Femicidios en Argentina: cuál es el origen del mal - Mendoza Post
Por: Mendoza PostJueves 20 Oct 2016

Isaac Asimov solía decir que “la violencia es el último recurso del incompetente”. Ciertamente, lo hacía en una época en la cual los femicidios aún no eran moneda corriente. Ni siquiera formaban parte de una problemática que preocupara mínimamente a la sociedad.

Después de la masiva manifestación que se motorizó ayer bajo la persistente consigna de #NiUnaMenos, el dogma del fenomenal escritor estadounidense parece cobrar algún sentido.

Las definiciones están claras, incluso se ha podido mensurar cuáles son las escalofriantes cifras que se esconden detrás de la violencia contra las mujeres. Sin embargo, no hay manera de explicar por qué sigue creciendo el fenómeno y menos aún cuál es la manera de detenerlo.

En Mendoza, la marcha fue masiva

¿Cuántas marchas más harán falta para terminar con los femicidios? ¿Sirven acaso las manifestaciones públicas? ¿De qué manera son útiles, si es que lo son?

A esas preguntas, se suman otros interrogantes un poco más filosóficos: ¿Por qué hay países donde casi no existen crímenes contra las mujeres? Y la gran duda: ¿Existen naciones donde no haya femicidios?

Ver además: Las dos marchas por #NiUnaMenos

La respuesta sorprenderá a más de uno: efectivamente, hay cinco países donde no hay crímenes contra las mujeres. Se trata de: Mónaco, Malta, Liechtenstein, Islandia y Andorra. Son los únicos en todo el Mundo.

Lo curioso es que no existe razón científica que explique el motivo por el cual en esos sitios no hay femicidios. El tercer Informe Internacional Violencia contra la mujer en las relaciones de pareja analizó lo que ocurre en esas naciones y concluyó que no hay diferencia cultural o biológica que explique porqué allí hay ausencia de violencia de género.

Ni una menos

El mismo documento, que surge del Instituto de Estudios sobre Violencia Centro Reina Sofía de la Universidad Internacional Valenciana, advierte que, solo en 2006, fueron asesinadas cuarenta mujeres por millón en todo el continente americano, siendo los países con una mayor prevalencia los centroamericanos y caribeños: El Salvador (129 mujeres por millón), Guatemala (93) y Honduras (45), ocupan los primeros puestos en cuanto a femicidios en general, junto a Colombia, con 50 mujeres por millón.

Qué pasa en Argentina

Solo en el último mes, en nuestro país, fue asesinada una mujer por día, varias de ellas en Mendoza. Ello de acuerdo con el Observatorio de Femicidios, dirigido por la asociación civil La Casa del Encuentro. A su vez, entre el 3 de junio de 2015 y el 31 de mayo último hubo 275 femicidios.

¿Cómo entender semejante escalada en medio de un clamor generalizado para que cese le violencia contra la mujer?

Para entender por qué ocurre lo que ocurre en estos días, debe mencionarse que los derechos de las mujeres han avanzado demasiado lento en los últimos 100 años.

Los derechos civiles de las mujeres en Argentina han sido en reiterados casos históricamente restringidos.

Mujeres de negro

Por caso, en 1924 el legislador radical Leopoldo Bard llevó a la Cámara de Diputados un proyecto de ideas similares a otras que habían sido presentadas en el pasado por el Partido Socialista en materia de derechos civiles para las mujeres.

Allí, en el primer artículo, se declaró abolida la imposibilidad de la mujer casada de poder tener los mismos derechos civiles que su marido. Dos semanas después los socialistas Juan B. Justo y Mario Bravo presentaron una iniciativa bajo el título de «Derechos civiles de la mujer soltera, divorciada o viuda».

Ver además: Paren de matarnos

Al existir dos normas parecidas en circulación, el Congreso creó una Comisión Especial para estudiar ambas legislaciones y presentar un único texto. Así, durante la sesión del 14 de septiembre de 1926, el proyecto resultante de dicha comisión se convirtió en la ley n.° 11.357 conocida como «Ley de ampliación de los derechos de la mujer».

Luego llegó el régimen conservador fraudulento, en el contexto de lo que se denominó “la década infame” y el voto femenino terminó siendo postergado hasta 1947.

"Nos queremos vivas"

Finalmente, la igualdad política de hombres y mujeres, se complementó con la igualdad jurídica de los cónyuges y la patria potestad compartida que garantizó el artículo 37 (II.1) de la Constitución de 1949.

En 1955 la Constitución fue derogada por la autodenominada Revolución Libertadora, y con ella se anuló la garantía de igualdad jurídica entre el hombre y la mujer en el matrimonio y frente a la patria potestad, reapareciendo la prioridad del hombre sobre la mujer.

Recién en las últimas dos décadas el sexo femenino empezó a ser igualado con el masculino, a fuerza de iniciativas de organizaciones civiles y “colectivos” ad hoc. ¿No es demasiado reciente todo?

Lo antedicho pone contexto a la violencia que se ejerce sobre la mujer: no se trata solo de la fuerza física, sino del dominio a través de otras herramientas, algunas de ellas “legales”.

La lluvia no detuvo el reclamo

Estadísticas truncas

¿En qué lugar del ránking se encuentra la Argentina en cuestión de femicidios respecto de lo que ocurre en el mundo? Aunque parezca insólito, ello no se sabe con exactitud.

Hoy no existe un ente oficial que elabore estadísticas sobre el tema y nuestro país no aparece en el informe que presentó Naciones Unidas en 2015 sobre la situación de la mujer en el mundo.

Los datos que hay son los mencionados, que elabora La Casa del Encuentro: como se dijo, una mujer es asesinada cada treinta horas, y corre más peligro de muerte en su propia casa (en convivencia con su pareja, marido o novio) que en plena calle.

Basta de violencia, en general

A su vez, el mismo organismo advierte que en 2014 los femicidios aumentaron en un 14% con respecto al año anterior, con edades que oscilan entre los 19 y los 50 años.

Finalmente, baste mencionar que desde 2008 resultaron asesinadas 2.098 mujeres por violencia de género y que solo en 2014 hubo 200 niños perdieron a su madre.

Como se señaló al comienzo de esta nota “la violencia es el último recurso del incompetente”. Lo dijo Isaac Asimov, claro.