El curro del coaching - Mendoza Post
Sábado 24 Oct 2015
porChristian Sanz
Secretario Gral. de Redacción (click en autor)

Oscar camina cabizbajo por una vereda guaymallina, bordeando el cordón. Se muestra atribulado, perdido, no puede dejar de pensar su incapacidad para llegar a fin de mes. Su salario no es malo, pero el costo de vida avanza más rápido que sus ingresos.

Se cruza con Diego, un viejo conocido que hacía mucho que no veía, pero no se percata de su presencia.

“¡Oscarcito! ¡Amigo mío!”, le dice este último, sobreactuando la cercanía que jamás tuvieron. “¿Estás bien?”, le pregunta. Sin esperar respuesta, contraataca: “Yo sé qué es lo que necesitás”.

Oscar se queda mudo, presume que su conocido, ahora devenido en amigo, le obsequiará el dinero que necesita para cubrir todas sus dificultades financieras. Sin embargo, no será ese el ofrecimiento.

“Lo que necesitás es coaching”, le dice Diego. Ahora sí, Oscar no entiende nada. “¿Con qué se come eso?”, se pregunta para sus adentros.

Será el comienzo de un nuevo problema en su vida. Algo, que, lejos de resolver sus anteriores tribulaciones, sumará una más. Vendrán a partir de ahora catárticas sesiones que lo dejarán peor de lo que estaba. Su desorientación será cada vez mayor.

El principio era el verbo

Para entender este fenómeno hoy de moda, hay que definir primero qué es el coaching: se trata de un anglicismo que procede del verbo inglés “to coach”, que a su vez significa “entrenar”.

Según Wikipedia, consiste en “acompañar, instruir y entrenar a una persona o a un grupo de ellas, con el objetivo de conseguir alguna meta o de desarrollar habilidades específicas”.

Como puede verse, se trata de algo demasiado abarcativo y ambicioso. ¿Cómo logra, si es que lo hace, resolver lo que la psicología no puede? ¿Qué herramientas diferentes y superadoras utiliza? ¿Cuánto tarda un especialista en coaching en formarse?

Las preguntas son muchas y variadas. No obstante, las respuestas sorprenderán a más de uno.

Primero: no está probado que el coaching pueda resolver cosas que la psicología no puede; segundo, se trata de una doctrina que utiliza herramientas de la propia psicología; tercero, un curso de coach dura en promedio tres meses. Evidentemente, algo no cierra.

A pesar de lo dicho, de su falta de sustento científico y demás, el coaching hace furor en estos días. No hay quien no participe de alguna u otra manera, en alguna de sus diversas modalidades.

Existe el coaching ontológico, el sistémico y hasta el coercitivo. Las variantes son infinitas y todas prometen lo mismo: lograr un cambio profundo en la persona a través de sus técnicas de alto impacto, con todo lo que ello implica. Algo que finalmente nunca sucederá.

Un mediático psicólogo mendocino que prefirió no ser mencionado, lo explicó con claridad al Post: “Los que aplican técnicas de coaching tienen una serie de herramientas muy limitadas, que aplican a todos por igual, sin importar la complejidad del cuadro a tratar”.

-¿Es peligroso, inadecuado? ¿Qué significa?

-La mente humana es sumamente compleja, hay muchos elementos a analizar a la hora de tratar a una persona. A eso súmale los conflictos que esta pueda llegar a traer a lo largo de su existencia. En el coach eso no se tiene en cuenta.

-Insisto en no entender qué quiere decir.

-Una persona que tiene depresión o fobia a algo en particular, si no la tratás adecuadamente puede hacer cualquier cosa. Le podés estropear la vida para siempre. En lugar de curarla, la empeorás. Hay incluso casos de personas que se han suicidado. Tratar con la mente humana no es para cualquiera y menos para alguien que hace un cursito de tres meses, que no tiene nada de científico.

¿Pseudociencia?

El psicólogo español David Pulido (foto) derribó oportunamente algunos mitos referidos al coaching, con gran autocrítica de por medio. Las diferentes proclamas y su refutación:

-El coaching es para gente que no tiene problemas mentales serios, sino para problemas de la vida cotidiana.

