¿Cómo interpretar los gestos políticos del papa Francisco? - Mendoza Post
Lunes 13 Jun 2016
porGuillermo Villarreal (*)

El papa Francisco se convirtió en un líder global a fuerza de gestos y palabras. Una voz moral que prefiere tender puentes y fomentar la cultura del encuentro, antes que abrir grietas y divisiones. Un referente espiritual que insufló aire fresco en la Iglesia para hacerla más inclusiva, más misericordiosa y más cercana a los descartados del sistema económico mundial.

Sin embargo ese liderazgo sigue sin ser reconocido en la Argentina, donde sus gestos en clave política siguen generando sensaciones contradictorias y ambivalentes entre sus compatriotas, muchos de ellos católicos, que creen que se inmiscuye demasiado en la política doméstica del país.

El pontífice no es profeta en su tierra natal y menos cuando afirma, como lo hizo recientemente ante jueces de todo el mundo, que la Iglesia debe participar en la "alta política", o cuando recibe discrecionalmente a tal o cual funcionario o dirigente argentino.

Por esto Francisco es blanco de críticas a diestra y siniestra en su país. Unos porque perciben cierta distancia con el gobierno de Mauricio Macri, otros porque le reprochan una supuesta cercanía al kirchnerismo o pertenencia a ese peronismo en el que Jorge Bergoglio supo militar en su juventud.

Todos los cuestionan, advirtieron los obispos, por mirar a Francisco como "un actor partidario y no como un pastor universal" o por la pretensión de querer tener a un Papa propio, afín a sus intereses sectoriales y partidarios.

El prolongado silencio del Papa tras la victoria electoral de Cambiemos, el rosario bendecido a la militante social detenida Milagro Sala, la audiencia oficial con Mauricio Macri, considerada "breve" y "fría", no ayudaron a disipar esa idea de preferencia instalada en la sociedad.

Tampoco contribuyeron a diluir esa sensación colectiva los encuentros informales, sonrisa mediante, con miembros de La Cámpora, ex funcionarios kirchneristas como Guillermo Moreno o la presidente de Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini.

En este contexto relacional complejo con las autoridades de la Casa Rosada, muchas veces enrarecido por los interlocutores informales que el Papa tiene en Buenos Aires, una donación de 1,6 millones de pesos que el Gobierno nacional hizo a la red educativa pontificia Scholas Occurrentes puso otro punto de tensión y provocó malestar en el entorno del Papa.

Pese a que el pedido de la donación fue formulado por el director mundial de esa organización educativa promovida por Francisco, José María del Corral, el monto fue considerado "desproporcionado" e "insultante" en un país con 13 millones de personas en situación de pobreza.

Tal fue el malestar que en el entorno del pontífice, que se resolvió devolver el dinero a la administración nacional.

En este contexto, el Papa recibió por estos días en audiencias privadas al presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti y a los jueces federales María Romilda Servini de Cubría y Sebastián Casanello.

Pudo ser una audiencia más de las muchas que el Papa otorga a dirigentes argentinos, pero el encuentro con Casanello llamó particularmente la atención. Es que el magistrado tiene a su cargo causas delicadas como la ruta del dinero k, la investigación por el posible vínculo de Macri en el escándalo por los Panamá Papers y el proceso judicial por la fiesta electrónica Time Warp, con funcionarios del gobierno porteño procesados. Otro dato que abona a la confusión general es que el Papa coincidirá el lunes con la canciller Susana Malcorra en un encuentro del Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas con sede en Roma y a priori no se prevé que haya una audiencia formal entre ambos.

Hechos y protagonistas que provocan perplejidad en Roma y Buenos Aires, donde no pocos siguen sin entender "qué pretende el papa Francisco" y que confirman, de algún modo, que el pontífice es más profeta en tierra ajena que en su propia país natal.

(*) Especial para Mendoza Post