Las dudas que arroja la muerte del financista Benedit - Mendoza Post
Viernes 19 Dic 2014
porChristian Sanz
Secretario Gral. de Redacción (click en autor)

El misterio empezó el mismo martes a las 12.30, cuando Mariano Benedit salió de su casa ubicada en Arenales 1652, Recoleta, supuestamente a ver a un cliente. Lo hizo en su moto Honda Tornado color banca patente 876 IEF.

Sin embargo, algo salió mal, porque nunca regresó y su cuerpo fue encontrado horas más tarde en un ingrato descampado de la Costanera Sur de Buenos Aires.

A partir de entonces, comenzó una insólita puja entre la Justicia y la familia: los primeros insistiendo en que se suicidó; los segundos, argumentando que jamás lo hubiera hecho.

“Lo agarraron con plata y lo mataron”, dijo su hermano Bernardo Benedit a los medios, sustentando la hipótesis de que Mariano murió en el contexto de un robo común y corriente.

Ni los investigadores ni la familia se animan a hablar de la tesis más probable: un crimen mafioso, incluso la posibilidad de un suicidio inducido.

Los medios fueron inundados en las últimas horas por información que partió de fuentes judiciales —algo inusual— aportando confusión tras confusión. Que el disparo había entrado a la cabeza del financista por el lado izquierdo; que este se encontraba desnudo de la cintura para abajo, etc… todas falacias que cayeron por su propio peso a las pocas horas. Entonces, surge la inevitable pregunta: 

  ¿A quién le sirve embarrar la cancha a través de la sistemática desinformación? ¿Qué es lo que se quiere tapar si es que algo se quiere tapar?  

Los sabuesos judiciales actúan de manera sospechosa, pero la familia también. Desde un principio, el clan Benedit se encargó de negar con insistencia que Mariano tuviera un arma.

“Imposible, te puedo garantizar que no tenía armas”, dijo uno de sus hermanos. A las pocas horas, trascendió que si tenía una pistola —una Bersa Thunder nueve milímetros— registrada a su nombre.

El dato —cierto y real— lo arrojaron los mismos investigadores que insisten en la teoría del suicidio y que luego dejaron trascender los detalles de un “barrido microscópico electrónico” que indicó que Benedit tenía restos de sustancias explosivas en la mano derecha.

Luego, la familia se dedicó a negar otra realidad: que el financista operaba una cueva financiera en el microcentro tras la pantalla de una empresa de turismo ubicada en la calle Esmeralda al 1.000.

La información del clan llegó tarde y dosificada, siempre detrás de cada descubrimiento que hicieron los investigadores. Por caso, una de las hermanas de Mariano reveló que este tenía pensado pasar por su oficina ese día a efectos de llevarle 500 pesos. Nunca dijo en concepto de qué.

Para agregar más misterio al misterio, cuando los sabuesos allanaron la oficina de Benedit, se encontraron con varios teclados pero ninguna CPU. ¿Acaso alguien se había encargado de llevarse todos los elementos que pudieran arrojar datos comprometedores?

Lo mismo pasó en la casa del financista, ubicada en la calle Arenales 1652, donde los investigadores encontraron una PC cuyos archivos fueron oportunamente eliminados. Lo curioso es que nadie forzó la puerta de ese domicilio; ergo, el borrado fue llevado adelante por alguien que conocía a Benedit.

“No andaba en nada raro”, se apuró a decir la familia sobre las actividades del financista. El detalle es que nadie se los había preguntado.

Con el paso de las horas, se habló de deudas, depresión pos parto y varias incoherencias más. Lo cierto es que Benedit manejaba varias cuentas bancarias, dos de ellas con abultados saldos: en el Industrial and Commercial Bank of China ostentaba más de 300 mil pesos; en una cuenta del Banco Galicia unos 262 mil más.

Si ese dinero no estaba relacionado con la firma Benedit S.A. Sociedad de Bolsa —donde este se desempeñaba “legalmente”— ¿cuál es su procedencia?

Lo curioso es que el financista era monotributista categoría D. Así se inscribió en julio del año 2010, jurando tener ingresos de hasta $15.000 por año.

Preguntas sin respuesta

Sorprende la insistencia que refrendan los investigadores a la hora de plantear la posibilidad de un suicidio, aún cuando no se han determinado los detalles de la deflagración encontrada en la mano del financista asesinado.

¿Por qué anticiparse a una hipótesis a la cual todavía le falta mucho para ser confirmada?

No solo eso: se entiende cómo su cuerpo llegó al lugar al que llegó, ni dónde quedó su moto. Y hay más preguntas:

-¿A quién iba a entregarle los 50 mil dólares que supuestamente llevaba consigo?

-Si fue un robo, como dice la familia, ¿por qué no se llevaron otras cosas de valor que tenía consigo Benedit, incluido un fajo de mil pesos que estaban en su mochila?

-¿Por qué apareció tardíamente el casquillo de la bala que lo mató?

-¿Hay alguna relación entre la aparición de Bendit y el inmediato descabezamiento de la Secretaría de Inteligencia?

-¿Qué hacía Sergio Berni en el lugar donde hallaron al financista? ¿Por qué se puso nervioso cuando lo detectaron los periodistas y solo atinó a decir que quería evacuar “una duda que teníamos"?

-¿Qué relación comercial unía a Benedit con Valeria Loira, esposa de Diego Bossio y asesora de Cristina Kirchner, de quien también era vecino?

-¿Por qué el financista estaba tan interesado en comprar acciones del astillero Tandanor?

-¿Qué relación existe entre su muerte y la desaparición —y reaparición— de la militante camporista Evangelina Capaccio, cuyos documentos aparecieron misteriosamente frente al lugar donde fue hallado el cuerpo de Benedit?

-¿A quién le sirve que esta muerte y por qué?