Por favor, denle clases a mi hijo - Mendoza Post
Martes 1 Sep 2020
porAna Montes de Oca
Periodista

El Derecho a la Educación se encuentra garantizado en nuestra Constitución Nacional en el artículo 14 desde el mismo momento en que fue sancionada en el año 1853 y se encuentra reforzado por diversas  Convenciones y Tratados Internacionales sobre los Derechos Humanos. 

Sin embargo, 60 chicos de quinto grado de una escuela céntrica de Mendoza no están accediendo a este derecho porque sus profesores decidieron que no van a dar clases virtuales "por su seguridad". Los niños no han tenido una sola clase de matemática ni de lengua desde que comenzó la cuarentena. Y, por supuesto, no entienden nada. 

Se trata de alumnos de los dos quintos del turno mañana de la escuela Domingo Bombal, ubicada en pleno centro de la Ciudad. Lo que también llama la atención es que madres de estos chicos, que tienen hermanos en todos los grados de la escuela, sí tienen clases virtuales. 

Otros grados de la misma escuela sí tienen clases.

En primera persona

Yo soy mamá de uno de esos 60 chicos. 

Quinto grado no es fácil. Los padres, aún los que tenemos el privilegio de haber podido cursar estudios universitarios, no estamos preparados para enseñar. Podemos saber lo que es un múltiplo y un divisor, pero explicarlo es diferente. 

Hemos pedido incontables veces a los docentes que les den clases a los chicos porque, desde el comienzo de la pandemia, solo dejan "tareas" a realizar en la plataforma de la DGE, Sin explicaciones, sin didáctica, sin pedagogía. Sin contacto con otro ser humano. Les pedimos que nos dejen links con clases de otros docentes o que hagan videos sin mostrar su cara, pero que den clases. 

Así son las tareas. El profesor deja cada lunes una hoja de "situaciones problemáticas" para cada día y ese es su trabajo de la semana. 

El contacto con otros

Unos días antes del Día del Niño, luego de armar un grupo nuevo de WhatsApp (porque la docente cerró el que había con ella y sólo ella puede escribir), descubrimos que había cerca de siete niños que eran alumnos nuevos.  Esos chicos no tenían contacto con nadie. Habían perdido a sus antiguos compañeros y no habían llegado a hacer nuevos amigos en la nueva escuela. Los docentes nunca hicieron una reunión virtual para integrarlos. 

Ver también: "El país donde son más importantes las discotecas que la educación"  

La hicimos las mamás. En una tarde organizamos un encuentro virtual de los chicos en su día y la alegría que ellos tenían era conmovedora. Contaban los días para "el zoom de la escuela". No estuvieron muchos, pero hablaron entre ellos como una hora, casi sin respirar, contentos de ese "contacto" con otro niño. Ninguno tenía vergüenza, esa que nos daba a nosotros cuando conocíamos a algún amiguito nuevo: "¿Cómo te llamás, tenés hermanos, dónde vivís, tenés mascota?", se preguntaron y se contaron todo. "Qué lindo volver a la escuela", dijeron, sintiendo que estaban allí solo porque ya no estaban solos. 

El Día del Niño se conocieron

Estos 60 chicos tuvieron uno o dos llamados con cada uno de sus dos maestros en todo el año. Después de las vacaciones de invierno, decidieron que solo harían llamadas telefónicas porque no querían videos, se quejaron de que los alumnos les mandaban mensajes fuera de su horario de trabajo e incluso, que un alumno le había mandado a la maestra un WhatsApp un sábado a la una de la mañana. Era mi hijo. Le deseó buenas noches.  

La docente no me avisó para que yo pudiera retarlo por sacarme el teléfono para escribirle a la seño. Pero tampoco se preocupó. ¿Y si es un niño abusado o maltratado que pide ayuda?  La decisión fue decirnos a los padres que los alumnos no debían contactarse con ellos si no era a través de los padres.

"Una de las funciones muy importantes de la escuela es la de visibilizar las conflictivas infantojuveniles", subrayó el director de DOAITE, de la DGE, Miguel Conocente, alertando que, al desaparecer el contacto diario entre los chicos y la escuela, los casos de abuso se invisibilizan

Buscando respuestas

Apenas comenzó la segunda parte del año, los padres planteamos esta situación y la vicedirectora de la escuela dijo que verían la forma de que los chicos tuvieran clases. Sin embargo nada ocurrió. Entonces me comuniqué con la directora y la supervisora. Ambas se preocuparon y luego la docente de lengua hizo dos conferencias con los chicos. Pero ninguna clase. Solo les preguntó cómo iban y les dijo que estaban haciendo todo muy bien.

Ante esto, volví a comunicarme con la directora, que me dijo que haría una reunión de padres. Le recordé que los niños necesitan clases. Y también le escribí a la supervisora cuya respuesta fue "El seguimiento y acompañamiento a los equipos directivos y docentes es permanente. Confíe en la escuela que eligió para su hijo y siga acompañando como familia". 

Lástima que el seguimiento y acompañamiento no es a los niños. 




  

  

    

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