Mano dura a los que incumplen la cuarentena - Mendoza Post
Post: Editorial PostJueves 14 May 2020Jueves, 14/05/20 atrás

Decenas, cientos de mendocinos circulan a toda hora sin el tapabocas. O salen a correr, o andar en bicicleta, lejos de los controles. O simulan ser repartidores cuando andan por las ciclovías. Los vemos todo el tiempo, a toda hora.

Días atrás, el país asistió con asombro a la fiesta de cumpleaños organizada por una ahora ex funcionaria de La Paz para sus hijos de 15 y 18 años. Los videos eran increíbles. Papel picado, serpentinas, abrazos, risas, harina revoleada a los cumpleañeros. Ni distancia social, ni barbijos, ni cuarentena. Una burla a los que cumplen. La fiestita de unas 30 personas terminó con un total de 15 imputados por la justicia penal provincial.

Muchos mendocinos han sufrido en la cuarentena la muerte de un ser querido, y han tenido que enterrarlo en soledad. La regulación sanitaria exige que no haya más que tres personas en las exequias. Sin embargo, ayer vimos el colmo. Miles, pero realmente miles de irresponsables salieron a acompañar el cortejo fúnebre de Julio Roque Pérez, "El Loco Julio", un caracterizado fanático del Godoy Cruz. Los hinchas armaron un festival acompañando el féretro desde el Barrio Bancario al cementerio local. Fue una violación en masa de la cuarentena. Rompieron todas las normas. Entre ellas el decreto que ordena el aislamiento, el de la emergencia sanitaria, el de la salida de esparcimiento por DNI, el del uso del tapabocas. Las filmaciones y las fotos están dando la vuelta al mundo como símbolo de la irresponsabilidad argentina. El Club Godoy Cruz, la Municipalidad, la Policía, deben dar explicaciones y asumir su responsabilidad. Todos tuvieron alguna participación. Hubo algún descargo formal. El del club  da vergüenza ajena. Fuentes del ministerio de Seguridad dijeron que una vez con la gente en la calle, hubiese sido imposible ordenarlos sin reprimir. Pudo haber sido una desgracia. Identificaron hinchas pesados entre la concurrencia y miembros de la barra brava. Un papelón mundial, de todos. Especialmente de los participantes, claro.

¿Molesta el barbijo, caballero?

Todas estas acciones ocurren ante los ojos de ciudadanos respetuosos no sólo de la ley en sí, sino de la cuarentena; porque entienden el significado de violarla: podemos contagiar y ser contagiados, y retroceder en la tibia reapertura de la economía, repleta además de normas sanitarias, protocolos, distancia social, y día por medio por DNI justamente para poder trabajar y no enfermarnos. Por eso, a quienes violan la cuarentena hay que caerles con todo el peso de la ley. Con todo. Y que paguen las consecuencias completas. Sin dilaciones, sin excusas, y sin contemplaciones. Si aumentan los contagios y tenemos que volver a la cuarentena estricta como acaba de ocurrir en Santiago de Chile, el perjuicio económico, que ya es gravísimo, será devastador.

El fiscal Fernando Giunta mandó a pedir todo tipo de registros del festivo velorio del "Loco Julio". Se cree que habrá cientos de imputados por romper la cuarentena en ese carnaval irresponsable, por violar el decreto 297/2020 que ordena el aislamiento, y el 260/2020, que ordenó medidas sanitarias excepcionales.

Chile sufre con un política sanitaria. Aquí, aplausos con Piñera a la cabeza. 

Desde el 20 de marzo hasta el viernes, exactamente 5.274 personas fueron imputadas en todo el territorio de la provincia por violar la cuarentena. Esta semana se agregaron unos 300 más. Se labraron además unas 2.000 multas por no usar el tapabocas. No es gratis violar las órdenes sanitarias. La consecuencia penal bien aplicada es fuerte. Romper la cuarentena es un delito contra la salud pública. Dice el artículo 205 del Código Penal "...será reprimido con prisión de seis meses a dos años, el que violare las medidas adoptadas por las autoridades competentes, para impedir la introducción o propagación de una epidemia..."

Cuando no se respetan las medidas sanitarias sobreviene el ataque feroz del Covid-19, que se propaga como un incendio en la sequía. En Chile, el gobierno del presidente Sebastián Piñera practicó la cuarentena por zonas geográficas. Entonces, los que estaban aislados en una comuna iban a pasear o a comprar a otra, y fueron desparramando el virus. Ayer tuvieron un récord de 2.660 casos en un día, y se decretó la cuarentena total en Santiago y Gran Santiago y se dictó el estado de catástrofe. Brasil vive un desastre sanitario. El presidente Jair Bolsonaro prácticamente se burló del coronavirus. Hasta en días con cientos de muertos pedía reabrir la actividad. La principal economía del cono sur llega ya a los 13.000 muertos y 190.000 contagios. Antes, hemos visto cómo el virus arrasó vidas en China, Irán, India, España, Italia, Gran Bretaña, Estados Unidos.

En cambio, los países que fueron serios para medir, y severos en el aislamiento, pudieron volver a trabajar.

Los argentinos somos muy particulares. Somos latinos, flexibles. Para muchos, violar la norma o adaptarla a su conveniencia, es ley. Siempre hay grandes porciones de la población buscando la manera de evadir, de no cumplir. Así, cada persona que ve a su vecino violar la cuarentena sin consecuencias, lo hará tarde o temprano, probablemente porque tampoco tendrá consecuencias legales o económicas.

La responsabilidad de cada uno de nosotros es fundamental pero el rol del Estado también lo es, a la hora de controlar. Por ello, a los que violan la cuarentena poniendo en riesgo la salud y la economía de todos, hay que caerles encima con la ley, sin contemplaciones. Mano dura. Que para eso están las normas, para cumplirlas. Más aun en tiempos de pandemia.