lista".

4) 

El memorándum especifica que la Comisión de la Verdad --que se iba a conformar como consecuencia de las negociaciones entre dirigentes del país que fue víctima del atentado y del que, según las investigaciones judiciales, protegía a los supuestos terroristas-- tendría la facultad de interrogar a los acusados. Sin embargo, no incluye en esa disposición a todos los acusados sino solo a algunos: casualmente, solo a los que están perjudicados por la alerta roja. Dicho de otro modo, el elemento que definió si iban a ser interrogados o no, era si pesaba sobre ellos la captura internacional de Interpol. Si el asunto de las alertas rojas no formaba parte de la negociación, ¿qué rol jugó en esa disposición? ¿por qué se dejó afuera a los que no tenían pedido de captura de Interpol? ¿Cual fue la lógica? Para Nisman, la respuesta era clara: se trataba de un artilugio en base al cual se lograría que dejaran de ser perseguidos. A los otros no se los citaba, porque no pesaba sobre ellos ningún pedido de captura internacional. Esto es: si se hubiera buscado la Justicia, se debía citar a todos; si el intento era influir sobre las alertas rojas, era suficiente con citar a los afectados por ellas.

Timerman y Cristina, al frente del acuerdo con Irán.

5) 

En todos sus comunicados, Irán fue muy claro. El acuerdo se hacía para desarticular las acusaciones que pesaban sobre sus dirigentes. Hay un momento de la narración de Pollicita que es particularmente ilustrativo. El 16 de julio de 2011, en la víspera del 17 aniversario de la voladura de la AMIA, la cancillería iraní emitió un comunicado en la cual manifestó estar dispuesta a "un diálogo constructivo" y "a cooperar con el gobierno argentino para que se haga toda la luz en el marco de la ley y el respeto mutuo, para ayudar a evitar que la investigación judicial continúe por un camino errado". El Gobierno argentino respondió sin hacer ninguna alusión a la crítica iraní a la Justicia argentina. Simplemente, hizo saber que tomaba nota del ofrecimiento y esperaban la comunicación oficial. Hasta ese momento, durante largos años, el gobierno argentino se había negado sistemáticamente a la propuesta iraní que, desde el principio, siempre fue la misma: restablecer relaciones a cambio de terminar con las acusaciones.

6)

Los tiempos que se le concedieron a la Comisión de la Verdad en el memorándum son tan absurdos que solo un esforzado oficialista puede concluir que esa herramienta era para buscar alguna verdad y no para dar esa impresión mientras se negociaban otras cosas.

"Es tan claro que se torna ridículo sostener que eso no formó parte ni tuvo incidencia en el acuerdo final" 

Si uno lee el recorrido iraní en toda la negociación, es siempre coherente. Pide, en todos los casos, que se levanten las acusaciones y los pedidos de captura sobre sus dirigentes. Es tan claro que se torna ridículo sostener que eso no formó parte ni tuvo incidencia en el acuerdo final: Irán lo firmaba justamente para eso y lo decía en público. El recorrido argentino es más tortuoso. Primero exige que Irán entregue a los acusados para ser juzgados. Luego ofrece un juicio ante un tribunal de un tercer país. Después acepta la extravagante Comisión por la Verdad. En el medio, firma un memorándum donde aparecen indicios muy inquietantes sobre los beneficios que recibirían los prófugos iraníes. Y, cuando se aprueba el tratado en el Parlamento, el canciller Héctor Timerman le escribe a Interpol que no se deben levantar las alertas rojas, salvo que el juez Canicoba Corral lo pida. Es el mismo juez que acaba de desestimar la investigación de Nisman.

Esa intervención de Timerman es el argumento central que agita el gobierno y sus voceros periodísticos para explicar que no se buscaba la impunidad. Para el Gobierno eso demuestra categóricamente, contra toda la otra evidencia, que no había intención de levantar las alertas rojas. ¿Habrá sido así? ¿El Gobierno no aceptó nunca que se levantaran las alertas rojas? ¿Lo aceptó y, ante el debate que se generó en el país, decidió hacer una contramarcha? ¿Por qué, luego de todo eso, Cristina ya no acusa a Irán en la ONU por proteger prófugos, como lo hacía antes del acuerdo?

Si la causa prospera, los jueces obtendrán conclusiones que pueden o no ser parecidas a las del fiscal. Lo que está claro es que las sospechas de Nisman se apoyaban en algo más que su presunta arbitrariedad y por eso es llamativo que todos estos elementos no estén incluidos en las repetidas declaraciones de personas inteligentes y formadas como León Arslanián, o Eugenio Zaffaroni o Julio Maier. En las semanas posteriores a la muerte de Nisman, además, Horacio Verbitsky dedicó cuatro páginas a contestarle al fiscal o a tergiversar la presentación de Pollicita, cuyo elemento central es la convicción de que la causa debe avanzar. Solo un contorsionista de su nivel, puede escribir eso  ignorando, ni siquiera para contestar, todos los elementos contenidos en la denuncia que abren preguntas serias sobre qué fue ese memorándum, tan claro para los iraníes, y de explicaciones tan intrincadas por parte del gobierno argentino.

Página 12, el diario oficialista que ya había llamado "servicio" a Nisman antes de morir, tituló, sobre Pollicita: "Otro fiscal de servicio". O sea, en un solo título, volvió a insultar al fiscal fallecido e inauguró los insultos contra quien lo respaldó. El jefe de Gabinete que rompe diarios lo acusó de golpista, como antes lo acusaban a Nisman. Por segunda vez en pocos días, la Presidente habló de "nosotros" y "ellos". "A ellos le dejamos el silencio, la infamia y el odio".

Cuando alguna gente se pone nerviosa, pierde la elegancia.