Tres explicaciones posibles para los avistamientos de ovnis - Mendoza Post
Por: Mendoza PostDomingo 25 Sep 2016

El avistamiento de ovnis (objeto volador no identificado) comenzó en todo el mundo a partir de los años 50, con filmaciones que provocaron grandes debates y polémicas en cuanto a su autenticidad.

Muy a pesar de los ufólogos e investigadores paranormales, la información reunida y analizada por la ciencia revela que no hay tecnologías alienígenas ni visitas extraterrestres implicadas en estos episodios. 

El sitio Muy Intersante recopiló de esta manera tres posibles explicaciones científicas a los supuestos "encuentros" con ovnis:

Satélites, aviones o globos meteorológicos

Hace unas décadas, las Fuerzas Aéreas Estadounidenses llevaron a cabo un estudio (llamado Proyecto Libro Azul) de 12.000 supuestos avistamientos de ovnis acontecidos entre 1948 y 1969. 

El caso de Roswell en 1947, el más famoso.

Y demostraron que al menos 11.917 o bien estaban asociados a una malinterpretación de satélites, aviones convencionales globos meteorológicos y fenómenos naturales diversos, o bien eran fraudes.

Sprites

En 2009, Colin Price y sus colegas del Departamento de Geofísica y Ciencias Planetarias de la Universidad de Tel Aviv propusieron que muchos de los avistamientos de ovnis serían, en realidad, la percepción de un fenómeno natural, los "sprites", que consiste en destellos fugaces e intensos situados por encima de las tormentas, a una distancia de entre 50 y 120 kilómetros del suelo. 

A la izquierda, un "sprite" en el cielo.

Se producen cuando los rayos de una tormenta excitan el campo eléctrico situado por encima, generando un destello que parece bailar en el cielo y que puede ser fácilmente malinterpretado. 

Hologramas

En 1997, el ingeniero alemán Theo Diedrich, del Laboratorio para Técnicas de Alta Temperatura, sugirió que los objetos volantes no identificados no son otra cosa que ilusiones ópticas similares a hologramas creados por los rayos solares. 

La teoría del holograma está bastante difundida.

Una parte de la luz que incide en la superficie terrestre es reflejada hacia la capa más alta de la atmósfera, para rebotar de nuevo hacia la Tierra, y la misma suerte corren otros rayos que son reflejados antes de alcanzar la superficie. Si, en su zigzagueante trayectoria, ambos rayos polarizados se encuentran en un punto del cielo nocturno, se origina una imagen tridimensional que, debido a la rotación terrestre, pasa veloz ante los ojos de un observador.