Los sorprendentes vínculos de Duhalde con el tráfico de drogas - Mendoza Post
Lunes 9 Nov 2015Lunes, 09/11/15 atrás
porChristian Sanz
Secretario Gral. de Redacción

La campaña de Daniel Scioli transita por andariveles insólitos en los últimos días, donde se lo acusa de estar vinculado al menemismo e incluso de trivializar la campaña política al presentarse al programa de Marcelo Tinelli.

Y en tren de decir barbaridades —algunas no lo son, por cierto, pero no vienen al caso de la discusión— este fin de semana apareció una nueva acusación contra el exmotonauta: se lo acusa de estar relacionado con el duhaldismo y todo lo que ello implica. Es decir, el supuesto vínculo de Duhalde con el narcotráfico.

Independientemente de la imbecilidad de dar carácter transitivo a una acusación tan grave, se reflotó un viejo debate, el de la relación del presidente y gobernador bonaerense con el tráfico de estupefacientes. ¿Esto es real o un mito, como tantos otros?

Ciertamente, hay elementos sospechosos que complican al hoy desdibujado Duhalde con ese tópico, algunos tan lejanos como el retorno de la democracia.

En esos años, 1983 más específicamente, Duhalde se convirtió en intendente de Lomas de Zamora. Ya por entonces en la periferia de ese municipio solían apodarlo “papá porro”, pero pocos conocían el origen y el porqué de ese mote. Con los años y las denuncias los vecinos irían atando cabos.

Cuando en 1999 intentó llegar a la Presidencia de la Nación puso como compañero de fórmula al ex cantante Ramón Palito Ortega, quien de un solo golpe consiguió un millón de dólares para los gastos de campaña. ¿Quién los depositaba? “Un grupo de mexicanos con ganas de hacer negocios en Argentina que fueron contactados por mi asesor Aldo Ducler”, fue la respuesta de Palito.

Esos mexicanos no serían otros que los lugartenientes de Amado Carrillo Fuentes —el Señor de los cielos, capo del cartel de Juárez—, hombre que logró lavar más de 20 millones de dólares a través de la financiera Mercado Abierto, propiedad de Ducler, ex secretario de Hacienda de la dictadura y administrador de los fondos de la campaña de Palito Ortega.

Demasiada casualidad.

Yo no fui

Cada vez que lo acusaron de tener vínculos con el narcotráfico, Duhalde dijo que se trataba de una campaña de desprestigio. Así quedó especificado en el informe que la Comisión Anti lavado del Congreso estadounidense, presidido por el senador Carl Levin, y en las investigaciones que realizaron en Argentina el ex jefe de la Interpol México, José Miguel Ponce Edmonson. En diálogo con CAMBIO, Ponce recordó: "Esos fondos ingresaron por parte de Palito Ortega, a quien Duhalde, enseguida lo raleó de la campaña. Fui testigo del profundo enojo del ahora presidente quien se vio muy afectado por ese episodio".

Nuevamente Duhalde esgrimió su argumento de que se trataba "de una campaña de desprestigio" cuando las acusaciones contra las mafias enquistadas en la policía bonaerense –a la que calificó como "la mejor del mundo"–, señalaban a su jefe, el comisario Pedro Klodczyk, como un hombre permisivo en la distribución de drogas cuando estuvo a cargo de la unidad regional de la ciudad de Quilmes.

Utilizó la misma defensa en 1992, cuando el juez español Baltasar Garzón tuvo su primera aproximación a Argentina y acusó a la ex cuñada de Menem, Amira Yoma, y al ex secretario de Recursos Hídricos, Mario Caserta —amigo de Duhalde—, de integrar una organización de lavado de dinero vinculada al traficante de armas sirio, nacionalizado argentino, Monzer Al Kassar.

En septiembre del 1989, durante un viaje de Menem a Yugoslavia, Duhalde quedó a cargo de la Presidencia. En esos días estampó la firma, junto al ministro de Economía de la época, Néstor Rapanelli, en el decreto que designaba a Ibrahim Al Ibrahim como asesor especial de la aduana en el aeropuerto de Ezeiza.

Al Ibrahim era ya el ex esposo de Amira Yoma y en español sólo sabía decir "muchas gracias". Durante una entrevista con medios argentinos y españoles, Al Ibrahim –quien vive refugiado en Damasco desde que se convirtió en prófugo de la justicia–, aseguró que "Duhalde era uno de los funcionarios de gobierno que más favores me pedía en la aduana".

Eran los días en que Duhalde le encargaba a su lugarteniente Alberto “el negro” Bujía retirar maletas o bultos que pasaban sin abrir por los controles de la aduana en el aeropuerto.

Las irregularidades en la aduana fueron denunciadas por el semanario español Cambio 16 y las pruebas contundentes que aportaba el semanario llevaron a que Garzón tomara la causa que involucraba a Al Kassar, radicado en Marbella.

Con el escándalo en todos los medios, Duhalde se comunicó rápidamente con el juez "para saber cuál era su situación en el expediente", según cuenta el periodista Hernán López Echagüe en el libro El otro.

Ante la consulta desesperada la respuesta del magistrado español fue corta y tajante: "Duhalde, yo sé qué clase de político es usted...". Sobre el escritorio del Juez descansaba el dossier confeccionado por la DEA sobre los vínculos de Duhalde con las drogas.

Diez días antes de que la jueza María Romilda Servini de Cubría iniciara las indagatorias por esa causa, conocida como el narcogate, Alberto Bujía, uno de los hombres de confianza de Duhalde –el emisario ante Al Ibrahim– moría en extrañas circunstancias.

El negro Bujía, era considerado un peso pesado. Desde sus comienzos de trabajo para Duhalde, era el enviado que llevaba extraños paquetes a las familias Romero y Saadi, en las provincias de Salta y Catamarca, respectivamente. Roberto Romero y Vicente Leonides Saadi fueron los fundadores de dos dinastías políticas que hicieron historia en sus provincias.

Bujía solía frecuentar la finca Don Alejo, propiedad de los Romeros en Salta donde en 1984 fue descubierta una pista de aterrizaje a la que llegaban aviones desde Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, que estuvo en la mira de la DEA.

Con Al Ibrahim en la aduana, Bujía no sólo visitaba al extraño asesor con el que se comunicaba por señas, sino que requería los servicios del funcionario en cada uno de sus viajes al extranjero con bultos que en los controles gozaban del mismo estatus que todos los encargos del entónces vicepresidente.

El día 16 de marzo de 1991, el destino quiso que muriera cuando su moto hizo colisión contra una camioneta, a metros de la intendencia de Lomas de Zamora. Según algunos amigos de “el negro”, éste estaba desbordado por el alcohol y enfiló en contramano por la citada calle. Según testigos del hecho, fue la camioneta la que se abalanzó sobre él.

Al día siguiente de tan absurda muerte, el 17 de marzo de 1991, en el marco del Yomagate, se iba a quebrar uno de los máximos imputados. Mario Caserta prestó declaración ante Servini de Cubría y, sin saber aún que iba a quedar como único procesado en la causa, manifestó que Duhalde era un poderoso narcotraficante de la provincia de Buenos Aires. Pocos meses después, la conductora televisiva Mirtha Legrand se lo iba a preguntar en persona y con gran naturalidad: -“Dígame gobernador ¿Usted es narcotraficante?”.