El día que la hinchada de Nápoli le declaró la guerra a Maradona por la cocaína - Mendoza Post
Viernes 22 Nov 2019Viernes, 22/11/19 atrás
porChristian Sanz
Secretario Gral. de Redacción (click en autor)

La historia de Diego Maradona y Guillermo Cóppola se inició en julio de 1985. Los presentó el ex futbolista Carlos Randazzo, un hombre que fue acusado de ser distribuidor de drogas y que posteriormente se vio involucrado en una causa penal por el asesinato de un hombre llamado Virgilio Escobar.

Dos meses después de conocerse, la buena relación entre ambos se trasladó al terreno comercial. El 19 de septiembre de 1985, Maradona se alejó de Jorge Cysterszpiller y anunció que su nuevo representante era Cóppola.

Su sociedad duró hasta 1990. Diego jugó en Italia y en ese período el empresario ganó más de un millón de dólares, siendo reemplazado por su socio, Marcos Franchi, en el manejo de los intereses del jugador.

Los mejores días de su asociación con Maradona en Italia se podían traducir en una movida continuada que se iniciaba en el restaurante La Sacristía, siguiendo en el piano bar La Stangata -o en las mejores discos de los barrios residenciales de Posillipo, Casciassa y Bella de Notte- y terminaba en el Hotel Paradiso.

Lo peor vendría luego. El 18 de julio de 1989 la hinchada de Nápoli le iba a declarar la guerra a Maradona, después de un mediocre partido frente al Pisa. Pronto se descubriría que el jugador había consumido drogas antes de jugar algunos partidos. Eso al menos había demostrado un análisis antidoping realizado a Maradona el 17 de marzo de 1991 al finalizar un encuentro contra el Bari.

Era el inevitable broche para una mala racha que se había iniciado tiempo antes, cuando una mujer llamada Cristiana Sinagra denunció al jugador por no reconocer la paternidad de su hijo -Diego Armando-, nacido en Italia el 20 de septiembre de 1986.

Cuando este tema trascendió a la prensa, Cóppola sostuvo que "Diego está tranquilo porque ese hijo no es suyo", argumento similar al que ha solido esgrimir cuando le preguntaban acerca de la adicción a las drogas por parte de su representado: "Diego nunca se drogó", aseveró en más de una oportunidad.

En ambos casos, la realidad terminaría demostrando que Cóppola estaba equivocado. Prueba de lo dicho se vio el 26 de abril de 1991 cuando la policía detuvo a Maradona junto a dos amigos en un departamento de la calle Franklin, en medio de restos de lo que aparentaba haber sido una noche de alcohol y drogas.

En ese momento todos miraron a Cóppola quien, a pesar de haberse jactado siempre de saber todo acerca de la vida de Maradona, ese día dejó de poner las manos en el fuego por él: "Yo a la cama con Diego no voy... ".

De Italia con amor

En el año 1991, en el marco de una causa por una red de prostitución en la que Maradona era acusado por distribución de drogas, Cóppola iba a aparecer rozado, por primera vez, en el tema narcotráfico.

El 5 de marzo de ese año, en el Palacio de Justicia de Nápoles se presentó, sin citación, un tal Pietro Pugliese y pidió ver al fiscal de la causa. Pugliese se presentaba como un simple empleado de seguridad de Nápoles, aunque luego se sabría que trabajaba como asesino a sueldo de la mafia local y que personificaba los estrechos lazos existentes entre la Camorra y el fútbol.

Según su propio testimonio había dejado sus actividades en 1.989, mismo año en el que conoció Maradona quien le ofrecía un empleo como chico de recados y chofer de media jornada.

Un amigo cercano al notable jugador contó: "Pugliese formaba parte de la mala gente relacionada con los aficionados del Nápoles que cada vez se acercaban más a Maradona".

Lo cierto es que Pugliese logró ser uno de los integrantes del selecto grupo napolitano a la boda de Diego en 1989.

En suelo argentino, Pietro conoció a una mujer que más tarde se convertiría en su novia, Alejandra Bertero, quien a su vez le presentaría a Guillermo Cóppola. Bertero accedería posteriormente a servir de mensajera entre Buenos Aires e Italia como representante de DIARMA, la compañía de Maradona.

Según su propia declaración, en 1990 Guillote le pidió que gestionara personalmente el envío de un paquete de diarios y revistas desde Buenos Aires. Fue entonces que un empleado suyo ubicó a Alejandra Bertero en Ezeiza y le indicó que llevara el bulto en la mano. Coincidió que ese día viajaba la Selección argentina y Carlos Bilardo tenía la indicación de alinear a Bertero junto a la delegación a efectos de ?ahorrar' detalles aduaneros.

La chica pasó como un jugador más por la puerta lateral de la aduana de Fiumicino, sin que nadie la revisara y luego le dio el paquete a su novio, quien a su vez se lo entregó a Cóppola en Nápoles a cambio de un cheque por 25 millones de liras que Pugliese cobró el 11 de julio de 1990 en la Banca della Provincia di Napoli.

En octubre de 1990, finalizado el mundial, Pietro llamó a la casa de Maradona y registró la conversación: "estoy preocupado porque la policía me está cercando ¿Puede ser que me busque por aquel paquete que me hiciste traer de Buenos Aires?".

A los pocos días, Cóppola se fue de Italia. Lo hizo tan apurado que, a pesar de los años de amistad que los unía, ni siquiera tuvo tiempo de despedirse de Maradona ni de darle las razones. Públicamente dijo: "Diego ya no lleva una vida de deportista. Mi presencia ya no le sirve... algún día me comprenderá".

(*) Extracto del libro "Poli Armentano, un crimen imperfecto" (Editorial CIEN, 2003). Especial para Mendoza Post