Crónicas del Subsuelo: Sebastián Moro, el asesinato permanente - Mendoza Post
Lunes 17 Feb 2020
porMarcelo Padilla

Insisto, cada vez me aferro más a la noción de "democracia elástica" que acepta e incluye como posibilidad en su "horizonte simbólico" al fascismo y sus derivados. Me aferro en tanto permite dicha noción comprender cómo funciona la época, el sentido común instalado, los posicionamientos políticos de propios y extraños, la especulación de la palabra que es ley implícita en las prácticas. Decir "fascismo" suena exagerado para muchos que ven a la democracia argentina y, a las democracias de provincia, aceitadas en el juego de contrapesos. La democracia local "permite", más que prohibir "produce" conductas de censura y prácticas de disciplinamiento. Como si fuera una maquinaria que al prohibir produce por la positiva. Amedrenta, habilita y auspicia corrientes de opinión donde estaría todo permitido hasta el punto de dejar pasar de largo un asesinato político.

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Es el caso de nuestro colega y compañero de ejercicio de la profesión Sebastián Moro. Desde que se fue a Bolivia a trabajar por la causa popular en el país vecino, hasta su confusa muerte en La Paz, a días del golpe militar sangriento que instauró un poder de facto, solo sabemos que trabajó en actividades periodísticas ligadas a la prensa rural, cubriendo situaciones de desigualdad social, informando y relatando para el periódico porteño Pagina 12 la masacre que se perpetraba contra el pueblo boliviano por parte del ejército y los grupos paramilitares. Bolivia sigue bajo un gobierno ilegítimo, hubo pronunciamientos nacionales e internacionales denunciando El Golpe de Estado, Organismos de Derechos Humanos pero también gobiernos y partidos políticos. Excepto, claro está, los que pusieron y ponen en duda la noción de golpe, como el jefe del radicalismo nacional que no tuvo empacho en declarar que en Bolivia no hubo Golpe de Estado. Sin mediar argumentaciones ni ponderar lo que implica para la región que un gobierno popular elegido democráticamente fuera derrocado de la manera que se lo hizo. Más allá de las especulaciones políticas y análisis de ocasión que algunos realizan sobre los supuestos errores del gobierno de Evo Morales, lo cierto es que Bolivia está sumida en el terror de grupos paramilitares (cochalas) que siembran el miedo en la comunidad destrozando todo a su paso, allanando locales partidarios y cuanta organización popular quede en pie. Golpe apoyado no solo por la derecha boliviana. En todo caso, la derecha boliviana hace la tarea en el territorio geopolítico que ordena la embajada norteamericana, los poderes concentrados de Santa Cruz de la Sierra y los medios de comunicación hegemónicos de la región que, en sintonía con los procesos antipopulares se transforman en escribas del diario del golpe bueno.

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Lo que ocurrió en Bolivia, para el periodismo en general, fue un "Golpe Bueno", necesario, suficiente para cortar un proceso que con sus contradicciones llevó al Estado Plurinacional a destacarse a través de indicadores de mejoramiento de la calidad de vida de los bolivianos y bolivianas. Aún en medio de una tremenda crisis internacional, la Bolivia de Evo resistía con su modelo de inclusión y desarrollo. No bastó mejorar la vida de los bolivianos, o, justamente por eso, por mejorarla, el pueblo vecino fue condenado con un golpe. El seba Moro en Mendoza andaba sin laburo y galgeando. No tuvo su lugar como se lo merecía por su incansable trabajo de periodista político. Nadie en Mendoza como él cubrió los juicios de lesa humanidad. Pasó por radios y revistas, oficiales (Radio Nacional Mendoza) y alternativas, sin embargo la decisión del seba fue irse a Bolivia. Se fue uno de los nuestros a Bolivia, mendocino, comunicador social y político, egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. Murió uno de los nuestros en Bolivia, presuntamente asesinado por grupos paramilitares. Esa es la hipótesis que hoy crece y toma cuerpo en las reconstrucciones de lo que dicen "desde Bolivia", desde que entregaron el cuerpo a su familia. Por un ACV, declararon los médicos del hospital donde estuvo internado, hasta su muerte definitiva. Lo extraño es que un ACV no produce lo que la familia sabe, quienes vieron el cuerpo con golpes y moretones, las manos hinchadas como un globo. Una atrocidad que no produce un ACV. A Sebastián Moro tal vez lo mataron, pero eso no lo sabemos porque es difícil acceder a información fidedigna. Queda la posibilidad de visibilizar el caso, que el gobierno nacional a través de su cancillería pida explicaciones sobre la extraña muerte.

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Comencé el texto con la noción "democracia elástica", la que permite olvidar y anular la memoria, para que luego algún funcionario termine poniendo una placa con el nombre de Sebastián Moro en alguna pared para la foto. No, desde la profesión, como comunicadores debemos exigir justicia. Saber la verdad, cómo es que muere en Bolivia. También los legisladores y legisladoras de la provincia deberían tomar el caso, no hacerse los distraídos, no especular si garpa o no garpa en la medición de los focus la muerte de un luchador mendocino. La democracia elástica. Evo Morales también pide justicia, el ex presidente boliviano se expresó al respecto a través de un comunicado. Sebastián Moro quedará en la memoria popular como un periodista político, un jugado en la profesión, pero antes de la épica debemos exigir justicia, reparación para sus familiares, y sobre todo la verdad. Demasiada noticia ambulante con rugbiers fachistas que matan por placer, justicia entonces, visibilidad del caso, empatía con un compañero de profesión, con la familia que está pasando por un maldito momento. También somos lo que callamos.