Vuelven los monos aulladores a la selva de Río de Janeiro - Mendoza Post
Vuelven los monos aulladores a la selva de Río de Janeiro

Vuelven los monos aulladores a la selva de Río de Janeiro

Por: Agencia NASábado 24 Oct 2015

 Más de cien años después de haber desaparecido, los gritos de los monos aulladores suenan de nuevo en la selva de Tijuca de Rio de Janeiro, el mayor pulmón verde en un medio urbano que poco a poco está recuperando su fauna.

"Los monos aulladores (Alouatta) habían desaparecido desde hace más de cien años. Decidimos reintroducirlos porque es una especie resistente. Se alimentan básicamente de hojas y frutos y son relativamente fáciles de reproducir", contó a la AFP el científico Fernando Fernández, de la Universidad Federal de Rio (UFRJ).

"Esto forma parte de un proyecto más amplio de restaurar la fauna de la selva, una idea que nació en 2010", precisó.

Según el experto, estos monos aulladores, conocidos también como araguatos o carayás, tienen un importante papel en su medio.

Tienen un valor particular gracias a su interacción con los escarabajos peloteros, que al utilizar sus excrementos aportan nutrientes que fertilizan el suelo de la selva.

Vuelve a su hábitat.

Una de las rutas que atraviesan la selva de Tijuca conduce a la estatua del Cristo Redentor, que con sus brazos abiertos domina las colinas del Corcovado.

A unos minutos de la mayoría de los vecindarios de Rio, que hospedará los Juegos Olímpicos de 2016, la "Floresta da Tijuca" y sus 39,5 km2 protegidos abrigan cientos de especies de fauna y flora atlánticas, autóctonas del litoral brasileño.

Hoy en día, sólo quedan 28.000 km2 en todo Brasil de este tipo de selva atlántica, es decir, apenas 7% de lo que había en tiempos de la conquista, en el año 1500.

El administrador de la selva de Tijuca, Ernesto Vivero de Castro, quiere convertir este lugar en "un laboratorio de reconstrucción de fauna que sirva como modelo a otros lugares del mundo", dijo Fernández.

La preparación para la reintroducción en su medio natural de estos grandes primates, que pesan hasta 9 kilos y cuyos gritos se escuchan a kilómetros de distancia, fue meticulosa.

A las hembras se les colocó un collar y a los machos una pulsera en una pata para permitir a los científicos identificarlos, localizarlos y monitorizar su interacción.

"Un mes y medio después, están bien y permanecen bastante cerca del lugar donde los dejamos", se regocijó Fernández.