Historias de peluqueros clandestinos que dejó el coronavirus en Mendoza

En la noche del miércoles, el gobierno provincial anunció que las peluquerías podrán volverán a trabajar. Cómo se las ingeniaron los estilistas mendocinos para mantener sus hogares durante el tiempo que estuvieron parados.

Historias de peluqueros clandestinos que dejó el coronavirus en Mendoza

Por:Florencia Silva
Secretaria de redacción

El 20 de marzo los peluqueros de todo el país cesaron su actividad debido a la cuarentena obligatoria dictada por el Gobierno Nacional. Tras el anuncio, la pregunta se formuló sola: ¿Ahora qué comemos?

En las últimas horas de este miércoles, el gobernador Rodolfo Suarez anunció que en el Gran Mendoza los salones volverán a trabajar. Ya lo habían hecho las peluquerías de las afueras, en las localidades con menos de 500 mil habitantes, según lo dispuso el decreto del 26 de abril.

Sin embargo, esta situación dejó un tendal de historias de trabajadores de este oficio que se las ingeniaron para seguir trabajando, aún con el riesgo que implicaba el delito de romper la cuarentena.

La crisis no distingue status. Peluqueros de avenidas doble apellido y peluqueros del conurbano mendocino que -por menos de lo que cuestan dos Coca Colas- te hacen corte, barba y te sirven un Fernet empezaron a atender a domicilio, con una gran puesta en escena en algunos casos, para no ser descubiertos.

La gran mayoría de las peluquerías de Mendoza permanecieron cerradas.

  Por motivos evidentes, se reserva la identidad de los jóvenes que aportaron su testimonio, ya que temen a las consecuencias.  

El "nene" de Guaymallén

El "nene", vamos a llamarlo así, aún no cumple los 18 años pero es el encargado de llevar el pan a su casa, una vivienda humilde en un barrio de casas bajas y mucha población. En plena adolescencia aprendió a usar la máquina de cortar el pelo y luego fue perfeccionando la técnica con las tijeras.  Después aprendió a hacer barbería. Su especialidad es el look de moda entre los varones jóvenes: bien rapado a los costados, con algún "firulete" y el pelo bien parado hacia arriba. Debido a que aún no cumple la mayoría de edad, no tiene salón propio y se maneja a domicilio.

Ver: Coronavirus: este es el plan de Suarez para abrir el comercio y la industria

Después del 20 marzo dice que no tuvo opción y siguió trabajando. Para su sorpresa, asegura que la demanda aumentó muchísimo durante la cuarentena. Eso sí, usa rigurosamente el barbijo y exige a los clientes que hagan lo mismo. En su mochila lleva alcohol en gel y elementos de higiene. Cada vez que termina de atender, desinfecta las máquinas que usó.

Muchos peluqueros mendocinos se arriesgaron a atender a domicilio para seguir manteniendo sus hogares.

Para seguir con su labor ideó un sistema: por un lado, avisó a sus clientes habituales que seguía prestando el servicio, por otro lado, armó una estrategia para anunciarse en las redes sociales: comenzó a publicar memes vinculados al descuido del pelo durante el aislamiento, con tres emojis: una casa, un varón con una tijera en su pelo y un teléfono.  Quiénes captaban el mensaje, la seguían por privado. De este modo, el "nene" ha continuado llevando la comida a la casa que comparte con una hermana, que cursa la primaria, y su madre que tiene una discapacidad y solo cobra una pensión.

El "código" del peluquero niño para seguir trabajando.

Este chico no es el único que ha recurrido a la creatividad. Hay casos de peluqueros que no hacen domicilio, pero han seguido atendiendo en sus casas. La regla es inquebrantable: al tocar la puerta, debían pronunciar una palabra clave, a modo de contraseña, para ser recibidos.

Del "supermercado" a visitar al cliente

La contracara del "nene" es una estilista de 35 años, que tiene un salón en Maipú, con una decoración moderna, con mucho estilo. La clase de peluquerías en la que disfrutas de un cafecito "de cápsula" mientras esperas tu turno. 

Las puertas de su negocio también se cerraron el 20 de marzo, aunque ella encontró una veta legal y permitida para seguir ganando el mango. A través de plataformas de mensajería, vende sus productos de cuidado del caballo, en forma online. 

Sin embargo, a esta peluquera que es mamá de dos chicos, los números no le daban. Los primeros días bancó, ya que cuenta que la situación sanitaria la preocupa mucho. Pero después del día 13 de abril, cuando se anunció la segunda extensión de la cuarentena, decidió salir a hacer domicilios a sus clientas de mayor confianza. No hubo mucha estrategia, salía vestida con calza y zapatillas y un carrito de compras del supermercado, por si la paraban en un control policial.

Las peluquerías vuelven, con protocolos.

Otro caso de rebusque fue el de un peluquero de mascotas de un barrio de Las Heras. Tiene la ventaja de haber vivido desde siempre allí, por lo tanto conoce a todos los vecinos y comercios del lugar. Por tal motivo, con la complicidad de un mercadito de la zona, a los clientes que hacían sus compras allí, solo a los de confianza, el comerciante amigo les daba una tarjeta con los datos del estilista de perros. 

La situación en Mendoza

En el debate previo a la segunda flexibilización, el gobernador Rodolfo Suarez pidió al Ejecutivo Nacional habilitar esta actividad. Pero la solicitud fue negada. Pidieron cambios en el protocolo.

Después del 26 de abril, según el Decreto de Necesidad y Urgencia Nº 408, las  peluquerías de las afueras del Gran Mendoza y todas aquellas que se encuentran en poblaciones menores a 500 mil habitantes volvieron a atender bajo un rigurosas condiciones que incluye: usar barbijos, delantales y guantes, en lo posible usar material descartable. Cuando no sea posible, desinfectarlo, mantener los espacios bien ventilados y funcionar con turnos para tener a la menor cantidad de gente posible dentro de los locales.

Ahora, el gobierno de Mendoza elevó un nuevo protocolo a Nación, con mayores normas de seguridad, que incluye la desinfección de los productos que ingresan al salón, los que se comercializan y la manipulación de los mismos. Esta nueva propuesta fue aprobada y finalmente volverán a abrir sus puertas.

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