¿Quién dijo que no hay prostíbulos en Mendoza?

A pesar de la prohibición en ciernes, en Mendoza aún funcionan locales donde se regentea la prostitución. El Post investiga un local en la calle Moreno.

¿Quién dijo que no hay prostíbulos en Mendoza?

Por:Christian Sanz
Secretario Gral. de Redacción (click en autor)

Los datos son oficiales, no obstante lo cual no hay por qué desconfiar de ellos: según el Programa Nacional de Rescate y Acompañamiento a las Personas Damnificadas por el Delito de Trata del Ministerio de Justicia, más de 800 víctimas de trata de personas fueron rescatadas en la primera mitad de 2015 en diferentes puntos del país. Solo en la provincia de Mendoza, se liberó a 114 de ese total.

Oportunamente, Daniel Tagarelli, subsecretario de Derechos Humanos de la provincia, explicó que esas mismas víctimas están siendo abordadas por el equipo interdisciplinario de la cartera a su cargo.

Hasta ahí, bien, una tarea promisoria contra un delito aberrante. Sin embargo, a pesar de los aparentes esfuerzos oficiales, la situación no ha mermado. Hace algún tiempo, el Post reveló un intento de captación de mujeres a través de Whatsapp, a lo cual se suma la vasta oferta existente a través de la inmanejable Internet.

El caso que reveló el Post

La abogada Carolina Jacky lo supo explicar claramente: “¿Es Mendoza una provincia libre de trata, o por el contrario es una zona liberada para la trata?”, se preguntó retóricamente.

Y agregó a ese respecto: “Solo basta entrar en internet y googlear en busca de sexo y encontraremos infinidad de anuncios de Mendoza donde no solo se ofrece, sino que se pretende contratar personas, en algunos casos menores, para iniciarlos en un negocio ‘muy rentable’.”

Pero no todo es la web y la captación 2.0: este diario dio con un local donde se ofrece el viejo y rentable negocio de la prostitución. Está ubicado en la calle Federico Moreno 2.165 y es muy fácil de detectar, ya que todo el tiempo ingresan y salen personas del sexo masculino.

Es curiosa la manera en la que este cronista logró dar con ese lugar: fue a través de un mensaje anónimo que llegó al Post, que aseguraba que en ese mismo sitio de la Cuarta Sección, donde ya se había clausurado otro prostíbulo, se estaba rearmando el circuito de oferta de sexo.

Acá funciona el prostíbulo

Quien escribe estas líneas se dirigió al lugar esta semana y, por casualidad, logró hablar con una persona que custodiaba la puerta.

“Busco compañía femenina para un amigo”, aseguró este periodista a quien monitoreaba el lugar. 

La respuesta no demoró: “No hay problema, que venga que tenemos el mejor servicio”.

¿Quién controla la trata?


Hay que decirlo: el sitio despunta y no descansa a la hora de recibir clientes.

Una fuente de la Municipalidad de la Ciudad de Mendoza admitió al Post que desde esa dependencia estaban al tanto de la existencia del prostíbulo de marras. “Lo veníamos caminando, pero me separaron y pusieron a otra persona a cargo del seguimiento”, advirtió el informante ad hoc. El interrogante es inevitable: ¿Cuál es el sentido de cambiar de caballo en medio del río? ¿Acaso existe la intención de hacer la vista gorda?

Como sea, el de la calle Moreno no es el único local que debería estar en la mira de los inspectores comunales: en la intersección de Montecaseros y Corrientes, también de la capital de la provincia, se ha conformado otro local donde se regentea a trabajadoras sexuales.

El otro local, en Montecaseros y Corrientes

Y allí aparece otra pregunta, incómoda: ¿Cómo es posible que esto ocurra a tres años de la promulgación de la ordenanza 3.837/12, a través de la cual el Concejo Deliberante de Ciudad prohibió “la oferta de servicios sexuales de cualquier tipo”?

Cuando era presidente del Consejo Deliberante de la Ciudad de Mendoza, el hoy intendente Rodolfo Suárez fue enfático: "La idea no es perseguir la prostitución, pese a que está prohibida por el Código de Faltas, pero el tema es aplicarlo, y el Municipio no tiene poder para hacerlo, lo hace la Policía”.

Rodolfo Suárez, intendente

Hoy esas palabras suenan proféticas. Está claro que, a la comuna, el control se le fue de las manos. 

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