Crónicas del Subsuelo: Situación de "jota" y otras desimportancias - Mendoza Post
Lunes 24 Jun 2019Lunes, 24/06/19 atrás
porMarcelo Padilla

No soy de ir los sábados por la mañana. Habré ido dos veces, tal vez tres pero no más. Los sábados están para eso: para recuperar un día de natación que, por enfermedad o imprevistos uno se haya ausentado o lo que fuere, en definitiva uno tiene en el sábado la posibilidad de no perder un día para nadar y eso constituye una oportunidad de recupero. Cambiar el aire, aire para soportar también lo insoportable, no sé, bloquear lo olvidable por un rato y que no te succione. Por ahí despejar la mente bajo el agua, volver al agua para cambiar la piel, que te joda menos, que no te caliente ("eso") tanto, al menos por unas horas a la semana. En fin, esa placita tiene un árbol gigante que da magnolias. Me acuerdo porque una noche de marcha anduvimos por ahí con un amigo, a veces dormíamos resaqueados en los bancos, añares, ahora tiene rejas.

-Maestro!, ¿me convida un cigarro?

La pregunta venía -oblicua- de la derecha. Yo estaba sentado en un banco de plaza, al sol, fumándome un pucho luego de hacer cuarenta piletas, cerrando los ojos, descansando de lo insoportable por unas horas, un flay de irrealidad por unas horas en el agua y luego al sol. La pregunta venía -oblicua- de la derecha, y por la espalda.

-Si! Le dije, esperando viniera el pibe hacia mí. Cuando me di vuelta con un pucho en la mano vi a una persona poniéndose unas botas, sentada en el suelo, en la vereda bajo la pérgola, sobre unos cartones... era el de la pregunta.

Jota, todas las noches, duerme en la vereda de la plaza bajo la pérgola. En la placita que da magnolias ha montado una estructura de cartón plegable con sus vagayos. Se levanta y cuida choches.

-No, no me joden acá, son muy amables, la gente de la pileta me da té o café de vez en cuando, son amables.

Veinticinco años, me dice, por la edad. Vive ahí hace un tiempo luego de parar en un psiquiátrico. Una hija de tres años a la que no puede ver. Un pibe que está mal. Corta.

Charlamos sobre internaciones, pastillas, recuperaciones. El pibe se la aguantaba.

-Y...tengo familia, pero no.

-¿Te gusta la música?

-No.

- ¿Leer?

-Mmmmm, no.

Fumamos.

***

Un dos tres cua, se supone vamos camino al primero de julio de dosmildiecinueve, fecha emblemática, flemática por qué no pensarlo así, todos los aniversarios de la muerte de alguien, en ese afán, el de revivir un pensamiento o una doctrina, una concepción filosófica de la vida y del mundo, del "estar en el mundo", un dos tres cua, como si largara una partida de damas sobre el manto elástico de los domingos, se supone el último día de la semana donde van a chocar los proyectos de despilfarro de energía social, durante la contributiva acción de gracias. Nos sobra pavo, cuaquerismo, espiritualidad imperial etnocéntrica, des importancia y peores novelas políticas. Acá van y viene las novelas, editadas "en el estar" están con sus ritmos, que el agua acumula su rincón, evapora el sopor bajo la húmeda mancha que imprime el hedor popular en los bondis, en las carnicerías mala muerte, centros de salud y públicos hospitales. Ese hedor, opuesto a la pulcritud imaginaria de las clases medias, impera bajo la dominación activa de sus gobernados. Falsa conciencia, ideología, abulia, da igual conceptualmente, aquí, lo que se intenta, es eliminar el hedor eliminando al hediento. No se trata solo de la fuerza represiva física, es un cotidiano empujón al sosiego subalterno, sosiego y subalterno, manto tajeado, pluma sintética para camperas de ferias a seiscientos mangos, ruta elástica que embroca en la fractal curva de los santuarios, espiritualidad pagana que se sabe sobrevivir a pura muerte.