Solo los elegidos pueden interpretar las señales del destino.
Tenembaum para el Post: La "Jefa" nunca se equivoca
La Quinta de Olivos estaba a pleno. En primera fila, quizá por última vez, a punto de ser eyectado del mundo oficial, sonreía Hugo Moyano, muy cerquita de Hebe de Bonafini y de otras cuatro o cinco mujeres con pañuelos blancos. Estela de Carlotto, ese día, no lo llevaba.
En los lugares destacados, se mezclaban tres o cuatro referentes de La Cámpora con actores como Pablo Echarri. A la derecha del atril ubicaron a los gobernadores: Daniel Scioli, primus inter pares primera fila, la silla más cercana al centro de la escena.
A la izquierda, el poder político nacional: primero Aníbal Fernández, a su lado Julián Domínguez, y junto a él, el entonces ministro de Economía, Amado Boudou.
Parados, cerca de los ministros, estaba la familia: Máximo, vestido de negro, su mujer, y Florencia, unos centímetros más atrás.
Cuando la Presidenta entró hubo una ovación y, después, silencio. Ella, naturalmente, estaba vestida de negro, esta vez era un vestido con brillitos, como de fiesta, adornado solo con un collar clásico de perlas.
"Boudou era un hombre, claramente, de otro palo: venía del ultraliberalismo económico" .
River acababa de ascender: todavía nadie esperaba los triunfos que vendrían para ese club tan golpeado en el orgullo. Por eso, cuando ella empezó a hablar del tema, hizo una referencia a los millonarios.
-En este país parece que los únicos dos temas son River y el nombre del vicepresidente, ¿no?
Luego, pasó algo raro: se abrieron los ventanales que estaban a su espalda y entró algo de viento.
-El viento del Sur debe ser ese. Debe haber entrado. Qué increíble. Mencioné el tema del vicepresidente y entró el viento del Sur. Qué increíble.
Las cámaras de la televisión oficial enfocaron entonces a Máximo, que hizo como un mohín difícil de traducir.
Y luego, ella hizo algunas referencias un tanto místicas sobre señales y esas cosas: que unos días antes se había golpeado en un acto con la cámara de Crónica, que justo había visto a un médico que le curó la frente a "él" el día de la asunción, que se lastimó en el mismo lugar que él y así..
-Yo soy muy creyente-, aclaró.
La Presidenta entonces explicó por qué le resultaba tan trascendente la elección del vicepresidente. "Antes la figura de un vicepresidente era importante pero a partir de los hechos de público conocimiento, la figura del vicepresidente ha adquirido una demanda, un volumen, una importancia porque se ha puesto en valor la necesidad de atributos para la persona que acompañan a esta presidenta. Uno de esos atributos es el de la lealtad, y la lealtad tiene que ver con la identificación con el modelo, y en la valentía para ejercitar esa lealtad. Este modelo cuyas ultimas mediciones, en un mundo que se derrumba, nos da un crecimiento del 9 por ciento. Por eso creo que la persona que me tiene que acompañar es una persona que además de haber tenido lealtad"...
"Y así fue el inicio de algo que parecía, visto desde la foto de ese día, un paso importantísimo del entonces ministro hacia la gloria".
Luego recordó la estatización de los fondos de pensión, contó que la idea se la había traído el ministro de Economía y lo mencionó como futuro vicepresidente.
EL público se puso de pie y lo ovacionó.
Boudou se dejó zamarrear por los otros minisitros.
Los más efusivos fueron Hector Timerman y Anibal Fernández. El canciller lo rodeó con sus brazos y lo sacudió a izquierda y derecha en una especie de bailecito raro que, a juzgar por las imágenes, incomodó un poco al ungido. Fernández, en cambio, le dio una palmada fuerte en la espalda y luego un coscorrón en la nuca. Desde abajo de la tarima, Hebe alargaba los brazos hacia Boudou, que finalmente le dio un beso.
Y así fue el inicio de algo que parecía, visto desde la foto de ese día, un paso importantísimo del entonces ministro hacia la gloria, y terminó siendo, visto desde ahora, una interminable tortura para él, que todavía durará mucho tiempo.