-Hay una falsa línea divisoria que antes se trazaba entre los psiquiatras y los psicólogos y que en nada se ajusta a lo que vemos en consulta ni a la vivencia de cada persona: ¿Es que acaso un problema de ansiedad o un trastorno obsesivo compulsivo no es grave? ¿Es que una relación de pareja cotidiana o las habituales broncas con nuestro hijo adolescente no merecen ser tratadas con toda la seriedad posible? Tan erróneo es pensar que un psicólogo no puede tratar con cuadros clínicos complejos como inventarse una nueva categoría profesional si el problema es considerado “más mundano”.

-El coaching es para dar consejos prácticos, mientras que la terapia es para la introspección.

-Eso es un error clásico ya. Es cierto que existen corrientes terapéuticas, como el psicoanálisis, que no dan pautas de manera directa pero los tratamientos cognitivos conductuales son cortos, dando un papel activo al paciente en el propio diseño de la intervención, y empezando a trabajar sobre objetivos y técnicas concretas desde la cuarta o quinta sesión. No hay nada más práctico que eso. Y además de tener respaldo científico, los estudios demuestran que los pacientes mejoran y lo hacen de manera permanente.

-El coaching es ecléctico, usa lo mejor de las diferentes escuelas de psicología.

-El eclecticismo ha hecho ya mucho daño a la psicología como disciplina científica como para que encima se considere una virtud. ¿Qué pensarías de un traumatólogo que, dependiendo de la parte del cuerpo que se te hubiera roto, te aplicara un antiinflamatorio, homeopatía o te hiciera la danza de la lluvia? ¿Creerías que es un profesional serio que domina un campo? ¿Confiarías siquiera que la medicina es una ciencia si cambia su marco teórico en función del criterio de quien la aplica? La psicología lleva décadas investigando, experimentando y reuniendo evidencia empírica para explicar cualquier tipo de problema con los mismos principios psicofisiológicos del aprendizaje.

-Si el coaching no tiene respaldo teórico, sino tiene metodología, entonces, ¿por qué hay tanta demanda?

-El coaching nace del fracaso de la psicología a la hora de explicar qué hacemos los psicólogos en terapia. Hemos banalizado tanto nuestro trabajo que la gente no es capaz de ver que tras cada pauta dada existe una disciplina científica detrás. Con cada aparición televisiva con un polígrafo, con cada libro de autoayuda por autores que no ha visto un solo paciente, con cada fracaso a la hora de aunar criterios metodológicos, hemos aupado a que cualquiera se vea con la capacidad de tratar problemas psicológicos. Tras tantos mitos que hemos tenido que desmontar para acercar a la gente a las consultas ahora tenemos que coexistir con una nueva corriente terapéutica no científica. La única manera de acabar con esta penitencia es la divulgación y la ejemplaridad con la que hemos de ejercer nuestra maravillosa profesión.

Colofón en primera persona

Podría achacarse que las críticas al coaching parten de psicólogos envidiosos que jamás han experimentado esa doctrina en primera persona. Si se consultan los cientos de foros que hay en la web, se verá que ello no es así.

El conocido especialista Alex Santigosa (foto) es uno de los casos más emblemáticos al respecto y refrendó a este diario su propia experiencia:

Soy psicólogo y acabo de realizar un master en Coaching. Sinceramente, tengo la sensación de que me estoy “desintoxicando” de una secta en la que me he visto imbuido y que por poco acaba con mi vida de pareja y familiar.

Resulta altamente peligroso esa influencia sobre el yo personal, porque nos hacen creer que somos mariposas, que podemos llegar a ser lo que queramos ser, porque falta una gran dosis de realismo en todo los ejercicios que te hacen realizar, porque no existe un guía psicológica que te ayude a entender las emociones y sensaciones que experimentas al realizar visualizaciones, porque -en definitiva- no nos alertan de que la mente humana se guía por imágenes y es altamente creativa. Es decir, que también se imagina cosas que no tienen por qué ser el camino ni la verdad. Si existe una mente inconsciente, no tiene por qué referirse a una mente que tiene la verdad. Podría dar infinitos ejemplos de lo mal planteado que está esto del Coaching y la falta de rigor en muchos de sus postulados.

Mi esperanza reside en formarme como terapeuta psicológico, dentro de una corriente más científica y con claros procesos y con una guía adecuada. Eso de que el proceso lo lleva el cliente…me resulta absurdo y totalmente contraproducente.

Más claro, echarle agua.