Por qué Suarez decidió no volver a la cuarentena dura - Mendoza Post
Viernes 17 Jul 2020Viernes, 17/07/20 atrás
porRicardo Montacuto
Director Periodístico

En los casi cuatro meses de pandemia y de progresión de la cuarentena, seguro que el gobernador Rodolfo Suarez aprendió algo: de cada decisión que toma, alguien come... o no. Alguien cierra y se funde, o aguanta un poco más. Alguien pierde el trabajo, o soporta la crisis sobre sus hombros.

Puede que los intendentes y buena parte de la población hubiesen esperado un duro retroceso en estas horas, de cara al Día del Amigo y teniendo en cuenta un puñado de datos: el aumento de casos de este mes en sólo dos semanas, y la cantidad enorme -miles, en realidad- de multados, presos, e imputados por distintas violaciones a las normas sanitarias impuestas por el gobierno para contener el avance del coronavirus, incluso con bajas en las filas de los servicios esenciales: cien médicos y siete policías fueron contagiados en nuestra provincia.

¿Por qué Suarez decidió no retroceder aún en contra de la opinión de los intendentes más poderosos del Gran Mendoza, algunos incluso de su partido? Porque el gobernador se convenció de que el virus y la economía deben convivir en un incómodo matrimonio con todos nosotros adentro. "No podemos seguir retrocediendo en la economía, porque la gente se funde..." explicaron en el gobierno.

En las últimas horas, entre el gobernador, la ministra de Salud Ana Nadal y los intendentes han sacado cuentas con los números sobre la mesa, sobre todo luego del récord de 44 casos del martes. La conclusión fue que la situación epidemiológica de Mendoza es buena a pesar del aumento de casos, aun teniendo en cuenta que hay una treintena "larga" de contagios sobre los que no se pudo establecer el nexo epidemiológico. "El virus circula en la provincia" dijo ayer la ministra ante los medios, aunque se plantó antes de admitir que esa circulación es comunitaria. En el momento en que se reconociera tal cosa el control de la cuarentena, la libertad y la economía de los mendocinos pasarían a administrarse desde las oficinas de la Jefatura de Gabinete de Ministros de la Nación que ocupa Santiago Cafiero.

Controles en el ingreso a Potrerillos, la semana pasada.

Veamos los números. El mes de marzo tuvo 14 contagios y una persona fallecida. En abril las cosas se pusieron difíciles, con 65 personas contagiadas y ocho muertos. En mayo fueron 15 casos y no hubo fallecidos. El mes pasado las personas infectadas fueron 68 y murió una persona. En los 17 días que lleva el mes de julio los contagiados fueron 220. Es más que los producidos en todas las semanas desde que empezó la pandemia. Además, tres personas - entre ellas la primera mujer víctima del virus- perdieron la vida este mes. El balance total indica 382 casos positivos confirmados. 53 casos importados, 295 por contacto estrecho con alguien que vino de otro país o dio positivo de Covid-19 y 34 en investigación epidemiológica. La provincia tiene 132 personas recuperadas y 13 fallecimientos, de acuerdo a la estadística que publica todas las noches el ministerio de Salud de la provincia. Es cierto que estamos en una "trepada", pero estamos lejos de lo que ocurre en el AMBA con cuatro meses de cuarentena dura, 20.000 comercios que no volverán a abrir, cien mil contagios entre los distritos más grandes, y cientos de muertos.

La progresión de casos de la semana ayudó a "bajar" la fiebre social. Si los positivos se hubiesen mantenido en más de 40 por día, probablemente Suarez habría decretado un retroceso como el que pregonaban los intendentes, aun los más extremos. Dos de ellos son el peronista Roberto Righi en Lavalle, que suspendió hasta las reuniones familiares , bares y restaurantes y servicios religiosos a causa de sus cinco casos de nexo conocido, lo que en el gobierno consideraron una exageración absoluta; y el radical Juan Manuel Ojeda en Malargüe, que quería cancelar el turismo interno por completo hasta que en el gobierno le dijeron que dejarían afuera de la prohibición a Las Leñas y el distrito de Los Molles. "Poné un control, y que la gente doble para el otro lado" le habrían sugerido, para que los prestadores turísticos de la zona trabajen un poco este fin de semana. Las nuevas medidas fueron plasmadas anoche en el Boletín Oficial de la Provincia.

Ibañez y Mariana Juri, en los anuncios de ayer.

Otro dato empujó a Suarez a sostener las condiciones de "cuarentena administrada" sin más restricciones de las que ya rigen: las comprobaciones del asentamiento Castro de Guaymallén dieron negativo, todas. Allí hay un mundo aparte donde los habitantes se juntan todo el tiempo, o juegan al fútbol, como ocurrió. "Si había positivos ahí, corríamos el riesgo de que hubiese un reguero de casos hacia Pedro Molina, La Favorita, y otras barriadas populares con la que la gente del Castro mantiene contacto" dijo una fuente.

Suarez no sólo habla con su gabinete o los intendentes cuando toma decisiones respecto de la cuarentena. También conversa con gente común. Vecinos, comerciantes... cualquiera. Costumbre que le quedó de su época de intendente. No tuvo el gobernador la presencia de ánimo de volver a restringir la economía. "Hay que convivir con el virus... y cuidarse" sostiene. Por eso terminó optando por las restricciones puntuales que le pidieron desde Lavalle y Malargüe. Para el resto, el gobierno optó por reforzar guardias, vigilancia y controles para que se cumpla lo que hay y que muy pocos observan a rajatabla. Especialmente, las prohibiciones sobre las "juntadas" de amigos y las reuniones familiares a tiempo completo.

No se evaluó regresar a la antigua "fase 1" como ocurrió en varios distritos ante el abrupto aumento de casos, como en la CABA y el conurbano bonaerense. "Nada nos garantiza que si volvemos a la cuarentena cerrada, en 20 días no tenemos más casos... lo que se evaluó, es que las cifras son razonables y que hay que mantener algo de movimiento, y comida para la gente..." dijo un funcionario. Hay preocupación por los que viven de "la diaria" y no reciben ATP, ni IFE, y en muchos casos ni siquiera la AUH.

Las ideas de pasar el Día del Amigo a noviembre o diciembre no prosperaron. Se habrían producido dos desbordes en vez de uno, probablemente. Tampoco la prohibición lisa y llana. "Se habrían reunido igual... y hubiese sido imposible de controlar. Al menos así vamos a saber quiénes van a estar, y dónde... por si hay contagios..." dijo uno de los funcionarios consultados.

Ahora, lo que queda es esperar, ver la evolución de los casos, y si la campaña de prevención y advertencia da algún resultado de cara a los festejos que culminan el lunes.