El más preparado para afrontar el año electoral.
Diego Genoud para el Post: Manzano, el juego a tres puntas del primer renovador
José Luis Manzano está preparado como pocos para afrontar el año electoral y el poskirchnerismo.
A los 58 años, el empresario mendocino que fue ministro del Interior de Carlos Menem es uno de los pocos que hoy cultiva un trato directo con la presidenta de la Nación y con el líder del Frente Renovador, Sergio Massa.
“Es única”, suele repetir y le brillan los ojos: se refiere a la política, el terreno en el que aún no deja de moverse.
Manzano es el primer renovador, el que a fines de los años ochenta encarnó junto a Carlos Grosso y otros de su tipo el intento inicial de reinventar el peronismo en busca de recuperar el poder.
Aunque Massa eligió tomar el nombre para el Frente que inauguró en 2013 en la provincia de Buenos Aires, “Chupete” dice que no tuvo ninguna influencia a la hora de formar el espacio que nació para desafiar al gobierno nacional.
El ex ministro abona el sueño presidencial de Massa a una distancia prudencial. Vecino de Tigre sin embargo, no deja de sorprenderse cuando sale almorzar en pareja con el ex intendente y los comensales lo acosan con comentarios y charlas.
El más político de los empresarios se va a casar el 21 de febrero en Tupungato con su pareja Teresa Jordan pero la verdad es que está enamorado de Cristina Fernández de Kirchner.
“Es única”, suele repetir y le brillan los ojos: se refiere a la política, el terreno en el que aún no deja de moverse. La Presidenta alude a él sin nombrarlo cuando evoca, durante sus discursos en Casa Rosada, al jefe de su bancada en el Congreso durante sus primeros años como legisladora.
Socio de Daniel Vila en el Multimedios América y en Supercanal, Manzano admira a Cristina y no tiene empacho en decirlo. Su prédica es tan convincente que hasta el propio Vila –antikirchnerista visceral- se formó una buena opinión de la Presidenta. El ex ministro persuadió a su socio de que la batalla de la viuda de Néstor Kirchner con el Grupo Clarín no tenía retorno, algo que Daniel Scioli comprobó una vez más en los últimos días.
Alejado de cualquier teoría apocalíptica opositora, “Chupete” dejó en claro su optimismo en noviembre pasado durante el seminario organizado por Fundación de Estudios Políticos, Económicos y Sociales para la Nueva Argentina (FEPESNA) en el Hotel Savoy. Allí pronosticó que este año el gobierno cerrará el pleito con los holdouts, que Vaca Muerta continuará avanzando con proyectos de inversión pese a la baja del crudo y que incluso la recesión que lleva más de dos años llegará a su fin antes de que la Presidenta termine su segundo mandato.
Con inversiones en petróleo a través de Andes Energía y con aspiraciones en el negocio del 4G con la compañía Arlink, si no hubiera atravesado el fuego del menemismo algo chamuscado, hoy podría ser considerado simplemente como uno de los empresarios más importantes del país. A mediados de los noventa, su vínculo con el cubano anticastrista Jorge Más Canosa le permitió reciclarse en hombre de negocios.
A través de América, el Grupo Vila-Manzano acompaña a Massa con su ilusión de pelear por el sillón principal de la Casa Rosada y es consultado por el candidato del Frente Renovador en temas puntuales. Pero –a diferencia de su socio- tiene el privilegio de haber recuperado hace algún tiempo el trato directo con la Presidenta y no descarta que Scioli pueda llegar al poder.
“Bicho de poder”
"El radio de acción de 'Chupete' no reconoce límites".
Con el perfil bajo como condición obligatoria, el radio de acción de “Chupete” no reconoce límites. La inteligencia que le atribuyen y los contactos que desplegó adentro y afuera del país derivaron en cucardas que luce con orgullo: tiene el mérito de ser, al mismo tiempo, blanco del periodista Horacio Verbitsky y uno de los empresarios más odiados por el Grupo Clarín. El columnista de Página 12 lo inmortalizó con el título de su libro más taquillero, “Robo para la Corona” y todavía lo señala como una figura influyente en los tribunales federales. Clarín lo tiene entre ceja y ceja y no olvida que una demanda de Supercanal terminó hace no tanto con la Gendarmería en la puerta de Cablevisión.
Sentado en el amplio living del segundo piso, en las oficinas de su consultora “Integra Investment” en el barrio porteño de Palermo, el mendocino le recomienda a la nueva generación de peronistas que no hereden los conflictos políticos y comerciales que tuvieron ellos –una camada de hombres del PJ entre la que incluye a Menem y a los Kirchner- con Clarín. Manzano se lo dice a Massa y también se lo dice a Scioli cada vez que se le presenta la oportunidad. Acostumbrado a no renegar de sus orígenes, el ex motonauta disfruta de escucharlo igual que a Carlos Corach, el otro ministro sobreviviente que Menem designó en la cartera de Interior. Manzano cree que entre Sergio y Daniel está el futuro del peronismo, pero también sostiene sin vueltas que ninguno de los dos puede emular la capacidad política que le atribuye a Cristina Fernández.
"Manzano no descansa nunca y está más en el exterior que en Argentina".
La línea pendular entre gobierno y oposición que predica “Chupete” será palpable si, como ya asegura el dúo de empresarios mendocinos, el diario Ámbito Financiero volvió a ser parte del Grupo América. El matutino que fundó Julio Ramos se incorporó a la galaxia de medios kirchneristas de la mano de Orlando Vignatti y de la cercanía con los hermanos Raúl y Alejandro Olmos. Si Ámbito se convierte en parte de la ofensiva massita para llegar a la Casa Rosada o si mantiene una línea de defensa de los trazos gruesos del modelo será fácil de observar en el año electoral.
Manzano no descansa nunca y está más en el exterior que en Argentina. Hasta Juan Carlos “Chueco” Mazzón, el operador todoterreno que tiene un despacho en Casa Rosada hace un cuarto de siglo, ahora se topa con dificultades para encontrarlo. Hasta hace unos años, el mendocino calentaba los sillones de cuero marrón de la antesala del despacho de quien había sido uno de sus superiores en los años de la primera renovación peronista. Ahora no precisa de Mazzón: habla directamente con Cristina y con Scioli.
Como otros ex menemistas que se reciclaron en dueños de medios, el primer renovador prefiere evitar los reportajes y las charlas con periodistas: en todo caso, su tarea -después de haber dejado la función pública- pasa por contratarlos. Pero en el peronismo, lo definen como un “bicho de poder” y no tienen dudas: descuentan que seguirá haciendo negocios, gobierne quien gobierne.



