Adiós a un ajedrecista mendocino, Miguel Abraham - Mendoza Post
Martes 15 Sep 2020 11 días atrás
porJorge Luis Fernández (*)

"Y de pronto, en este penoso ningún lado, de pronto, el inefable sitio donde el puro demasiado-poco incomprensiblemente se transforma, trocándose en ese vacío demasiado-mucho. Donde la cifra de muchos números se queda sin ninguno."

(Rainer María Rilke)

...

Miguel Abraham (**) (1950-2020) In Memorian

Ya no está el Club Español de las siestas y atardeceres, donde "los viejos vinagres" íbamos a cultivar el ocio. Pero en mi mente, resuena un estribillo que anunciaba la llegada del peregrino, un himno que iba subiendo por la media oscuridad de la escalera al primer piso. Era el grito de alegría, de exaltación del espíritu con el cual se anuncia la llegada de la buena nueva. "¡Ya llegó Miguel, la alegría de la chess! ¡Ha llegado Miguelito, ha llegado el más bonito!" y todos sonreíamos, porque era cierto. Ni te cuento si estaba Gabriel Massut, era una fiesta, de esas que alegran las calles tristes del poniente en los días de lluvia.

Llegaba y el consabido: "Te juego un match" desafiaba. Si perdía: "Bueno, bueno, ganaste, pero ahora te juego por el campeonato del mundo. El que gana éste gana todos los campeonatos". Siempre doblar, siempre apostar, siempre dudar de los conceptos.

Día del Amigo de 2014 en la Federación Mendocina. Miguel Abraham en primera fila (sin gorro).

Jugar con él era difícil, pues era un rival complejo, había que demostrar la ventaja. Recuerdo varias veces en que "Ale" Needleman, el "Frasco" Salguero y yo opinábamos en su contra, tratando de que aceptara que estaba perdido en una posición. Podían pasar horas, no se cansaba. Es como querer ganarle al viento, al siroco.

Hay ajedrecistas que nunca llegan a campeones, pero son los denominados campeones sin corona. Casos famosos son Efim Geller, Víctor Korchnoi, Paul Keres, por citar a los menos. Miguelito Abraham pertenecía a esa casta; nunca fue campeón mendocino, pero tuvo un título supremo, integró un equipo de leyendas del ajedrez, en la edad dorada del juego ciencia, que está muy lejos de esto que ahora llaman "ajedrez". Un equipo que ganó el Campeonato Argentino por Equipos de 1998, en Córdoba, la única vez desde 1930 en que Mendoza lo logró. Y su partida contra el entrerriano Iván Pesutto fue decisiva. Tenía esas cosas, podía derrotar a cualquier rival por más fuerte que fuera porque él no creía en los dogmas, el creía en la fuerza del hombre frente al tablero, en el cálculo concreto, como buen contador. Una vez me dijo: "A todos los deportes que jugué salí campeón, salvo al ajedrez". Yo me reía. "El ajedrez no es un deporte" le contestaba. Tuvo el título que sólo cinco ajedrecistas mendocinos tuvieron. No es poco, Miguelito.

Miguel duerme hoy. La antigua sentencia de Mac Arthur, es más real que nunca: "Los viejos soldados nunca mueren, tan sólo se desvanecen". He repasado algunas de sus partidas mientras pensaba en esta realidad que nos golpea y son recuerdos que se agolpan de tantos años, su mirada inquisidora: "Pero decime, esto no puede estar bien, yo estoy mejor, tengo ataque". Sí, Miguelito, esta vez tenés razón. Nos has dejado el inmenso vacío, la reflexión fuera del ajedrez, el cántico, los dichos, las rimas. Juguetes con los cuales consolarnos. Pero esta congoja supera las tardes, las noches y se proyectará en los torneos cada vez que nos juntemos a mover maderitas, una belleza que sólo sucede en la mente. La belleza que alguien definió como una revelación inminente, como que algo puede pasar y que nos quiere decir, nos quiere anunciar. Y de allá lejos, como un cántico, como un haka, va cobrando fuerza y nos hace sonreír: "Ha llegado Miguelito, la alegría de la chess..."

...

"¿...quién, si yo gritara, me escucharía entre las órdenes angélicas? Y aún si de repente algún ángel me apretara contra su corazón, me suprimiría su existencia más fuerte. Pues la belleza no es nada sino el principio de lo terrible, lo que somos apenas capaces de soportar, lo que sólo admiramos porque serenamente desdeña destrozarnos. Todo ángel es terrible".

"Así que me contengo, y me ahogo el clamor de la garganta tenebrosa. Ay, ¿quién de veras podría ayudarnos?"

(Rainer María Rilke)

...

(*) Jorge Fernández es Master FIDE de ajedrez.

(**) Nota del Editor: Miguel Abraham (69) fue un gran ajedrecista, y reconocido profesional y comerciante mendocino. Falleció ayer de coronavirus mientras estaba internado en el Hospital Español de Mendoza, esperando su recuperación.