Aconcagua: el brazo de una turista que estuvo medio siglo perdido - Mendoza Post
Sábado 16 May 2020Sábado, 16/05/20 atrás

Cuando el mundo era pre-coronavirus, el pasado 9 de febrero, el porteador Marco Calamaro trabajaba en el Campo 2 de la ruta del glaciar de los Polacos del Aconcagua. Mientras colocaba unas cuerdas notó la presencia de una cámara de fotos vieja que descansaba al sol sobre un penitente que se derrite como mucho hielo del cerro. Era una Nokomat con más de 25 fotos realizadas y posiblemente con el rollo en su interior. La tomó con cuidado. La llevó hasta el campamento 3 de Los Guanacos y se la dejó a Pablo Betancourt, un fotógrafo especializado en montaña, quien dijo que no la abrieran, la mantuvieran en hielo para después llevarla a algún laboratorio especializado. Era sin duda, una máquina misteriosa. "Esta puede ser de la yanqui que murió en 1973", contó uno de los montañistas expertos que se acercó a ver. Lo miraron con seriedad porque es un hombre curtido en los miles de secretos que guarda el cerro.

El 11 de febrero, dos días después, a cien metros de donde estaba la cámara, otro porteador, Fernando Arnaudi, dio con una mochila de corte setentista y un equipo de montaña: ambos objetos tenían un letra-set adherido con el nombre Jannet Johnson. Arnaudi decidió dejarlos allí y esperar a buscar a ambos hallazgos junto con un colega.

De modo que el 23 de febrero cuando Arnaudi y Calamaro fueron por los elementos, a unos cien metros de donde estaba la mochila vieron algo que les provocó un escalofrío que se sumó al frío reinante. Una mano de tono pálido-zombie semienterrada asomaba desde los restos de tierra y hielo que comenzaba a descongelarse. Cuando se acercaron no tuvieron dudas: era un antebrazo izquierdo momificado con su mano apiñada; en su muñeca aparecía un reloj de mujer con su malla un poco desarmada. Algo parecido a lo que debe haber sido un pulóver rojo cobijaba ese resto humano.

A los pocos días, un helicóptero de la Patrulla de Rescate de la Policía con el fotógrafo Betancourt a bordo, fueron a buscarlo. El antebrazo fue enviado al Cuerpo Médico Forense, tal como lo decidieron desde la fiscalía interviniente.

Historia

A mediados de enero de 1973, un contingente de escaladores proveniente de Estados Unidos llegó a Mendoza con la idea de hacer cumbre en el cerro Aconcagua. El grupo pertenecía al Club Mazamas de Portland y estaba compuesto por Carmie Defoe, abogado y jefe de la expedición; Jim Petroske, psicólogo; William Eubank, médico; John Shelton, estudiante de geología; Arnold Mc Millen, ganadero; William Zeller, policía experto en huellas dactilares; John Cooper, ingeniero de la NASA y parte del Proyecto Apollo; y Janet Johnson, maestra, la única mujer.

El guía era el mendocino Miguel Alfonso, experto en el Aconcagua, quien ya se había entrevistado con los expedicionarios un año antes en Estados Unidos. No se trataba de una expedición más ya que la previa fue profusamente cubierta por los medios. Y terminó siendo de las más extrañas. Y sobre todo trágica.

John Cooper, el hombre de la NASA que murió en el Aconcagua.

De movida, de los ocho integrantes, dos vivieron situaciones mínimamente particulares antes de adentrarse en el Aconcagua: al ingeniero Cooper un policía le llamó la atención cuando hacía fotos a un edificio castrense; mientras que la docente Janet Johnson (38), por su parte, sorprendió a todos al tirarse a la pileta desnuda en el hotel Nutibara del Ciudad, donde se alojaba la expedición. Ambos, pocos días más tarde, morirían entre los hielos eternos del cerro mayor de América.

Sus cuerpos serían trasladados tiempo después; Cooper ese mismo 1973 pero en noviembre; mientras que Janet, cuyo cadáver estuvo oculto en la nieve, fue hallado dos años más tarde. El cuerpo de la maestra no fue recuperado del todo: su brazo izquierdo se había enquistado en el hielo y lo bajaron en calidad de cadáver manco.

Expertos

Los expedicionarios norteamericanos contaban con experiencia en subir montañas altas; entre los ocho sumaban más de cien ascensiones. Decidieron acceder al Aconcagua por la ruta del glaciar de los Polacos.

El 19 de enero de 1973 comenzaron al ascenso, pero los problemas no tardaron en aparecer. En el día sexto, el abogado Dofoe, jefe de la expedición, y William Eubank, médico, sufrieron un edema y el psicólogo Jim Petroske registró problemas pulmonares. El guía mendocino Alfonso tuvo para sí que lo mejor era que ambos se quedaran en el campamento a la altura de 5100 metros y volvió por los cinco restantes que seguían por los hielos rumbo a la ansiada cima.

La expedición en el patio del hotel. Janrt, de camisa a cuadros. Cooper, el de bigotes. (Foto: El Lado Oscuro de la Historia)

Cuando Alfonso se reencontró con el grupo, advirtió que el estudiante de geología, John Shelton, era directamente otra persona: se presentaba muy violento, hablaba incoherencias y su rostro comenzaba a hincharse. Alfonso optó acompañar al joven al campamento, que al parecer era víctima del mal de alturas. Y dejó que los cuatro expedicionarios restantes siguieran solos camino al objetivo. Sería la última vez que vería con vida al ingeniero Cooper y a la docente Janet.

En el intento de llegar a la cima habían hecho pareja de cordada Zeller con Janet y Mc Millen con el ingeniero Cooper. Pero al regresar, después del fallido intento de hacer cumbre, a cada pareja le faltaba un integrante.

