Kumiko, su verdad y que el Próvolo arda en el infierno - Mendoza Post
Jueves 6 Jun 2019Jueves, 06/06/19 atrás
porFlorencia Silva
Editora Post

Un monitor y una conexión a Internet ofician de medianera entre dos voluntades. De un lado, recluida en algún lugar de Mendoza, Kosaka Kumiko sostiene, fría, con templanza oriental, que es inocente de los abusos que se le achacan. Que ella no manoseó a chicos sordos ni miró para otro lado cuando otros lo hicieron, presuntamente. "Las acusaciones han sido manipuladas. Hay pruebas que demuestran que todo es falso" se apura en decir en un español perfecto, con una dicción que denota que es una mujer culta, con matices muy lejanos ya de su japonés nativo.

Del otro lado estamos los periodistas, dispuestos a preguntar e indagar en la mujer que existe detrás de la monja Kumiko, la cara femenina del caso de abuso infantil más aberrante que se recuerde en Mendoza.

Kosaka Kumiko junto a algunas de las alumas del Próvolo.

Kosaka Kumiko está imputada por corrupción de menores, con el agravante de haber sido encargada de la guarda, en la mega causa que investiga abusos sexuales a chicos hipoacúsicos,  en el Instituto Antonio Próvolo. Cumple un régimen de prisión preventiva en una congregación religiosa, de carácter reservado. Su tobillera electrónica no está a la vista, tampoco la ansiedad que supone el encuentro cara a cara, tal vez por ese motivo es que las preguntas y las respuestas son igual de lacerantes.

El debate por el caso Próvolo podría comenzar en los próximos días de junio.

Para no andar con rodeos, el interrogante que rompe el hielo va al grano. ¿Hubo abusos en el Próvolo? "Nunca escuche nada, nunca vi nada y eso que hemos conversado con los papás los días lunes cuando los traían y los viernes cuando los retiraban. Es muy llamativo todo esto".

Luego se explaya. "Hay pruebas que demuestran que todo es falso. ADAJUS (Nota de la redacción:  Programa Nacional de Asistencia a las Personas con Discapacidad ) comprobó que hay pruebas falsas, hay una manipulación del mensaje". Y apunta a los intérpretes de lenguas de señas que asistieron a los denunciantes ante la Justicia. Sin embargo admite no saber cuáles serían los motivos por los cuales se le acusa a ella.

Kumiko está en prisión domiciliaria desde el 4 de abril.

Respecto a esta acusación, al ser consultada si cree que los demás imputados en la causa también son inocentes, se refiere en forma tajante: "Yo hablo por mí, sobre las otras personas no me quiero meter".

Más allá de su situación personal, el abuso sexual de religiosos hacia niños y adolescentes es un cáncer que existe y su metástasis tiene cada vez mayor carácter público. Al respecto, opina: "Todos los abusos deben ser investigados, como cualquier delito o posible delito, pero todos tienen el principio de inocencia, hasta que se demuestre lo contrario", afirma sin evidenciar afectación.

Rápidamente vuelve a su centro. Su energía y discurso están puestos en ella y en su verdad. No le interesa hablar del Próvolo, ni de la causa, ni de los curas: "Yo espero una Justicia que no le tema a la verdad. Lamentablemente por lo que voy experimentando, es así. Trato de no pensar en el futuro, si me van a condenar o liberar porque el futuro es tan incierto. Trato de vivir el presente con intensidad, haciendo lo mejor que puedo porque pensar en el futuro me hace daño. Tengo un acompañamiento de un psicólogo, porque no me creo capaz de sobrellevar este peso sola. También tengo el apoyo de mi congregación a quien doy gracias infinitas".

La fe, para Kumiko en este presente al que dice aferrarse, tiene un asterisco: "He tenido crisis de fe, no se lo voy a negar, pero creo que como toda crisis nos ayudan a crecer".

Kumiko se desmarca rápido del Próvolo y del resto de los acusados. Al ser consultada por el trato que tenía con los curas Nicola Corradi y Horacio Corbacho , con Jorge Bordón, Armando Gómez, y otro empleado víctima de abusos y a la vez abusador, cuyo nombre la Justicia ha prohibido difundir, afirma: "Era un trato de trabajo, nos veíamos poco y nada. El ámbito de trabajo de ellos era un espacio y el nuestro era otro. Nosotras nos teníamos que ocupar las 24 horas de las niñas, no las podíamos descuidar, nuestro trabajo era estar 24 horas con ellas".

El día en que estalló el caso es un día que recuerda a fuego: "No lo podía creer, sinceramente, no lo podía creer. Me acuerdo que fue en horas de la tarde, recibí un mensaje al celular de una religiosa mandándome un link donde decía que yo estaba prófuga cosa que jamas lo estuve, que tenía pedido de captura internacional , una locura. Yo me fui en el 2012 a trabajar y estudiar a Buenos Aires y nunca estuve prófuga nunca estuvo en mi mente esa idea, todo lo contrario. Me presenté a la Justicia, estuve a disposición y sigo estándolo.  Cuando me llega ese mensajes me agarró una desesperación y no podía entender como era posible esto, hasta el día de hoy no encuentro respuesta".

Tiene buena memoria sobre su paso por el Próvolo e insiste en la incredulidad por la acusación:"Los recuerdos que guardo son recuerdos hermosísismos, he trabajado ocho años y he entregado mi vida al servicio de estos chicos. Entonces que salgan diciendo seis años después que la monja mala, la monja Kumiko no me entra en la cabeza. Por eso digo que hay una manipulación del mensaje.

Hacia el final la pregunta de despedida es sobre el mensaje que le gustaría darle a las familias que la denunciaron: " Me gustaría decirles que lamento todo esto que nos toca vivir, que así como ellos son victimas, yo también soy víctima de todo esto junto con ellos".

- O sea que deja abierta la posibilidad de que sean víctimas, expresado de esa manera ...

- "Ellos dicen que son victimas, bueno, yo respeto esta postura que toman ellos". 

Punto final y despedida: "Qué Dios los bendiga a ustedes y sus familias".