La ridícula toma de rehenes de la izquierda patotera en la Legislatura de Mendoza - Mendoza Post
Miércoles 18 Dic 2019
porRicardo Montacuto
Director Periodístico

Siete horas. Larguísimas, interminables y tensas. Fue el tiempo que duró el bloqueo que integrantes de grupos de izquierda, trotskistas y anarquistas hicieron a la Legislatura provincial ayer. Buscaban que los legisladores archivasen sin más el proyecto de modificación de la ley 7722, enviado por el gobernador Rodolfo Suarez el primer día de su gestión. Y no tuvieron mejor idea, para conseguir su fin antidemocrático, que aplicar un método oscuro: desde las once y media de la mañana a las seis y media de la tarde, mantuvieron como rehenes adentro de los edificios legislativos a unas trescientas personas, entre legisladores y legisladoras, empleados de la casa, asesores, y periodistas.

Más berreta, no se consigue.

Los "troskos" sostuvieron el "apriete" en la calle Patricias, en el anexo de Diputados en la calle Espejo, y en la puerta principal. Aunque esta vez se privaron de palos y piedras. Sí volaron un par de botellas pláasticas, cuando poco después de las seis de la tarde fue liberada la salida del vicegobernador Mario Abed, que se fue bajo una lluvia de insultos. Pocas veces en su vida Abed habrá pasado algo semejante, acostumbrado a los modos mejores de la política en su departamento, Junín.

Aparecieron rostros cubiertos ayer.

No se veía a productores del Valle de Uco cuando la protesta por la ley derivó en una acción de privación ilegítima de la libertad. Quedaron integrantes de grupos de izquierda radicalizados, anarquistas -un fenómeno que ha empezado a multiplicarse en el mundo- y algunos militantes de los que aparecen en cuanta protesta haya en Mendoza, para insultar al que gobierna -no importa quién- a la policía, a los mineros, al patriarcado, o a los sindicatos, a los empresarios. No importa a quién o contra qué.

Ayer quedó en evidencia que estos grupos no están interesados ni en el desarrollo de Mendoza, ni en el ambiente. Y que están dispuestos a armar una toma de rehenes y a aplicar cualquier método antidemocrático que se les ocurra, para conseguir sus fines. Un día es por la 7722, otro día puede ser por la crisis social en Chile, o en apoyo a Evo Morales. Da lo mismo. Son los grupos más retrógrados de la izquierda nacional.

Manifestantes y policías, en la Peatonal Sarmiento.

Las siete horas de bloqueo fueron difíciles. A la cuarta hora sin probar bocado -una negociación para colar pizzas por una ventana había fracasado- algunas legisladoras comenzaron a sentir la languidez, la tensión, más la preocupación por sus hijos, en algunos casos.

La decisión de no reprimir se tomó temprano. Mario Abed desde la Legislatura y Rodolfo Suarez desde Buenos Aires, donde tenía una reunión -junto al resto de los gobernadores- con el presidente Alberto Fernández. Y apostaron al desgaste, y a la negociación. Antes de las tres de la tarde fueron liberados periodistas y algunos empleados legislativos. Pero los legisladores tuvieron que esperar tres horas más.

Hubo un operativo policial fuerte para sacarlos a todos, mientras un grupo de unas 300 personas gritaba, sacudía las vallas, y cantaba que a la minería "la cuida la policía". Es así, en un estado de derecho, la policía se ocupa de la seguridad pública, aunque algunos no lo entiendan probablemente por falta de cultura cívica. La maniobra fue simple y efectiva. Simularon movimientos de Infantería para evacuar a los Legisladores por la calle Patricias Mendocinas, y en realidad, los evacuaron por la entrada principal en Peatonal Sarmiento. Un triple cordón policial custodió la salida y contuvo a los manifestantes, que estaban enfervorizados. La situación a esa hora de la tarde estaba complicada, pero había en la calle una sensación de "asunto resuelto". No pasaría mucho más, aunque el sólo hecho del bloqueo fue muy grave.

