Me repatrié sola - Mendoza Post
Martes 31 Mar 2020Martes, 31/03/20 atrás
porAna Paula Negri
Periodista

Volver al país después de las vacaciones, se transformó en una pesadilla. En mayor parte, dependí de mis recursos económicos y los de mi familia, para poder comprar nuevos pasajes de avión y colectivo  para el regreso. También, de las 40 personas que hicimos comunidad para darnos fuerza en el retorno a casa. La soledad, para quienes nos sentimos abandonados a nuestra suerte por gobiernos, líneas aéreas, consulados, fue el sentimiento presente. Sentir la desidia de los funcionarios, cuando cerraron las fronteras por todas partes.

Fui una de los 13 mendocinos que llegamos este domingo a las 5 de la madrugada a la desterrada Terminal del Sol, emocionalmente destruidos y mal alimentados después de 60 horas de viaje en un colectivo del que no estaba permitido bajar, sumado a días y noches enteros en aeropuertos y a la intemperie en la aduana de Puerto Iguazú.

El Estado estuvo totalmente ausente en todo el trayecto excepto por Marcelo Reynoso, funcionario de la Dirección de Calidad y Servicios Turísticos de Mendoza, que estuvo pendiente de nosotros durante todo el viaje. Ni personal de Migraciones ni las fuerzas de seguridad velaron por nosotros, al contrario, en la mayoría de las provincias pusieron piedras en el camino para que pudiéramos avanzar con protocolos que no estaban unificados entre la policías, policías viales y Gendarmería Nacional.

Estuve entre los argentinos que salimos del país para tomar nuestras vacaciones antes del 13 de marzo, cuando el presidente Alberto Fernández declaró la cuarentena preventiva y obligatoria ante la declaración de pandemia de COVID-19 de la OMS. Miles de compatriotas pagaron sus boletos de "vuelos humanitarios" de Aerolíneas Argentinas, Latam y demás empresas que a último momento cancelaban los vuelos para intentar volver.

El peor de los enemigos fue la incertidumbre, la falta de información oficial que se vio reflejada en los diálogos con la Cancillería, en mi caso el Consulado de San Pablo y Foz de Iguazú. Las sugerencias sobre los pasos a seguir estaban basadas en apreciaciones personales de un anónimo que contestaba mensajes de WhatsApp o el pedido de remitirse a la cuenta de Instagram para conocer las novedades en el paso internacional.

Mientras el Gobierno Nacional declaraba la cuarentena y ampliaba constantemente las restricciones, prohibía vuelos de cabotaje y viajes en colectivos de larga distancia, cancelaba vuelos que no fueran de repatriación; quienes habíamos decidido llegar a nuestros hogares corríamos una carrera contra el tiempo desinformados y apelando a nuestro propio criterio para tomar decisiones.

La primera señal de alarma mientras estaba en San Pablo fue la cancelación de mi vuelo del 25 de marzo desde la capital brasileña a Ezeiza. Ese ticket había sido comprado en diciembre y fue modificado el 17 de marzo -gracias a la gestión de mi madre en las oficinas de Latam en Mendoza- por un pasaje San Pablo Mendoza directo el 27 de marzo. Obvio, pagando la diferencia, primer gasto extra, además.

Desde el 17 al lunes 23 de marzo, me mantuve informada y aunque sabía que estaban cancelando vuelos, estaba confiada en que podría volver el 27 pero llegó el temido email. Latam informaba que mi vuelo del 25 a Ezeiza estaba cancelado y que podría reprogramarlo ingresando a una página que nunca funcionó.

Entré a la página de Aeropuertos Argentina 2000 y fue shockeante ver la cantidad de vuelos cancelados, especialmente a Mendoza.

En ese momento entendí que tendría que empezar a moverme si quería volver a Mendoza. Esa noche no dormí buscando opciones junto a mi madre. Después de horas de chat y llamadas coincidimos en que lo mejor era llegar a Foz de Iguazú, el límite con Misiones donde con tan solo subir a un taxi ya estaría dentro del país.

Me duché y salí al aeropuerto de Guarulhos para intentar comprar un vuelo que saldría a las 7:20 de la mañana por Latam. Pero a pesar de que en Internet figuraba que todavía habían butacas libres, los vendedores de la aerolínea me advirtieron que los estaban sobrevendidos y que recién el 27 podría salir a Foz.

Argentinos buscando respuestas en las oficinas de Latam

En la sala de Chek-in encontré argentinos varados durmiendo en el piso sobre cartones. Personas de todas las edades que estaban ahí hacía dos, tres y hasta cinco noches esperando una respuesta certera de Latam. Muchos de ellos habían comprado un segundo pasaje de un vuelo que también fue cancelado y no tenían otra opción que quedarse allí esperando que funcionarios del consulado llegaran a informarles sobre la situación de las fronteras y los vuelos.

