Caza de brujas: genocidio patriarcal y disciplinador - La Trenza - Mendoza Post
Jueves 31 Oct 2019Jueves, 31/10/19 atrás
porConstanza Terranova
Periodista

El 31 de octubre se celebra Halloween o Noche de Brujas en la mayoría de los países nórdicos. En la ocasión, la figura de la bruja está siempre presente como la amenaza a sortear. En estas culturas las hechiceras se representan como ancianas arrugadas, malévolas y crueles que cocinan niñes en sus calderos o mujeres hegemónicamente bellas que utilizan la sexualidad para tentar a los varones.

Sin embargo, esta imagen amenazante y diabólica responde a una construcción cultural que se viene levantando en torno a la figura de la mujer "bruja" desde hace diez siglos. En la antigüedad era la mujer la encargada de curar, atender los nacimientos, practicar los abortos, recetar y preparar remedios naturales y hasta aconsejar. Este rol implicaba conocimiento, estudio, sabiduría y sobre todo, poder en las manos de una mujer.

Fue con el inicio de la Edad Media y la centralidad de "Dios" que surgieron los mitos demoníacos alrededor del poder que las curanderas, hechiceras, brujas poseían para curar. Así, los nobles comenzaron a ser tratados por los primeros doctores, dejando la brujería para los campesinos y ciervos.

El problema fue que, con el tiempo, estas mujeres comenzaron a ser cuestionadas por las autoridades, señaladas por la Iglesia (protestante y católica). A principios del siglo XII comenzó la verdadera persecución y primeros asesinatos que se estiman en 110.000 mujeres, adolescentes y niñas.

Si bien la Inquisición jugó un rol central en la demonización de las mujeres sabias, independientes y conocedoras de la medicina, no fue la única participe. Los estados europeos y, posteriormente, norteamericano también abalaron la caza de brujas como un asunto de estado.

Según investigaciones, reconstrucciones históricas y especialistas, fue "durante el advenimiento del capitalismo que se intensificó el control hacia las mujeres, sus cuerpos, la maternidad, su rol social". En el libro 'Calibán y la bruja', Silvia Federici afirma que la caza de brujas y el disciplinamiento hacia la mujer fue "junto a la trata de esclavos y la conquista de América, imprescindible para instaurar el capitalismo moderno".

Las sabias, las promiscuas y las raras

Las sabias, las putas y las raras, cualquiera podía ser bruja durante la época de la persecución. No importaba si era una madre, hija o esposa. Miembros de las mismas familias acusaban a mujeres de practicar brujería.

Las sabias eran cuestionadas acerca de cómo una mujer podía conocer tanto sobre los poderes medicinales de las plantas sin tener una conexión directa con fuerzas maléficas (y masculinas) como el diablo o los demonios. Por lo general, estas mujeres conocían la medicina y estaban en contacto con la naturaleza, eran parteras y tenían gran respeto social. Además, muchas de ellas eran viudas o solteras independientes y propietarias de sus tierras.

"Mujeres sin marido, hermanos o hijos eran acusadas de brujería con más frecuencia para apoderarse de sus propiedades"

Este status amenazaba el rol predominante del varón de los últimos milenios, por lo tanto, había que deshacerse de ellas. La investigadora Carol Karlsen apunta que"mujeres sin marido, hermanos o hijos eran acusadas de brujería con más frecuencia para apoderarse de sus propiedades".

Desasociando completamente el conocimiento intelectual de la belleza epocal, las promiscuas eran otro grupo perseguido. En ese entonces cualquier mujer que gozará era considerada hereje. Ejercer el goce equivalía a ceder al pecado, a la tentación de Satán, pues las relaciones sexuales en las mujeres debían tener solo fines reproductivos.

Así, las mujeres que mantenían relaciones sexuales libres con hombres o entre ellas, aquellas que conocían la auto-exploración, o incluso las percibidas "bellas" eran consideradas amantes del diablo

Era muy común la asociación del aquelarre con grandes orgías demoníacas presididas por la masculina y falocéntrica imagen del diablo. Ni siquiera en un contexto "pecaminoso" podían ser las mujeres las protagonistas de su propio goce. 

Incluso, durante muchos siglos se creyó que el orgasmo femenino era parte de un trance o posesión demoníaca. Nada más alejado de la realidad, las estudiosas de este período creen que las mujeres apuntadas como brujas, eran en realidad aquellas que conocían y exploraban sus cuerpos y los de sus compañeras de aquelarre. 

Una vez más, el placer no era permitido y el mensaje era claro: quién goza, arderá en la hoguera.

Por último, queda el amplio grupo de "las raras". Para entender la persecución a este grupo en particular hay que tener en cuenta que el fin de la caza de brujas fue el dominio absoluto sobre todos los aspectos de la vida de las mujeres.

En primer lugar, las acusaciones eran moneda corriente, se consideraba bruja a una mujer que se acercó mucho a una persona que luego cayó enferma o murió, a una mujer que iba poco o mucho a la iglesia, a las mujeres que eran muy feas o muy hermosas para no estar involucradas con la brujería, incluso se denunciaban las "miradas sospechosas".

Por esto, ser rara era, básicamente, ser notada. La forma en que las mujeres fueron confinadas a la esfera privada para evitar ser acusadas de brujería fue de la mano con el abandono del estudio de la naturaleza, la exploración sexual, la rebeldía y la independencia.

La sumisión y el miedo se convirtieron en herramientas de supervivencia y aun hoy lo siguen siendo. Basta ojear un poco la Biblia para entender cuál es el rol que el hombre pensó para la mujer y sostiene aun en nuestro días.

La prueba del baño: dos grabados alemanes fechados en 1550 donde se reproduce la prueba previa a la ejecución de mujeres.