Lucas Carrasco para el Post: Las denuncias judiciales siguen ahí - Mendoza Post
Martes 3 Feb 2015Martes, 03/02/15 atrás
porLucas Carrasco
Periodista

 Hacerle caso a los discursos de políticos mediocres, como Cristina Fernández, Carlos Menem o Fernando De La Rúa, no tiene mayor sentido; sobre todo en sus etapas desgraciadas, cuando ven que su destino de grandeza terminará recorriendo tribunales sintiendo en la nuca el desprecio popular hasta que tengan la aliviadora suerte de ser olvidados.

Todo lo que en sus épocas de esplendor, jamás se atrevieron a considerar. Siquiera como una opción. Menos aún como algo previsible. Ni que hablar como algo inexorable. Después de todo, solo administran los dineros públicos, nadie les pidió que nos enseñen a sentir, a aplaudir (a ellos), a qué comprar, qué decir, qué callar. Menos aún, que nos enseñen a hacer periodismo. Pero bueno, es lo de menos.

El punto es que no hay que tomarlos en serio, como a esos alcahuetes que le cantaban el guionado pedido de reelección mientras la principal empleada pública del país se defendía de la sospecha de haber tenido algo que ver con el asesinato del fiscal que la acusó de encubrir el más mortífero atentado terrorista ocurrido en toda la historia de nuestro país. 

Durante la última cadena nacional, la militancia pidió la reelección de CFK.

Asesinato que, recordemos, por la incompetencia (en todo sentido) judicial, está beneficiando a la imputada Cristina Fernández de Kirchner en el único terreno que le preocupa a la abogada exitosa, y es el judicial. De lo demás, fuera de lo jurídico, está bastante en duda que entienda: sea comunicación, economía, sociología, arquitectura egipcia o florería china, por nombrar disciplinas que le encanta presumir. 

Siempre hay que mirar un poco más allá.

La teoría de que los BIRCS (Brasil, India, Rusia, China y Sudáfrica) controlarían la economía mundial, con sus altas tasas de corrupción y autoritarismo, desigualdad brutal, violencia incalculable y desidia por los derechos humanos, tuvo su auge durante lo que en argentina coincidió con el menemismo. Mientras se caía el Muro de Berlín, Estados Unidos proclamaba el fin de la historia, se reconfiguraban las instituciones multilaterales y empezaba a crujir el Estado de Bienestar a la europea, por la híper explotación asiática y por el desinterés de Estados Unidos en contener el crecimiento soviético en Europa del Este.

Esa teoría de los BIRCS, con apéndice en el entusiasmo por los Tigres Asiáticos o los populismos latinoamericanos (Menem, Color de Melo, Salinas de Gortari, Fujimori, Abdalá Bucarám; entre otros próceres) y los derechos humanos a escala universal; fue leída de otra manera en estas pampas pasionales.

El asesinato de Nisman beneficia a CFK en el plano judicial.

Argentina hacía creer que estaba subordinada a los intereses de Estados Unidos, la potencia ganadora de ese escenario, mientras la mayoría de las empresas estratégicas del Estado se privatizaban a manos europeas, preferiblemente a la periferia de la emergente Unión Europea, Europa, Italia.

Así, Argentina liquidaba su Estado de Bienestar -modelo Perón- para sostener los restos del Plan Marshall en el viejo continente. Fue apenas una postergación: subieron los productos primarios que exporta el tercer mundo y la crisis, conjurada con otros factores, estalló inevitablemente sincerando la alemania/dependencia.

"El progresismo de Puerto Madero vive un antimperialismo testimonial"

Durante este menemismo 2.0 que es el cristinismo, pasa al revés. Con su delirio verbal, el progresismo de Puerto Madero vive un antimperialismo testimonial mientras le quita a Europa empresas para dárselas a los Estados Unidos. El caso de la Ley de Medios es el más notorio: se armó el monopolio más grande de la historia argentina, Telefónica, hoy controlado por...un Fondo Buitre. David Martínez se llama y como adula a la viuda de Néstor Kirchner, ésta le vende a precio regalado todo lo ajeno que tenga a mano. Martínez es un patriota al igual que Carlos Slim y Soros: todos rinden pleitesía al Departamento de Estado de los Estados Unidos. "Los americanos aman el modelo nacional y popular" me dijo una vez una actriz que solía llorar cuando hablaba Cristina, solo si estaba en primera fila. Por "americano" ni siquiera se refería a la provincia federal donde cuyltivar el suelo es servir la Nación, Chicago, sino apenas a Miami, donde se pueden comer los mejores bifes argentinos. Y no llegan fríos, eh.

El subimperialismo chino -para usar terminología de marxista cuadrado, que tan de moda está entre los ricos convenientemente nacionales y populares- es el principal sostén de la ultradeficitaria economía estadounidense. En nombre de un infantil y poco creíble antiperialismo onda Míster Timerman, va la plana mayor del gobierno National and Town; reee democratizador de todos y todas; a elogiar los sistemas florales de la dictadura más grande del mundo, el capitalismo más sanguinario dentro del capitalismo más atróz, que es el Chino, quien controla el sistema asiático, respectivamente. Esta dictadura la comanda el Partido Comunista.

Es decir, no es una novedad local el doble discurso. Está bastante extendido. Incluso, el único gesto Nacional y Popular de Cristina Fernández fue no utilizar la silla de ruedas importada, para ir corriendo a abrazarse al prestamista chino para una represa que harán sus supuestos testaferros de Electroingeniería con un crédito que pagará el próximo gobierno dado que éste gobierno es el del desendeudamiento. Son un amor, sinceramente.

Si bien las relaciones con Venezuela (que acaba de dar un giro tan drástico a la derecha en materia económica, que si Maduro no fuera un hazmereír mundial, sería comparado con Frondizi o Menem por aquí) Irán, Angola, Rusia y China han servido para reprimarizar la economía argentina, voltear la salud de los saldos positivos externos y destruir la moneda y la producción, nótese que a medida que estas tendencias se desarrollaban, se profundizaba el delirio místico que habla de industria, desarrollo científico, distribución del ingreso y crecimiento de Argentina en el mundo.

Eso sí, los baluartes estratégicos de la economía argentina, siguen en manos de empresas yanquis. Todo el sistema energético, basta de ejemplo.

Un chiste entonces los discursos industriales de los administradores principales del presupuesto de todos. Más en boca de una presidente multimillonaria gracias a hoteles vacíos, empresas financieras truchas, maquinitas tragamonedas en las zonas más pobres del conurbano y esa usurería inmobiliaria que requiere una profunda insensibilidad social; además de la privatización de la emisión y la compra de la imprenta adjudicataria, la evasión y el lavado. Todas cosas que, parafraseando a Augusto Monterroso, "cuando Nisman no despertó, todas las denuncias judiciales seguían ahí".