Pasajeros durmiendo en el piso del aeropuerto de San Pablo sobre cartones.

Encontré un vuelo en la aerolínea brasilera Gol que me llevaría a Foz esa noche por lo que decidí volver a mi alojamiento para dormir lo más posible, bañarme y volver al aeropuerto. Compré mi boleto -segundo gasto en transporte- y me fui.

Cuando salía de la ciudad hacia el aeropuerto, un amigo y colega me advierte que el intendente de Puerto Iguazú, Claudio Filippa, decidió cerrar la frontera con Brasil en conjunto con los Concejales, para evitar contagios de turistas, pero a la vez llamó al pueblo a reunirse en la aduana en plena cuarentena para impedir el paso de los argentinos que quisieran entrar al país por Misiones. Por esta decisión, el cacique fue imputado.

Ante la posibilidad de ser violentada cuando llegara a Migraciones, decidí cambiar mi vuelo para el día siguiente a la noche -nuevo gasto en transporte-. Volví a mi alojamiento y al día siguiente regresé al aeropuerto por la mañana para estar atenta por posibles cambios y cancelaciones. La única forma de saber lo que realmente pasa es estando en persona en las oficinas del aeropuerto, ni teléfono, ni email.

Ese día, el miércoles 25 de marzo, el presidente anunciaba en el programa "Cortá por Lozano" de Telefé, que cerraría las fronteras y que los argentinos que quedaron en el exterior no serían repatriados.

Minutos antes, funcionarios del consulado de San Pablo que se encontraban en el aeropuerto anunciaban que los pasajeros dispondrían de colectivos que los transportarían a Foz de Iguazú. En mi interior confirmé que había tomado una buena decisión al irme al cruce con Misiones.

Mientras los propios pasajeros elaboraban listas con los datos de quienes estaban presentes, los funcionarios se retiraron a escuchar las declaraciones del presidente de las cuales no tenían ninguna comunicación oficial.

Media hora después los funcionarios volvieron y anunciaron a los casi 200 pasajeros que los colectivos a Foz no saldrían y que no tenían ni un decreto ni la letra fina de la decisión del presidente para tomar medidas para repatriarlos. Tres empleados de Aerolíneas Argentinas tomaron los datos de quienes estábamos allí y los dos empleados del consulado utilizaron otro mostrador para atender consultas particulares como necesidad de medicación, comida o lugar donde quedarse.

Fue el momento más desalentador para todos los que estaban allí. Increíblemente los argentinos mantuvieron la calma. Alrededor de las 19 los funcionarios dieron por finalizada la atención al público y se retiraron.

Personal de Aerolíneas Argentinas tomando los datos de los argentinos.

Pendiente de lo que sucedía con mis compatriotas y pegada a la pantalla de partidas, rogaba que mi vuelo no fuera cancelado. Llegué a la sala de embarque pero aún en la cabina del avión, hasta que no despegó, no podía creer que estaba más cerca de mi destino.

Una vez en el aeropuerto de Foz de Iguazú nos captaron los taxistas que por 60 reales nos llevaron a la aduana. A las 22:30 crucé la frontera y me encontré un panorama de total desidia estatal. Familias enteras, adultos mayores y jóvenes a la intemperie, dispuestos a pasar la noche allí con la misión de convocar personas que necesitaran llegar a sus provincias. El plan era tomar un colectivo de una de las únicas empresas privadas que conseguía la autorización de Gendarmería para cruzar el país.

Un nene con barbijo durmiendo sobre las valijas de su familia en la aduana de Puerto Iguazú.

Personalmente, mi padre había comprado un vuelo de repatriación de AA para el viernes 27 a las 15 desde Iguazú a Aeroparque para que yo tuviera una opción. Este sería el cuarto gasto en transporte. Pero consideré que subirme a un colectivo con destino final en Mendoza era una mejor opción, ante la prohibición de los vuelos de cabotaje.

Pasamos la noche con mucho frío en la calle. Algunas personas que constituían grupos de riesgo se resguardaron en una carpa de Gendarmería durante la noche, hasta que su vuelo o colectivo saliera. Para alimentarnos solo había un quiosco que tenía precios exorbitantes y una oferta muy limitada de alimentos.

Jóvenes acomodados en el piso intentando dormir.

