A propósito de Tévez - Mendoza Post
Martes 17 Dic 2019
porWalter Vargas (*)

Aceptado el atractivo que supone una entrevista a Carlos Tevez y descontada la legitimidad de que exprese sus opiniones tal cual lo desee, otra cosa será tomar distancia del personaje y mensurar hasta dónde sus palabras se corresponden con los hechos propiamente dichos.

Notable Tevez, en la medida que se alude a uno de los futbolistas argentinos más trascendentes del Siglo XXI, pero también notable, o cuanto menos sugestiva, la manera en la que se omite, relativiza o acondiciona la lupa en el hombre que corre tras una pelota número 5.

Hace bastante ya que en Tevez conviven el declarante delivery y el crack otoñal que vive de los ahorros de una carrera ciertamente fecunda.

Un Tevez, para que sea dicho de una vez, que hace no menos de cinco años amaga, amaga y amaga con colgar los botines y al cabo representa un forzado, brumoso émulo del célebre mantra de Aníbal Troilo, el Pichuco que jamás se había ido de su barrio, el que siempre estaba llegando.

Según el entrañable Roberto Perfumo, el Mariscal que partió de este mundo en marzo de 2016, a los grandes jugadores de fútbol les está asistida la potestad de retirarse ni un segundo antes ni un segundo después de cuando sienten que ha llegado el momento.

Interesante aquella observación de Perfumo, acaso certera y una vez aprobada de estricta vinculación con el rango de Tevez, sería sin embargo insuficiente para cancelar la posibilidad de llamar a las cosas como son.

Por más que su tono de evaluación roce las fronteras de quien se siente más allá del bien y del mal, por más ajustado que sea su relato acerca de su relación con Gustavo Alfaro, por más que cada quien sea dueño de sus palabras, de sus silencios y de su manera de ver las cosas, lo difícil no es tanto "agarrar confianza" (sic) como convencer de que conserva un nivel de juego que se en rigor conjuga en tiempo pasado.

Tan pasado y lejano como en sus últimos tiempos en la Juve: comienzos de 2015.

Desde entonces, antes y después de su intempestiva salida al mercado chino, lo de Tevez se consumó entre la sombra que dejó en pie la mano del Padre Tiempo y los arrebatos inspirados de lo que fue su marca en el orillo: calidad y mañas de potrero.

Muy enterado de esa evidencia deberá estar el futuro entrenador de Boca, escrito lo cual se entrevé que el destino de Tevez en la Ribera dependerá menos de la mirada del administrador del plantel que del eventual vigor amistoso del vínculo del delantero nacido en Ciudadela con el "mandamucho" Juan Román Riquelme.

(*) Télam, Especial para Mendoza Post