Conocé a tres hinchas referentes de la pasión mendocina - Mendoza Post
Sábado 22 Feb 2020
porEmanuel Tristán
Editor de Deportes

 Hay una máxima en el fútbol relacionada al fervor de los hinchas que resume en una sola frase el sentimiento incondicional de muchos: "Sólo entiende mi locura quien comparte mi pasión". Utilizando este punto de partida, contaremos la historia de tres hinchas fanáticos de sus respectivos clubes, referentes pasionales, que si bien difieren en los colores, comparten el mismo frenesí por los escudos que adoran a tal punto de dejar la racionalidad de lado, movilizado por ese amor profundo y único.

El Loco Julio, del Tomba

Julio Roque Pérez acaba de cumplir 80 años este último viernes 21 de febrero. Nació en Ingeniero Giagnoni, Junín. Hijo de Pedro Ángel Rojas, ex jugador (y policía) de Godoy Cruz en la época del estadio en calles Castelli y Las Heras, y de Elvira Pérez, de quien adoptó el apellido debido a que su padre tenía otra familia y lo abandonó a temprana edad. "Soy hincha del Tomba desde los 12 años. Lo vi por primera vez en la cancha de San Martín y fue tal la paliza que le dio al Chacarero que de ahí me hice fanático y lo empecé a seguir por todos lados", dijo alguna vez en una entrevista.

El Loco Julio tiene su propia estatua en el ingreso al club.

El Loco es una eminencia para los simpatizantes del Expreso. Es querido y ayudado por todos, ya que lo ven como un ícono del amor incondicional al Club. Y cómo no verlo así, si Julio siempre estuvo presente en todos los partidos, de local y de visitante, en cada ruta que recorrió la hinchada y el equipo, en los entrenamientos, en los eventos, pese a sufrir muchos problemas económicos, físicos y de salud.

Al Loco se le atribuyen un par de leyendas. La primera fue que en un partido se metió a la cancha para golpear al árbitro por su mal performance y la historia terminó con una sanción para Godoy Cruz. La otra, más popular todavía, que ganó la lotería de San Juan y donó todo el dinero para construir la tribuna este del estadio Feliciano Gambarte, pese a que estaba en una precaria situación económica.

Por estas cosas, y por considerarlo un ciudadano ilustre del departamento, es que la Municipalidad de Godoy Cruz dispuso en el 2013 que el boulevard de la calle Balcarce, donde está asentado la sede del Tomba, lleve el nombre de Julio Roque Pérez.

Miki Benegas, de la Lepra

Héctor Agustín Benegas tiene 63 años y nació en San Rafael. A los 10 años comenzó a vacacionar en la casa de su tío Oscar, en La Consulta. Una vez lo trajo a la ciudad de Mendoza a ver un partido de Independiente Rivadavia en un torneo provincial de pretemporada. "Durante dos o tres años hicimos lo mismo y ahí me enamoré de estos gloriosos colores", cuenta el propio Miki, tal como le dicen de pequeño.

Su mensaje constante es "Paz en el fútbol".

El salto a la popularidad de Miki se dio en el 2012 cuando comenzó con su proyecto personal "Plan Cien Años", y que rápidamente cosechó muchos seguidores en las redes sociales. "Trabajaba los 365 días del año informando a los hinchas, subiendo datos, saludando a todos en su cumpleaños. Luego logré mucho éxito sacando fotos de la gente en todas las tribunas cuando jugábamos de local. Llegaba a las 2 de la mañana a mi casa y me quedaba hasta el amanecer subiendo las imágenes", relata con orgullo.

Héctor en el estadio Raúl Conti, de Brown de Puerto Madryn, tras un viaje interminable.

Héctor además organiza desde hace muchos años eventos solidarios y campañas relacionadas a terminar con la violencia en el fútbol. Respecto a eso, se siente "abatido" con todo lo que está pasando en su amada Lepra en estos días. También ejerce el periodismo radial con su programa "Lepra Pasión del Pueblo" (en Radio Noticias) y sigue al equipo por todo el país. "Llegué a viajar más de 35 mil kilómetros en un año", asegura.

Miki en la puerta del estadio de San Martín de Tucumán.

Miki anda por la vida con la barba teñida de azul, se cortó el bigote después de 20 años por una promesa y por el mismo motivo se rapó la cabeza por primera vez en su vida. Predica no sólo su amor pasional por el Azul del Parque, sino que además es bien recibido en todas las canchas y sueña con un fútbol sin violencia.

Lucho Rubiño, del Globo

Luis Alberto Rubiño Sánchez es fanático de Huracán Las Heras desde los 15 años. "Estábamos comiendo un asado en la casa de mi primo Martín Rubiño cuando me dijo que se iba a entrenar a Huracán. Me invitó a ir al club a conocerlo y al poco tiempo ya seguía al equipo por todos lados", relata sobre sus inicios este reconocido y queridísimo simpatizante del Globo.

"Primero iba a la popular, allí me contagié del fervor de la gente, y después empecé a ir a la platea. Una vez un médico del plantel me ofreció hacer periodismo, yo le dije que no entendía nada y él me respondió que si realmente quería al club podía armar un programa de radio. Allí nació 'Huracán Las Heras, club de sentimiento cien por ciento lasherino'", agrega.

Lucho saca fotos cuando su amado Huracán de local.

La historia continúa con una simpática anécdota. "En el 2011 fui a todos los partidos de la Liga Mendocina y el técnico de ese entonces, Luis Sperdutti, me empezó a usar de cábala porque decía que cada vez que entraba a la cancha, el equipo ganaba. Yo le respondía que en realidad eran los jugadores, pero seguí entrando y después empecé a sacar fotos en los partidos", cuenta.

En el club le dicen Bin Laden (por su tupida barba, la cual se deja desde el inicio de cada campeonato como promesa para salir campeón) y en el ascenso al Federal A en el 2016, mientras su amado Globo jugaba la final en Salta contra Central Norte, él era sometido a una compleja operación de la cabeza. "Me operó un médico hincha de la Lepra y me hizo el chiste que me iba a inyectar sangre azul, yo le dije que prefería morirme", recuerda. "Cuando me estaba durmiendo grité el gol de Maxi Herrera, y cuando me desperté ya habíamos ganado por penales. Estaba muy emocionado", añade.

Esas no fueron las únicas locuras que Lucho hizo por el equipo de calle Olascoaga. Se escapó de su casa para ir a ver a Huracán en Jujuy, en Catamarca dijo ser catamarqueño para que lo dejaran entrar a la cancha en un partido contra Villa Cubas y recientemente durmió en el vestuario visitante del estadio de Camioneros porque llegó un día antes y no tenía donde pasar la noche.

"Quiero ir por más. Seguir acompañando al Globo en todos los estadios del país sin importar cómo. Quiero más triunfos y más ascensos", asegura Luis Rubiño, destilando pasión huracánense por cada poro de su resistente y luchador cuerpo.

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