Testigos (des) protegidos - Mendoza Post
Jueves 27 Feb 2020
porChristian Sanz
Secretario Gral. de Redacción (click en autor)

Si hubiera pasado en Estados Unidos u otro país del primer mundo, sería un verdadero escándalo. Pero es la Argentina. Y en la Argentina todo se ha naturalizado a niveles absurdos.

Refiere a lo que ha ocurrido con el Programa Nacional de Protección a Testigos e Imputados que fue "reformulado" por el gobierno, al cual han renunciado tres emblemáticos "arrepentidos": Leonardo Fariña, Alejandro Vandenbroele y Víctor Manzanares.

Si de por sí es escandaloso el hecho de que estos hayan "abandonado el barco", más lo es el hecho de por qué lo hicieron. Justamente porque no se sienten "protegidos", sino todo lo contrario. Sus legajos, con detalles de sus vidas y confesiones, debía ser un documento clasificado, al que solo tuvieran acceso algunos pocos funcionarios judiciales.

Vandenbroele como caso testigo

Sin embargo, ello no fue así: el neo kirchnerismo los ha expuesto de manera irresponsable, poniendo en peligro sus vidas.

El de Vandenbroele es el caso más emblemático, ya que ha sido expuesto por el blog "El destape", con pelos y señales. No es cualquier sitio web, sino aquel donde los K dirimen sus asuntos personales, atacando con ferocidad a los "enemigos del modelo".

Ergo, es imposible pensar que no hubiera un requerimiento desde lo más alto del Poder Ejecutivo para que ello ocurriera. Porque, ¿quién le entregó el legajo de Vandenbroele a los que administran el sitio web de marras?

Como sea, el mensaje que deja lo ocurrido es inquietante: aquellos que se atreven a dar sus testimonios en primera persona, enfrentando la corrupción, en lugar de ser premiados son castigados.

Fariña, otro de los que renunció

En ese contexto, ¿quién se animará a partir de ahora a señalar los desaguisados del poder de turno en primera persona? ¿Quién se atreverá a hacerlo ante la chance de la exposición más cruda? Y la pregunta más incómoda: ¿Quién garantizará su seguridad personal?

A esta altura, debe mencionarse que en la Argentina hay cerca de 230 testigos protegidos, la mayoría abocados a causas relacionadas a delitos de lesa humanidad.

En segundo lugar aparecen los testigos que se vinculan a causas de narcotráfico y trata de personas.

Finalmente, están aquellos que engrosan los expedientes relacionados con hechos de corrupción. De este último grupo formaban parte Fariña, Manzanares y Vandenbroele.

Manzanares, otro que "escapó" del programa

Respecto de este último, la operación mediática que se ha llevado a cabo es brutal e impiadosa, asegurando que sus ingresos como testigo protegido fueron una suerte de incentivo para acusar falsamente a Amado Boudou en el caso Ciccone. Un absurdo que no tiene pies ni cabeza.

Porque el Programa de Protección de Testigos prevé justamente que se pague al arrepentido en cuestión una suma de dinero durante unos meses, ya que la persona en cuestión no puede volver a trabajar. Quien lo dude solo debe leer el artículo 5 de la ley 25.764.

A su vez, hay un dato que no debe pasarse por alto: no fue el testimonio de Vandenbroele el que envió a prisión a Boudou. Ni siquiera es relevante en esa causa judicial.

Sí lo es en el caso Ciccone 2, aquel que intenta determinar quién fue el financista que permitió el desembarco del equipo de Boudou en la empresa que confecciona dinero.

El exvicepresidente de Cristina fue complicado por otros testigos, como Guillermo Reinwick, yerno de Nicolás Ciccone; y Guillermo Gabella, directivo de la empresa Boldt.

¿Volvieron mejores?

Se insiste, el testimonio de Vandenbroele nada movió el amperímetro a la hora de meter en prisión a Boudou. Cuando su testimonio aún no constaba en ningún expediente, el excompañero de Cristina ya había sido procesado en primera y segunda instancia. Incluso el caso Ciccone ya había sido elevado a juicio oral.

No obstante ello, se aseguró que la prisión que purga en estas horas Boudou fue producto de los dichos del exmarido de Laura Muñoz.

"Es un hecho comprobado que los delitos de corrupción son casi imposibles de descubrir y de enjuiciar, sin la existencia de arrepentidos y de testigos que, gracias a una adecuada protección, se atrevan a enfrentar las fenomenales mafias que actúan dentro y hacia el Estado en todas las áreas con poder de contratación y de compra", dijo Alejandro Fargosi ante la consulta del Post.

Se trata de aquel que fue Consejero de la Magistratura de la Nación entre 2010 y 2014. Al mismo respecto, añadió: "Para que la protección sea eficiente y real no solamente debe dictarse una ley inteligente, que sume beneficios penales y económicos a quien facilita la investigación y castigo de los delincuentes mayores. Además es necesario que ese mecanismo esté a cargo de quienes no serán perseguidos por las declaraciones de arrepentidos y testigos, precisamente por no tener o tener poco manejo de dinero".

Fargosi habló con el Post

Por eso, para Fargosi "es inconcebible que la organización sea puesta bajo la órbita del Poder Ejecutivo o del Poder Legislativo, que son los dos sectores más profundamente infectados por una corrupción endémica y mayor a la media de casi todos los países. La protección de testigos debe estar a cargo de una agencia autárquica con autonomía presupuestaria y estabilidad al menos quinquenal. Mientras la necesaria ley no sea dictada, al menos debe ponerse bajo la órbita del Poder Judicial, algo que no es lo ideal pero es lo posible hasta el dictado de la ley".

Si eso no ocurre, según el exconsejero "los arrepentidos y los testigos se retractarán en los juicios por venir y todo habrá sido en vano: volveremos a ser asaltados por una banda político-empresario-sindical".

Colofón 

La renuncia de los "arrepentidos" al Programa de Testigos Protegidos es grave, pero configura apenas una anécdota frente a lo que se esconde detrás. El árbol que no deja ver el bosque

Porque lo relevante es lo otro, el avance del Poder Ejecutivo sobre el Judicial. Justamente aquello que intenta evitar el sistema republicano.

Se trata de un tópico que hubiera generado un escándalo de proporciones en cualquier lugar del mundo y que en la Argentina pasó sin pena ni gloria.

Ciertamente, es una postal de lo que vendrá. Mejor dicho, de lo que ocurre ya en estas horas. Es lo que ya se ha vivido en primera etapa del kirchnerato, pero potenciado y mucho más bizarro.

Porque, como dijo alguna vez Karl Mark -frase que gusta citar hasta el hartazgo a este cronista-, "la historia se repite dos veces: la primera en forma de tragedia y la segunda en forma de farsa".