Hoy es mi hija, mañana es la tuya - Mendoza Post
Jueves 21 Nov 2019Jueves, 21/11/19 atrás
porMarcelo Padilla

El caso de la detención de mi hija en la plaza del Barrio Unimev el día martes a la tarde, junto a otrxs chicxs no es un caso aislado. Se reportan cientos cada mes en esta provincia. Desde el amparo en un código de faltas restrictivo de las libertades públicas el gobierno provincial en la gestión Alfredo Cornejo y, sumado a la ola condenatoria hacia la juventud, a los que protestan, a quienes luchan por una vida mejor, han empoderado a la policía que actúa sin tapujos para maltratar al ciudadano. 

La criminalización de la protesta y la estigmatización de la juventud es una constante en los barrios de la ciudad y la periferia, también en los departamentos alejados donde a los pibes se los persigue. La persecución es a la juventud claramente, amedrentando. ¿Qué hace un pibe o una piba que no puede ir a consumir a los glamorosos patios cerveceros tan de moda por estos tiempos en verano con 35 grados? Se juntan en los espacios públicos, en las plazas. En los espacios verdes. 

Ahí está la juventud que no tiene para consumir, porque no tiene un peso para sentarse en un bar o un drugstore. Eso es lo que le pasó a mi hija, menor, de 17 años, por estar en una plaza con amigxs en medio de varias familias disfrutando y soportando el intenso calor con una lata de cerveza (y cuando digo una, es una lata nomás). La policía se ha envalentonado contra nuestros pibes, le puede pasar a cualquiera. Por nombrar un ejemplo, junto a mi hija y sus amigxs detuvieron a un joven que es militar, hijo de un policía, esa misma tarde-noche del martes, detuvieron a varios, eso ya es práctica común por estos tiempos. 

Pero como no lo queremos dejar acá como un caso aislado hemos decidido en la familia hacer las denuncias correspondientes en la Fiscalía, en la Inspección General de Seguridad, en la Comisión de Derechos y Garantías de la legislatura Provincial y en la Comisaría donde tuvieron 3 horas y media a mi hija menor de edad en un calabozo de espalda contra la pared sin permitirle ir al baño y maltratándola. 

En el calabozo contiguo su novio con el perrito, si, el perrito también en un calabozo. No lo vamos a tolerar aunque aprieten y, como dije anteriormente, no es un caso aislado, motivamos a todos los padres y madres que han pasado por situaciones similares a realizar las denuncias correspondientes para frenar esta práctica represiva contra nuestros hijos e hijas. A los legisladores de la provincia tomen la demanda de los hechos para legislar en favor del ciudadano y no contra él. Si hacen plazas que las dejen usar, si se vanaglorian de los espacios verdes que contengan a los jóvenes y no los persigan ni los requisen por su aspecto ni su condición social. Que paren de perseguirlos. Una cosa es velar por el orden público (expresión de amplias dimensiones) y otra muy diferente es "caerles" a un grupo de pibes sin mediar palabra para llevárselos a un calabozo. Donde nadie tiene garantías que estarán protegidos. Eso tiene un nombre y se llama VIOLENCIA INSTITUCIONAL, lo que lleva a nuestros jóvenes a encerrarse en las casas o a rebelarse y odiar a la policía. Párrafo aparte: la formación policial pasa por el Instituto Universitario de Seguridad Pública donde participan la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales y la Universidad bajo la órbita del Gobierno Provincial.

Es momento entonces de generar una amplia discusión en esa unidad académica sobre los "planes de estudios" con los cuales forman a los policías que van a salir a la calle con un arma, intervenir ahí y más teniendo en cuenta que la facultad cuenta con un área de derechos humanos. En definitiva, los actores institucionales involucrados son varios, que se hagan cargo más allá los comunicados lavados que se hacen y se pongan a la altura de la situación. Finalmente muchas gracias por las muestras de solidaridad que hemos recibido y nos han alentado a seguir con esto adelante. Estamos dolidos y tristes pero no derrotados.