Domingo 3 Feb 2019 13 días atrás
porChristian Sanz
Secretario Gral. de Redacción

Poco a poco, luego de décadas de encubrimiento, empezó a descorrerse el velo de la mentira en torno del atentado a la AMIA, ocurrido el 18 de julio de 1994.

Fue gracias a la valentía de diversos referentes, que se animaron a decir lo que hasta ahora todos habían preferido ocultar.

El primero fue Mario Cimadevilla, extitular de la Unidad Especial AMIA, quien relativizó línea de investigación que involucra a funcionarios iraníes -"La pista iraní es débil. Importa más que se mantenga la sospecha sobre Irán que la verdad", sostuvo- y admitió que es más firme aquella que apunta a Siria.

Cimadevilla cuando estaba al frente de la Unidad AMIA

Luego apareció la misiva escrita por el titular de la AMIA, Agustín Zbar, pidiéndole a la DAIA que no se siga adelante en la denuncia contra Cristina Kirchner por el memorándum con Irán. "No me animo a decir que el memorándum era un pacto de impunidad con Irán", llegó a decir el presidente de la mutual judía en canal La Nación+.

La misiva fue dirigida a Jorge Knoblovits, el mismo dirigente que en 2013 puso en duda la autoría de Irán respecto del atentado a la AMIA. Para el más desprevenido, se aclara: Knoblovits es el titular de la DAIA.

Y por si fuera poco, llegaron las palabras de Laura Ginsberg, una de las familiares de las víctimas del atentado y referente de Asociación Por el Esclarecimiento de la Masacre Impune de la AMIA (APEMIA).

Consultada por diario Perfil, la mujer sostuvo: "La bomba en la AMIA fue una operación controlada por la SIDE misma, no por la inteligencia iraní".

Haffez Al Assad, expresidente de Siria

Ciertamente, para aquellos que hemos investigado exhaustivamente la trama del atentado no es ninguna novedad. No existe en todo el expediente una sola prueba que involucre a iraní alguno.

Sí, en cambio, hay evidencia de sobra que muestra que hay prominentes sirios detrás de los bombazos en la AMIA. Incluso aparece la factura de la bomba que allí explotó.

El problema es otro: grandes intereses, principalmente foráneos, persisten en desviar la trama de lo sucedido, por diversos motivos, que no vienen al caso.

Pero la verdad es clara y unívoca, y está claramente detallada en la misma causa judicial.

La factura de la bomba que explotó en AMIA

La investigación independiente demuestra que todo fue parte de una venganza contra el entonces presidente Carlos Menem por acuerdos no cumplidos, refrendados en 1988 en Siria, ante su par Haffez Al Assad.

Lo confirmaron a este periodista varias fuentes de información, consultadas para su libro AMIA, la gran mentira oficial.

Las tres más importantes fueron: Domingo Cavallo, Oscar Spinosa Melo y Mario Rotundo. El primero no necesita presentación, los otros dos fueron el embajador argentino en Chile de principios del menemismo y el recaudador de campaña de Menem. Los tres estuvieron en la reunión mencionada, ante el presidente sirio.

Mucho más podría decirse, pero no hace falta. Solo resta mencionar que la investigación independiente de lo ocurrido en AMIA, permitiría esclarecer lo ocurrido en la embajada de Israel el 17 de marzo de 1992 y por qué fue asesinado el hijo de Menem el 15 de marzo de 1995.