El Taita Viajes SRL nos cobró 285 mil pesos un colectivo para 40 personas que atravesaría Corrientes, Chaco, Santiago del Estero, Córdoba, La Pampa, San Luis y finalmente Mendoza. Los futuros pasajeros de ese colectivo armamos la lista con los datos de cada uno de los que llegaban de madrugada, juntamos el dinero en pesos, reales y dólares junto con las transferencias bancarias. El pasaje valía 7125 pesos sin importar el destino final -quinto gasto en transporte-. La empresa no proveía alimentos durante el viaje por lo que compramos lo que pudimos calculando viajar un día y medio o dos considerando los controles de la policía y Gendarmería en cada provincia.

La elaboración de la lista de pasajeros durante la madrugada y el último paso de juntar el dinero cerca del mediodía.

Alrededor del mediodía todo estaba listo para salir pero Gendarmería advirtió que el colectivo debía cambiar dos llantas que no estaban en condiciones óptimas para salir por lo que la partida se demoró 4 horas más.

La primera parada de madrugada fue Chaco porque las fuerzas de seguridad no permitieron que el joven correntino se bajara en su provincia. Allí descendieron cuatro pasajeros, tres de ellas venían de Miami. En Chaco hicieron parar al colectivo sobre la banquina donde había mucho barro por lo que el vehículo se quedó enterrado y una máquina de Vialidad debió sacarnos de allí, pocos kilómetros más adelante, el chofer advirtió un desperfecto en los frenos que nos mantuvo 12 horas en la banquina.

Entre los tres choferes y un pasajero ex camionero intentaron arreglarlo sin éxito y decidieron llamar a un mecánico que finalmente nos devolvió a la ruta, no sin antes vivir el primer y único momento de tensión en el que algunos pasajeros discutieron. Allí dejamos otros seis pasajeros, una familia completa que venía desde Nueva York, y tuvimos la oportunidad de comprar pizzas.

Intentando arreglar el colectivo

Seguimos viaje hacia Córdoba parando en cada control que las autoridades santiagueñas dispusieron, unos 40 minutos. Logramos cruzar hacia el corazón de la Argentina y se agilizó la marcha, cuando llegamos a la terminal ya teníamos 36 horas de viaje.

Seguimos hasta La Pampa, dejamos a cuatro pasajeros en Realicó. Eran dos parejas de cerca de 60 años. Las hijas de uno de los matrimonios viajaron 200 km en dos autos. En uno volvieron ellas y en el otro los cuatro pampeanos.

Los cuatro pasajeros de La Pampa durante el protocolo de ingreso a la provincia.

En la entrada a San Luis nos tocó una demora de unas 6 horas porque la policía no nos permitía pasar. El gobierno puntano definió que quienes llegaran del exterior deben hacer la cuarentena en las residencias universitarias de la Universidad de La Punta. Fueron proveídos de alimentos no perecederos y elementos mínimos y deberán permanecer allí 14 días.

El arco de ingreso a San Luis.

Durante el protocolo de ingreso a San Luis los policías compartieron la lapicera con los pasajeros.

Pero dejarlos allí implicó una nueva demora. Nuestro colectivo estaba resentido de los arreglos mecánicos y el chofer decidió no subir a las sierras por lo que los cinco puntanos subieron a otro colectivo que viajaba delante de nosotros para llegar a las residencias. Debimos esperarlo para ser escoltados por la policía hasta el límite con Mendoza.

Minutos antes de partir a las residencias universitarias de La Punta

En el arco Desaguadero el protocolo fue muy ágil y en pocos minutos pudimos seguir viaje hasta llegar a la terminal donde nos recibieron los funcionarios de turismo y voluntarios de la Cruz Roja. Nos llevaron hasta la puerta de nuestras casas en colectivos de la empresa de provincial de transporte escoltados por la policía.

El colectivo que nos trasladó a casa en Mendoza

El chofer con un traje blanco para aislarse y un plástico entre la cabina y el resto del vehículo.

A partir de hoy me encuentro trabajando en cuarentena obligatoria desde mi hogar hasta cumplir los 14 días dispuestos para ganarle al virus. Los que decidimos volver fuimos criticados por utilizar recursos del Estado para regresar a nuestros hogares y somos cuestionados por haber decidido atravesar el mundo en crisis, para llegar al hogar. Espero que este relato sea una herramienta más para pensar desde la solidaridad.

Quedate en casa.

...

Nota del editor: La autora ya está en su domicilio, en cuarentena, cumpliendo su trabajo como periodista para Mendoza Post. Aún hay miles de argentinos deambulando por consulados, aeropuertos y terminales del mundo buscando volver al país, entre toques de queda, estados de sitio, cierres de fronteras y cuarentenas.