Esa noche, cené con un par de amigos de esos que aún se definen como progresistas K. Esperaba verlos incómodos. Boudou era un hombre, claramente, de otro palo: venía del ultraliberalismo económico del CEMA, su padre había firmado solicitadas a favor de la impunidad de los militares ya bien entrada la democracia, vivía en Puerto Madero, era un asiduo participante de la noche porteña. Si algo no era Boudou, era un "progre" o un peronista. En todo caso, apenas se lo podría definir como un converso, alguien sobre el cual, como mínimo, convendría tener alguna sospechas. Al contrario, los encontré felices. Boudou ya era "Amado". Mis planteos les parecían ridículos, frente a dos hechos que les resultaban categóricos: es un hombre del "proyecto" y lo eligió "la Jefa".
Pasaron tres años. Pese a que la Presidenta explicó que había elegido con mucho cuidado el nombre de su compañero de fórmula, porque ya había tenido problemas con el anterior, las cosas salieron horribles.
¿Que pasó? ¿Nadie en la Casa Rosada le advirtió sobre la historia de la empresa Venturino, o los desfalcos en el Municipio de la Costa? ¿Nadie se preguntó como había llegado este hombre a vivir en Puerto Madero o hurgó en los problemas menores de Ciconne Calcográfica? El Gobierno que investiga hasta el mínimo detalle de la vida de jueces o periodistas, ¿no hurgó en el pasado económico, comercial y político de este hombre, no le preguntó a ex amigos o ex mujeres para ver si, en algún momento, la elección no se transformaría en un boomerang? ¿O, simplemente, el mecanismo es sencillo: ella decide y nadie la cuestiona, porque es la Jefa, y los jefes son infalibles? Por otra parte, ¿no refleja todo esto que el instinto de Cristina no siempre es fino y preciso?
En cualquier caso, el periplo de CFK con Boudou, permite obtener, como mínimo, tres conclusiones:
* Cristina puede equivocarse. Sé que esto es terrible para alguna gente; un trauma, una desilusión o una afrenta. Pero puede equivocarse. Así como Nestor no era eterno, ella no es infalible. Él era un ser humano, y ella también lo es. Ella eligió a Boudou, como promovió de la nada a Martín Insaurralde y le puso 10 millones solo en afiches para instalarlo, incluso desde un romance en Showmatch. Cristina se puede equivocar con el cepo, con la política energética, con la devaluación, con la inflación, con el Indec. En realidad, en estos años, se ha equivocado mucho y a un alto costo. Es curioso, dado estos antecedentes, escuchar a cómo muchos dirigentes dicen: "Apoyaremos a quien elija Cristina". Así. Sin dudarlo. Porque la Jefa, como se sabe, no se equivoca.
* A Cristina la rodean personas que, por miedo, obsecuencia o desidia, no hacen su trabajo como corresponde. No existió, ante una decisión tan importante, nadie en el entorno oficial que se atreviera a marcar el error. Ni los periodistas e intelectuales militantes, ni los ministros, ni ninguno de los que dicen que la quieren tanto. Cuando ella anuncia una decisión, por rara que sea, la platea se pone de pie y ovaciona: una cosa y la contraria, son muy pocos los que se atreven a plantear alguna duda. No está claro si eso le hace bien. Basta recordar la manera en que desfiló la dirigencia K para desentonar canciones de dudoso gusto durante la campaña que hacía Boudou en sus días de euforia.
* Una vez que se equivoca, tarda mucho tiempo en retroceder. Los peores dos años de gestión del kirchnerismo -los que van del 2011 al 2013- fueron marcados por la presencia enorme de Guillermo Moreno, con las consecuencias que aun están a la vista. Los hechos hablaban por sí solos, pero lo sostuvo hasta que casi cae al abismo con él. Lo mismo ocurre con Boudou, a quién lo exhibió en primera línea durante el acto con que el kirchnerismo celebró los 31 años de democracia.
Pasaron tres años y medio de aquella tarde.
Es probable que no fuera el viento del Sur lo que sopló en Olivos cuando ella anunciaba el nombre del nuevo vicepresidente. Que, simplemente, ocurriera un hecho común y natural: alguien trabó mal la puerta, era invierno, la diferencia de presión atmosférica produjo una corriente de aire y los ventanales se abrieron.
Tan sencillo como eso: las leyes de la física, que funcionan para todos.
Aunque vaya uno a saber. Solo los elegidos pueden interpretar las señales del destino.



