Un canto a la vida, a los 90 años y después del Covid

Nélida Dávila y sus 90 años en plenitud.

Un canto a la vida, a los 90 años y después del Covid

porSilvina Thouluc (*)
Periodista

 Nélida este año en plena pandemia cumplió 90 años, festejándolo junto a sus hijos, nietos, bisnietos y hasta tataranietos. Fue una fiesta inolvidable y llena de emoción para toda esta gran familia, que supo trascender todas las dificultades y honrar la vida. En esta oportunidad Nélida nos relata sobre su día a día poniendo en valor la felicidad que siente de sentirse viva. "Me siento muy feliz porque tengo una familia maravillosa", aseguró orgullosa nuestra protagonista.

Nélida es de esas abuelas que todos quisiéramos tener, amable, cariñosa, paciente y de una templanza admirable. Esas mujeres que quizás conocemos en alguna reunión familiar, que están siempre en un lugar privilegiado y que alegremente nos preguntan sobre nuestra vida y desde su calidez nos dan buenos consejos. Si tenemos suerte es nuestra nona, la mamá de todos, la que nos hace un parche en el pantalón, nos teje un gorro al crochet o simplemente nos hace nuestra comida favorita. Son la que construyeron una familia con su presencia y valentía infinita, en otros tiempos en donde el trabajo se hacía con el esfuerzo de las propias manos a través de la voluntad y las ganas de progresar. A veces en nuestro trajín cotidiano desconocemos la historia detrás de nuestros familiares y no nos detenemos a descubrirla, quizás sea el momento.

El encanto de vivir

Nélida Matilde Dávila de Vázquez nació el 14 de marzo de 1931, viviendo en San Rafael hasta los 14 años. Luego junto a sus padres y sus 7 hermanos se mudó a la ciudad de Mendoza. Su papá era capataz de cuadrillas de obreros y su mamá se especializaba en costura fina. "Tuvimos una linda infancia. Mis padres eran muy inteligentes y trabajaban mucho para que no nos faltara nada. De ellos aprendí el valor del trabajo", recordó emocionada su niñez.

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Según relata Nélida junto a su marido tuvieron una buena vida, en donde desde un comienzo soñaron con tener varios niños. Y cumplieron su objetivo en total tuvieron 9 hijos, 27 nietos, 47 bisnietos y 5 tataranietos. "Perdí dos embarazos así que siempre digo que tendría 11 hijos. Siento que tengo el cariño de cada uno de los integrantes de mi familia, a mis nueras las siento como mis hijas. Mi casa siempre fue el lugar en donde nos juntábamos todos los domingos y criábamos con amor a todos los chicos".

Sus 9 hijos, Víctor, Edith, Raúl, Luis, Silvia, Daniel, Beatriz, Graciela y Analía sienten un profundo amor y respeto por su mamá, quienes la acompañan en lo cotidiano. Fueron los encargados de continuar acrecentando esta increíble familia mendocina, que supo conservar la tradición familiar de festejar a lo grande cada aniversario especial.

Ohel y Nélida, una historia de novela

Su marido, Ohel Melinton Vázquez, era sanjuanino y luego del terremoto ocurrido en San Juan, se trasladó junto a su familia a Mendoza. Estudió en la escuela de policía y en una de sus misiones se fue a trabajar como suplente de comisario en la Villa 25 de Mayo. En San Rafael junto a un compañero se hospedaron en la casa de la familia de la amiga de Nélida, que vivía al lado de su casa. Allí nació primeramente una amistad que con los años se convertiría en amor. "En un comienzo era muy tímida, si bien me gustaba, por años fuimos amigos hasta que me propuso matrimonio, luego de pedir mi mano a mis padres".

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Con los años su marido renunció a la policía y trabajó en una tienda de venta de telas. Paralelamente Nélida tenía un taller de costura junto a su hermana, en donde enseñaban corte y confección. "Pudimos comprar una casa grande para vivir todos juntos. Mi marido le gustaba hacer huerta y los domingos nos encantaba hacer pan casero para disfrutar en familia. Hemos llegado hacer 10 kilos para toda la semana y nunca alcanzaba. Siempre me arreglé sola con los niños, les cocía y les tejía toda la ropa, les ayudaba con la escuela, mi vida estaba dedicada a ellos. Luego cuando los niños crecieron tuvimos la oportunidad de viajar mucho con un grupo de amigos".

En el año 2010 fallece su esposo luego de una grave enfermedad. Ella lo acompañó incondicionalmente hasta sus últimos días. "Cuando falleció nuestra hija, nos dio presión alta y terminamos internados. A él le afectó al cerebro, luego de eso no pudo recuperarse", cuenta apenada uno de los momentos más difíciles de su vida. Durante esa etapa como método terapéutico comienza a pintar cuadros, una pasión que por estar abocada a la familia nunca había podido desarrollar. "Solíamos salir a pasear con mi marido durante su enfermedad y me sentaba en la plaza a pintar".

En la actualidad retomó esa actividad y semanalmente se reúne juntos a un grupo de amigas a pintar y tener divertidas charlas. Algo que según ella la mantiene entusiasmada. "Me siento muy feliz porque estoy con personas más cercanas a mi edad y puedo compartir el mismo amor por la pintura", relató Nélida quien sigue apostando a la vida disfrutando de cada momento, dejándonos una gran reflexión, haber podido llegar a los 90 años rodeada de sus seres queridos y con proyectos propios, sobreponiéndose siempre con una gran sonrisa. "La vida es muy linda, traten de vivirla bien que es la forma de poder ser feliz", frase con la que cerró sabiamente nuestra querida Nélida.

(*) Especial para Mendoza Post.