El viejo Sábato y la adolescente que le preguntó por el tiempo - Mendoza Post
Miércoles 24 Jun 2020Miércoles, 24/06/20 atrás
porAna Montes de Oca
Periodista

Sábato no era de mis escritores favoritos. En la adolescencia, las historias oscuras no pegan bien (al menos cuando estás disfrutando de esos años), y sus personajes atormentados no me eran muy simpáticos. 

Yo vivía algo lejos de Santos Lugares, pero la amistad me llevó a la vuelta de su casa. Iba cada tanto a la casa de mi amigo sin saber que la medianera de atrás, separaba su patio del patio de ese señor que me había dejado grabada en la mente una frase: "Lástima que cuando uno empieza a aprender el oficio de vivir, ya hay que morir". 

Hasta hoy me retumba en la mente esa frase como obsesiona el tic tac de un reloj a cuerda en la mesa de luz.   

En cuanto supe que el escritor vivía ala vuelta de la casa de mi amigo, salí corriendo. No le hice ningún caso a sus gritos de que no le gustaba que lo molestaran y que no era muy simpático. Los escritores, generalmente, no son simpáticos, no tienen que serlo. Bastante nos regalan con sus obras. 

La casa blanca y amarilla

Apenas di la vuelta a la esquina y vi la casa, lo vi. Estaba ahí, regando las plantas de esa selva que tenía en el patio delantero de la casa blanca y amarilla, caminando de memoria con la regadera, con los anteojos típicos de los escritores.  

Le pregunté como si fuera un tío: "¿Puedo hablar con usted?". Él me preguntó para qué y yo le dije que para poder contarlo, alguna vez.

Dejó la regadera, me abrió la puerta y charlamos un buen rato sobre el tiempo, la luz, la oscuridad y, claro, la ceguera.   

Él tenía ya 80 años y yo 17. Estaba sorprendido y curioso. No habló conmigo como un maestro educando, me hizo más preguntas de las que pude hacerle yo. Parecía querer absorber un poco de la juventud que se le había aparecido "como el cuervo de Poe, pero alegre", me dijo. 

Le agradecí el tiempo que me dio y cada palabra que recuerdo para siempre. Ahora sí es uno de mis escritores favoritos, pero no por sus libros.