Le gané al coronavirus y no es una "gripecita" - Mendoza Post
Domingo 20 Sep 2020
porAndrés Pujol
Periodista

El último sábado 5 de septiembre terminé de trabajar, home office como ya casi es costumbre, y empezaron los primeros síntomas. Una tos seca que de a poco comenzó a hacerse fuerte y, de golpe, empezó el dolor en el pecho. 

Apenas unas horas antes, mi suegra, con quien convivo, perteneciente al personal de salud en el hospital Humberto Notti, ya había sido hisopada. Esa noche llegó la noticia: su resultado era positivo y como consecuencia también lo éramos quienes compartíamos la vivienda por nexo clínico. Se venían días negros.

En la mañana del domingo los síntomas se agravaron, la garganta comenzó a raspar y el cuerpo comenzó a doler. De golpe la comida no tenía gusto y el aroma del café había desaparecido. Todo indicaba que, junto con mi pareja, éramos portadores. 

Es ahí que comenzó la odisea para intentar que algún doctor se animara a evaluar nuestro cuadro. Ya en la noche del sábado habíamos intentado comunicarnos con el 0800 de Andes Salud, nuestra obra social, aunque en ese momento no hubo respuesta. 

Desde el Ministerio de Salud también quedaron en contactarse para saber cómo nos encontrábamos. Pasó toda la jornada, y desde la cartera sanitaria apenas hablaron con quien sí dio positivo en el hisopado, y lo único que nos mandaron a hacer fue tomar paracetamol y reposo.

Desde que el hisopado dio positivo, todo cambió en casa.

Los síntomas míos se agravaron y el martes apareció la fiebre y las noches interrumpidas por la imposibilidad de respirar de forma correcta o bien por el dolor de garganta. 

No, no era una gripecita, como dicen algunos atrevidos por ahí. En el medio, y consultando con un familiar que es pediatra, la indicación era siempre la misma: paracetamol o ibuprofeno, no hay más. "No vayas a la guardia si no estás realmente grave porque te van a mandar de vuelta". 

Ver: Fase 1: Prohibiciones hoy, domingo y lunes, y cómo sigue después

En el medio, la obra social brillaba por su ausencia, incluso llegamos a sacar un turno online con mi pareja para ese miércoles al mediodía, pero el enlace para conectarse a la sesión llegó a las 16 horas, sentimos que nos tomaban el pelo. Nadie nos atendió el teléfono. Recién en esa noche una doctora de Andes Salud llamó para saber cómo estábamos y darnos las mismas indicaciones. 

La importancia de esta crónica en primera persona radica en exponer la desesperación de esos días, de pensar qué poca atención médica se podía recibir, que no había ni hay por el momento un medicamento exacto para frenar al Covid-19 y que las camas en los hospitales por ese entonces rondaban el 90% de ocupación. 

En el medio, también aparecieron las náuseas, el gusto a pimienta en la boca y la fiebre que permaneció durante casi cuatro días. La indicación era la misma: hacer reposo y esperar. Las demás personas en la casa presentaban síntomas similares, con dolor de cabeza incluido, mientras la preocupación de todos continuaba.

Te con jengibre y limón, algo que me alivió la garganta.

Así pasaron los días. Entre dolor de garganta, náuseas, dolor de cuerpo, falta de gusto y de olfato, fiebre y la intranquilidad de ver un sistema que hoy está al borde del colapso y, que si tus síntomas son "leves", poca respuesta te puede dar.

Ver: Coronavirus: en Mendoza subió la ocupación de camas y siguen al límite

Recién al lunes siguiente desde la obra social recibimos una respuesta, después de tanto quejarnos e insistir y fue ahí cuando nos ofrecieron un hisopado. ¿Valía la pena? No lo tengo claro, pero eso terminó sucediendo el jueves 17. Sí, doce días después de los primeros síntomas y cuando aún continuaba el dolor de garganta y la tos. Cuando fuimos a hacer el estudio, una vez más pude ver la irresponsabilidad en la calle. Concurrimos a la Clínica Santa Rosa, en Guaymallén, y la gente se amontonaba para hacerse un hisopado, claro, como si la mitad de lo que estábamos ahí no tuviéramos la chance de estar infectados. Eso sí, el médico no nos iba a ver porque seguíamos teniendo síntomas "leves".

Largas filas para hacerse el hisopado en Mendoza.

Por suerte, los síntomas comenzaron a mermar y hoy ya estamos prácticamente recuperados. Sin embargo, la preocupación de ver cómo en la calle y en las redes sociales la gente incumple las normas sanitarias realmente da bronca y vergüenza ajena. 

Y no se trata del que tiene que "salir a trabajar". Se trata de las fiestas clandestinas, se trata de todos los que incumplen las normas sanitarias, y creo que es porque realmente todavía no vieron esto de cerca. De los que este sábado fueron amontonarse a una nueva marcha, y se trata también de esos que no quieren ni ponerse el barbijo como corresponde porque les "molesta".

Al mismo tiempo, y gracias a testimonios cercanos, el personal de la salud está borde del llanto y del colapso por todo lo que están atravesando, y poco se ve. 

En fin, la pandemia acá y en el mundo va a continuar. Ojalá tomemos conciencia de que estamos al borde de que algo muy malo le ocurra a la provincia si no cumplimos con la normativa.

El personal de salud está agotado.

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