El policía experto en huellas William Zeller y el ganadero Arnold Mc Millen fueron encontrados por Alonso y otro expedicionario. Los dos norteamericanos estaban fuera de sí en el medio de la desolación de la montaña. Hablaban incoherencias.

El hallazgo del brazo, en febrero de este año. (Gentileza)

Zeller repetía que a Janet la habían ido a buscar unas mujeres en mula y que se la habían llevado. Arnold Mc Millen, por su parte, hablaba de edificios y de caminos asfaltados que se abrían en la montaña. Ambos estaban prácticamente ciegos y, aparentemente, presos del delirio.

Mc Millen dijo más tarde que Cooper había decidido regresar por sus propios medios. Mientras que el policía Zeller dio una serie de versiones contradictorias en referencia a Janet: primero contó que cuando sufrieron una caída la docente le dijo que siguiera solo, que ella lo alcanzaría. Pero después cambió la versión: "Me dijo que la dejara morir allí". El caso es que el hombre la abandonó. También el policía declaró que durante su descenso vio a Cooper en un lugar inaccesible, que estaba como sentado y que creía que estaba muerto.

La llegada a base de los sobrevivientes fue noticia nacional: dos de los ocho expedicionarios habían quedado en Los Polacos y nadie dudaba de que habían fallecido. Como medida preventiva, el juez del Segundo Juzgado de Instrucción, Miguel Calandria Agüero, hizo detener al guía Miguel Alfonso en la seccional 23 de Uspallata pero en menos de 24 horas el hombre estaba en libertad.

La maestra Janet Johnson. (Foto: El Lado Oscuro de la Historia)

Los sobrevivientes declararon ante Calandria Agüero y se puso especial hincapié en los dos últimos que vieron a los fallecidos ya que sus dichos cambiaron radicalmente: el juez tuvo para sí que en más de un momento los hombres habían delirado cuando fueron rescatados y sus palabras carecían de sentido. "El caso fue investigado como averiguación muerte", recuerda el juez ante este diario 47 años después. En pocos días, los visitantes regresaron a Estados Unidos.

El cuerpo del ingeniero

Después de una serie de tormentas de nieve, quedó claro que el cuerpo de Cooper no podría ser rescatado sino hasta el verano siguiente. El lugar era inaccesible aún para los más expertos. A pedido de su familia, una comisión encabezada por el mismo Alfonso fue a buscar el cuerpo de Cooper a comienzos en noviembre de 1973.

El cadáver, a diferencia de lo que habían dicho los dos últimos sobrevivientes, no estaba sentado sino acostado. Sus ojos celestes estaban abiertos, su boca entreabierta y de acuerdo con las crónicas de época, el rostro del ingeniero estaba ganado por una "mueca de terror". A la altura del tórax encontraron un orificio similar al de un impacto de bala. En su mochila, se sabía que llevaba una buena cantidad de dólares (él los había declarado). Pero no fueron hallados. Además se encontró el diario de viaje del ingeniero.

El 1 de diciembre de 1973, después de un trajinado traslado, el cadáver de Cooper fue sometido a la autopsia en el hospital Emilio Civit. Lo que en un principio se podía confundir con un impacto de bala terminó siendo una herida hecha con la piqueta de escalamiento que llevaba el ingeniero para el ascenso en la zona de los glaciares. Pero esa piqueta nunca fue encontrada.

El contenido del diario íntimo de Cooper se filtró a la prensa con rapidez y mostraba algunos de sus párrafos llamaron la atención de los pesquisas, como cuando indicaba que se llevaba mal con la maestra Janet, a la que definía como "fea". También escribió que en una conversación, Janet le había afirmado que de morir en el Aconcagua, le gustaría que la enterraran en el cementerio de Puente del Inca. Además, indica que la docente le confesó que días antes de partir a la Argentina había sido abandonada por su pareja y que fue varias veces a verla a la casa hasta que su ex tuvo que llamar a la policía debido al acoso de la mujer. "Ella me dijo que llegar a la cima del Aconcagua era un modo de demostrarle a su ex que ella podía hacer cosas importantes", había escrito el ingeniero.

"Aparece" Janet

El 9 de febrero de 1975, de casualidad, un grupo de andinistas pertenecientes al Club Andino Buenos Aires, dio con el cadáver de Janet Johnson. Estaba muy cerca de donde, un año y medio atrás, había sido rescatado el cuerpo de Cooper.

Janet estaba momificada y su brazo izquierdo soldado al hielo, por lo que cuando fue rescatado, esa parte del cuerpo quedó allí. Y el posterior traslado se hizo con el cuerpo sin el brazo izquierdo, de acuerdo con lo que indican los diarios de la época.

El expediente fue reabierto por el juez Calandria Agüero, ya que se hablaba de "evidencias" en la autopsia de que Janet -al igual que Cooper- en realidad había sido asesinada. Medios del país -especialmente la revista Siete Días- le dedicaron grandes espacios al caso y los lectores lo seguían como una novela. "Nunca se comprobó nada de eso y el caso fue archivado", rememora el juez jubilado.

Los cuerpo de Cooper, y de Janet. (Foto: patrulladerescate.blogspot.com)

Tal como lo había pedido, el cuerpo de Janet fue enterrado en el cementerio de Puente del Inca. Su caso para muchos encierra dudas que no terminaron de encajar; "un caso incompleto", como dijo un periodista en su momento. Su cadáver, en cambio, después de 47 años, podrá estar completo, si se decide devolverle su brazo.

El hallazgo, en su comienzo, iba a ser trabajado por un equipo especial del New York Times, pero eso fue antes del coronavirus, cuando el mundo era otro.

Fotos de portada: Gentileza.