Crónicas del subsuelo: Un plan necesario - Mendoza Post
Lunes 15 Abr 2019 7 días atrás
porMarcelo Padilla

No debe haber nada más constante que lo efímero, lo que se desmorona aunque sea lentamente, algo así como una erosión producida por el viento en la jeta de una ladera de montaña, esas infinitas y dispersas casi sin existir molestamente pedregullo que también son parte de la montaña, hasta lo que vemos como una culebra en el piedemonte mendocino afirmando su existencia con la negación fugaz de la huida. 

Es porque vemos la huida que cobra existencia la culebra, esas infinitas piedras casi sin existir molestas y tediosas en los ojos de viento en la cara de sol, en la cara subiendo bajo el ocaso por la Av. Corrientes un domingo de ramos repartidos en las calles, durmiendo en las calles por el cansancio de la noche, de ser su soporte maldito de estadísticas expulsables del plan de salud mental que domina la escena. Una serie material construida en base al palanqueo. Anoche me lo explicaron así, una chica porteña que vive en las Islas Canarias y ve la realización del gobierno de M&M como parte de "un plan necesario". 

Los mandalas, lo motivacional, las energías nega y posi en los objetos las caras las cosas, lo mágico. Si el eslogan de la militancia rezaba "no fue magia" el discurso de los evangelizadores dispersos del porteñismo ancestral y oligárquico reza: "es magia". Lo mostrable frente a lo indemostrable. Ahí la construcción del proceso ideológico masivo que electrifica medios, jueces, periodistas, dirigentes, tromba de peluquerías y almacenes de barrio. La magia que hay que ponerle todos los días porque nadie te regala nada y los políticos son todos iguales de ladrones. 

Me di vuelta para agarrar el paquete de puchos sin doblar la cabeza porque pensé, debía que, además de escucharla, mirarla, observar cómo gestualizaba esa chica de unos 26 años máximo, con dotes de gran estimuladora sociopolíticareligiosa toda "la educación sentimental" y moral educativa del gobierno de turno. Aclaro "de turno" porque uno es de usar normalmente las palabras que mejor nos caen en las teclas, por ejemplo "servir", de turno es básicamente porque es la huida, no la velocidad de la culebra pero tal por la erosión de la jeta de la ladera de la montaña. 

La gente empuja la piedra gigante que dejó se les volviera al poblado, y ahora la sube empujando para llegar a fin de mes. Es el más de turno de todos los gobiernos que han transitado la democracia argentina recuperada desde el 83. Como una farmacia de turno cerrada, la ventanita de vidrio abierta y una sola chica atendiendo una cola interminable de gente adolorida un domingo triste de otoño en este Land Sad. Los peruanos toman un helado, son cinco, en la puerta de la heladería por Av. Rivadavia y el cielo a sol pegotea la ropa en la caminata. No sé si era Uruguay la calle, pero es una que atraviesa Corrientes, donde dan la sombra en esas callejuelas sobre la vereda larga, un grupo de náufragos tirados como desperdicio generando el hedor de los restos acopiados contra una pared, a punto de ser fusilados. 

"La Capital Federal, decía la chica del acting mandálico, tiene al cuarto de la población del país y es por donde pasa lo más importante del país, si acá solucionamos el problema de los 14 millones luego se van a dar cuenta las provincias el camino que deberán tomar, es así, tienen que entenderlo", y yo atónito, sin angustia, atento, a la par que flasheando alto mambo que supongo representa esa forma de mirar las cosas de la chica ininteligiblemente mágica. Suena la calma chica por el barrio de Flores. La porteñidad popular con la mesa puesta, los tomates cortados con unas gotas de aceite, domingo de ramos que ofrecen a voluntad niños niñas viejas chicas madres padres viejos locos drogadictos alcohólicos, a voluntad. 

A voluntad de servidumbre ancestral de la vieja y rancia oligarquía porteña que entiende de comer de las sobras. Los colaboradores son los cuerpos que pone la clase social que gobierna, cuerpos que reproducen con el acting y la magia una supuesta alternativa democrática que la oliburguer de estos años ha impuesto en el imaginario.