Así es el negocio de la quiniela ilegal en Mendoza, parte 2 - Mendoza Post
Miércoles 28 Ene 2015
porChristian Sanz
Secretario Gral. de Redacción (click en autor)

“La quiniela mueve unos 70 millones de pesos al mes; la clandestina mueve casi lo mismo”, me admitió Carlos Bianchinelli, titular del Instituto Provincial de Juegos y Casinos (IPJyC) cuando empecé a investigar el tema del juego ilegal.

“¿Por qué no se los combate de una vez y por todas? ¿Por qué se tolera su existencia?”, le pregunté entonces, con la puerilidad de quien desconoce el tema en profundidad.

La respuesta del funcionario no careció de resignación: “Es muy jodido detectarlos por los sistemas que tienen; pueden moverse de un lugar a otro con rapidez”.

Eso que parece tan complicado de divisar y combatir es un negocio millonario, que cada mañana se nutre de cientos y cientos de “levantadores de quiniela” que caminan las fatigosas calles mendocinas.

Ciertamente, no hay mayores precisiones, solo aproximaciones poco fidedignas. “No hay datos concretos, por lo menos a nosotros nunca nos llegaron desde el instituto de Juegos y Casinos. Y sin números no se puede medir el problema”, me advirtió Gustavo Valls, presidente de la Comisión de Seguimiento de Políticas de Juego del Senado.

Gustavo Valls admite que no hay números certeros y exactos que permitan medir el impacto del juego ilegal

Así y todo, queda claro que el negocio es súper redituable: “Si hipotéticamente yo quisiera meterme en el negocio quinielero, ¿me conviene la oficial o la clandestina?”, le pregunté a Jorge Lombardo, presidente de la Asociación Mendocina de Agentes de Juegos Oficializados.

Con gesto adusto, no dudó en responder: “Siempre te conviene la clandestina. El Instituto les da a los agencieros 18 por ciento de lo que recaudan, pero tienen que pagar 7 por ciento de ingresos brutos, entonces ese 18 en realidad queda casi en 17 por ciento. El quinielero ilegal se queda con un 20 por ciento que no tiene deducción alguna”.

La estructura del juego ilícito en Mendoza es bastante sencilla: en el tope están los que manejan los millonarios fondos, los “banqueros” —según la leyenda urbana, protegidos por ciertos sectores políticos y policiales—, luego vienen los levantadores de apuestas y finalmente aparecen los que cargan los datos en ocultas computadoras.

Los levantadores de apuestas se mueven como peces en el agua en las galerías del centro mendocino

Dos semanas de investigación y rastreo, sumado al aporte de media docena de generosas fuentes de información, me permitió palpar de cerca el fenómeno, desde el comienzo hasta el final.

Fui testigo directo de cómo los levantadores de quiniela clandestina caminan la Av. San Martín y su periferia, con la tranquilidad que les da la impunidad. Es imposible que los “legales” puedan competir con ellos: ¿Cómo hacerlo si ejecutan un servicio casi de delivery, lo cual no pueden hacer los agencieros lícitos?

Luego, ese “ejército” de acopiadores de apuestas se dirige a sus guaridas a efectos de centralizar la información en formato digital.

No se trata de lugares desconocidos ni mucho menos: todo el mundo sabe dónde están ubicados, son ostentosos y jamás escondidos en barrios periféricos.

El más importante de Maipú está a pocas cuadras de la Municipalidad; lo mismo ocurre en Las Heras, donde medio centenar de personas ingresan cada día a un imponente inmueble ubicado en la calle Capitán de Fragata Moyano.

En la Ciudad de Mendoza es más sorprendente aún la ubicación de la central: se encuentra en pleno centro, en donde supo funcionar un importante banco.

La quiniela clandestina mueve casi la misma cantidad de dinero que la oficial

No es una leyenda urbana, yo mismo pude ver —no sin asombro— cómo una legión interminable de jóvenes cargaban datos en computadoras último modelo. La escena parecía sacada de la película Wall Street, la única diferencia es que aquí no se comercializaban acciones de empresas, sino que se cargaban apuestas ilícitas.

“Si yo pude encontrar lugares donde se centraliza la quiniela clandestina, ¿por qué el Estado no puede hacer lo mismo?”, le pregunté al ya mencionado Lombardo.

Su respuesta no me tranquilizó en absoluto: “Tenés toda la razón, yo pienso igual que vos. Todos sospechamos quiénes son los que están en la joda”.

A ese respecto, el senador del PRO Gustavo Cairo, también miembro de la Comisión de Seguimiento de Políticas de Juego del Senado, me confesó que las atribuciones para avanzar con el juego ilegal son del IPJyC.

Gustavo Cairo admite que solo el IPJyC puede avanzar contra el juego ilícito

Sin embargo, cuando le pregunté a Bianchinelli me contó que no era tan sencillo: “No podemos atraparlos cuando venden porque son terceros, son personas comunes. Nosotros queremos llegar hasta los banqueros”.

Posiblemente no esté equivocado el funcionario, pero ¿no sería más conveniente seguir el rastro del más débil para llegar al más poderoso? ¿Por qué no intentar llegar hasta el banquero a través del humilde levantador de apuestas?

Por ahora, son preguntas que nadie ha podido responder con coherencia y convicción.

Bianchinelli jura que es casi imposible lograr dar con los financistas de la quiniela clandestina

Colofón

El interrogante es tan obvio que da vergüenza ajena: ¿Por qué un periodista en completa soledad pudo desentrañar lo que las autoridades oficiales no pueden?

Ello lleva a otras dudas más voraces: ¿Hay intención de acabar realmente con la quiniela clandestina? ¿A quién beneficia que exista? ¿Existen vínculos políticos que protegen el “negocio” como aseguran algunos de los consultados?

La naturalización del juego ilegal es tan sorprendente como indignante. “Ya está muy extendido; imagínate que un día estaba lavando mi auto y se me acercó una persona para preguntarme si quería jugar a la quiniela”, me contó Valls al finalizar una entrevista por este tema.

Si no fuera tan grave, sería risueño. No obstante, esta realidad debería preocupar a la sociedad mendocina.

Más allá de la ilegalidad descripta en esta nota, hay otros delitos que también se suman, como el lavado de dinero y la evasión impositiva. Se trata de millonadas que, en lugar de llenar las arcas del Estado y/o culminar en obras de bien público, sacian los bolsillos de puntuales inescrupulosos.

No es complicado avanzar contra los quinieleros clandestinos, solo basta voluntad política y coordinación entre diferentes organismos del Estado, como el IPJyC, el Ministerio de Seguridad, la Policía, la Legislatura y la ATM.

Hasta que ello no ocurra, seguirá haciéndose carne la frase de la célebre cantante Joan Baez: "Si no peleas para acabar con la corrupción y la podredumbre, acabarás formando parte de ella".