Lunes 11 Feb 2019 9 días atrás
porRicardo Montacuto
Director Periodístico

El viernes por la noche, a las 20:23, el periodista y escritor mendocino Rolando López hizo un curioso posteo en su muro de Facebook. "Y un día, la kioskera de la Cuarta se hartó de sus clientas":

López exhibe una larga trayectoria como periodista, especialmente de historias policiales, y varios libros. Tiene un ojo entrenado para las noticias. Sobre todo, si detrás hay historias, un "algo más".

Comenté la publicación en el muro de Rolando, y al día siguiente -el sábado- encargué la nota a la redacción del Post. La editora Laura Antún envió al redactor Matías Sosa, un periodista "sub 30" que cuida los textos, aleluya; a entrevistar a la kiosquera harta de sus clientas.

Así la mostramos. "El llamativo cartel de un minimarket mendocino que hace furor"

En pocas horas, la noticia "explotó" en las redes sociales del diario, la publicaron otros medios de Mendoza, hoy al mediodía la editó Clarín, y más tarde, La Nación. La noticia fue replicada por diarios y radios de varias provincias argentinas, también canales de televisión, por medios de otros países de la región, y por el sitio de Microsoft en Español.

Festejé en secreto con López, porque en épocas de fake news, naderías virales, y desmesuras explícitas de las que se les ocurran; el instinto periodístico está intacto.

El cartel de la kiosquera Matilde Aveiro es una pieza comunicacional inmejorable, porque expresa lo que quiere con claridad, y porque encarna además una protesta social por la falta de educación, de higiene y de urbanidad de muchas de sus clientas habituales. El cartel, exige respeto por el otro. "A mi criaron con otros valores" contó Matilde, antes de relatar que además del "dinero de las tetas", está el "dinero de los pies" que algunos se ponen en las medias.

La gente ya le ha hecho miles de fotos al cartel. Y hoy, es noticia mundial en medios de habla hispana. Antes de todo eso, un periodista profesional lo detectó y lo hizo público. Las redes fueron el vehículo. Pero en el fondo, lo que valió, es haber tenido una buena historia para contar. Como la de Matilde, las kiosquera harta de la Cuarta Sección.

Y eso, es la esencia del periodismo.