Los gritos, cuando salían funcionarios de la Legislatura.

Mario Abed no se retiró hasta que estuvo seguro de la salud de todos los que habían quedado adentro. Y a las 18:30 todo acabó. La paciencia de Abed, la resolución de Suarez de no reprimir en el momento caliente, y las intermediaciones del senador del FIT Lautaro Jiménez evitaron un desastre mayor, a lo que ya era un atentado a la democracia.

Las modificaciones a la ley 7722 serían aprobadas antes de fin de año. Hay consenso en los bloques mayoritarios. Venimos de una elección en la que entre Cambia Mendoza y el PJ, juntaron el 85 % de los votos. Rodolfo Suarez se la pasó avisando en campaña que buscaría promover la minería. Lo dijo con sinceridad y con todas las letras. Y ganó con el 50 % de los votos. Mal que les pese a los trotskistas tira piedras, la discusión por la "licencia social" está saldada. Ayer mismo a la mañana, el presidente Alberto Fernández, que promueve la minería, les dijo a los gobernadores que la situación de crisis es tal, que nadie puede esperar que el gobierno nacional esté asistiendo a las provincias. Inmediatamente dijo que "Hay que hacer, lo que hay que hacer..." para desarrollarse y generar trabajo, y destacó el coraje del gobernador mendocino Rodolfo Suarez, impulsor de modificaciones que permitirán la minería metalífera en Mendoza, "con los mejores controles del mundo", tal como prometió.

Puede que los 300 que ayer insultaron, gritaron, amenazaron, bloquearon, y produjeron una situación de rehenes, no conozcan la dimensión de la minería. Las reservas equivalen a diez veces el petróleo convencional. Producción de 1.215 millones de dólares en cinco años, y de más de seis mil millones de dólares a partir de los diez años. Trabajo directo e indirecto para casi 170.000 personas entre la construcción y la producción de los seis primeros yacimientos.

Mendoza tiene cobre, oro, plata, zinc, uranio, entre muchos otros minerales. Claro que a la vez hay que cuidar el agua y el ambiente. Nadie dice lo contrario. De hecho, el PJ y la UCR han coincidido en la necesidad de la minería con una mirada enfocada en la renta, pero mucho más, en los controles.

La provincia necesita reducir la brecha de la pobreza. Dar trabajo. Crecer. Multiplicar su matriz productiva, para llegar mejor a la gente con educación, salud, oportunidades de crecimiento. No se va a conseguir nada de todo esto, tomando de rehenes a unos legisladores.

La protesta de estos grupúsculos radicalizados no tiene legitimidad. Su único interés es la destrucción, el caos social, y ser "antisistema", porque sí, porque les parece bien ese modo de vida. Y adoptan formas y modos antidemocráticos. Se ve en los gestos, las consignas, los puños en alto, los "fuck you", y los insultos. No todos se conducen del mismo modo. Ayer mismo, por detrás de los cordones policiales montados en Peatonal, un joven treintañero bien barbado, ataviado con bermudas, morral "ideológico", gorra tipo Fidel Castro, que llevaba una bicicleta en la que acarreaba unos carteles antimineros; se acercó por detrás del cordón a insultar a la policía. Un efectivo se dio vuelta, y le pidió "retírese". El joven recién bajado de Sierra Maestra dijo "Sí..." y pegó la vuelta. A los demás, los terminaron correteando con gases después que la Legislatura fuese evacuada, cuando intentaron armar desmanes a unas cuadras.

Mendoza creció y está madura. Y la política empieza a demostrar que puede haber acuerdos. Expresiones violentas como la de ayer resultan anacrónicas. Una foto color sepia de una realidad que busca ser diferente. Si no fuera así, los trotskistas que ayer secuestraron a una Legislatura completa, serían gobierno. Pero, no lo son. No pasan de ser expresiones minoritarias, cargadas de una dosis alta de fanatismo sectario.

Esta nota habla de: