Huracán Las Heras, ese amor imposible de explicar - Mendoza Post
Miércoles 27 May 2015
porRubén Lloveras (*)

Para explicar el fenómeno Huracán Las Heras, antes tengo que contar una pequeña historia, tal vez ahí encuentre las palabras justas y sentidas de mi pasión por mi querido Globo.

Un club que nació en una barriada proletaria, la vieja Cuarta Sección, aquella denominada “Cuarta de Hierro” dueña de matones y malandras, zona regada de cabarets y prostíbulos.

Ese fue el lugar de nacimiento del Club Benjamín Matienzo, lejos en el tiempo orillando los orígenes del año ‘20.

El fútbol lírico también picó para que en el departamento de Las Heras, comuna “Lencinista” por adopción, viera el nacimiento del Club Juan Gualberto Gregorio de Las Heras, ese caluroso diciembre del ‘25 le dio el sí y comenzó a rodar la pelota de tiento.

Los límites fueron muy bien marcados, la “Cuarta” proletaria y mafiosa, contra la rural y chacarera Las Heras, desde los mismos inicios la rivalidad fue a muerte.

Los años pasaron y las dos instituciones matrices fueron mutando absorbiendo a otros clubes y cambiando sus nombres, y la rivalidad creció tanto, que un frio domingo de julio del ‘36 los encontró frente a frente, Matienzo ya llevaba el nombre de Huracán y Las Heras el de Unión Sport Club Las Heras.

La punta y el ascenso estaban casi al alcance de la mano, el partido fue a “tiza y hacha”, pierna fuerte y más de una rodilla ensangrentada. Cuando Las Heras se imponía 2-1, los rivales sacaron a relucir sus revólveres, hubo tiros en la tribuna y una hecatombe gigante en el campo de juego, el partido no finalizó, fue un desastre y no hubo muertos de puro milagro, los dos clubes recibieron duras sanciones.

Hasta aquí una simple semblanza de lo que muy lejos en el tiempo fueron los enemistados institutos, tan peleados estaban que el domingo 24 de diciembre de 1939 decidieron por asamblea fusionarse y unir esfuerzos para siempre, dando origen al Club Huracán Las Heras, una de las tantas cosas inexplicables de la sociedad de aquellos años.

La primera década del nuevo club fue muy difícil muchas derrotas, cambios de localía en forma casi permanente y un dato curioso, fue más veces local en canchas del departamento de Godoy Cruz que en la misma Las Heras, hasta que el 8 de junio de 1952 se enquistó en calle Olascoaga, donde se mimetizó entre fincas y viñas.

La multitud de seguidores lo siguió a todos lados, los diarios de la época comentaban “que cuando Huracán Las Heras es local en calle Olascoaga, se hace muy difícil circular, debido a la gran cantidad de bicicletas y carretelas que estacionan en los costados”, por estas pequeñas cosas jamás perdió su origen.

Para la historia del Globo, hubo más malas que buenas, recién cuando cumplió 45 años pudo darse el gusto de ganar su primer torneo oficial de la Liga Mendocina, llenando con miles de hinchas todas las canchas que le tocó en suerte jugar.

El último Nacional de Fútbol fue el premio y por primera vez su nombre se inscribió entre los grandes de la patria.

Luego de esa experiencia regresaron las malas, las mismas que lo aquejaron siempre, y sus miles de seguidores, ahí, sosteniendo al humilde club, el del origen de matones y mafiosos, el club proletario, el club popular.

El nuevo siglo llegó con una reestructuración del fútbol Nacional que Huracán Las Heras coronó con dos ascensos, nuevamente su popularidad despertó y el presente es el soñado por tantos que sentimos esa camiseta como nuestra piel.

Hoy el hincha se luce desde la misma cuna, miles de fotos inundan las redes sociales donde los herederos visten el blanco con vivos rojos y un inmenso HLH en el pecho, las paredes de los barrios y las villas muestran su arte, coloreando el arco iris orillero y marginal con imágenes más que expresivas de su amor incondicional por ese Globo que vuela en nuestro cielo. El hincha de Huracán Las Heras es fanático, aquí no hay término medio, es el mismo que sufre, grita, alienta, llora...

¿Explicar el fenómeno Huracán Las Heras?

Imposible, sería como explicar un grito de gol en dos palabras.

En esta, tal vez Discépolo me da una mano “¿Qué sería un club sin el hincha? Una bolsa vacía. El hincha es el alma de los colores, es el que no se ve, el que te da todo sin recibir nada… ese es el hincha”.

Soy hincha de Huracán Las Heras, con eso me basta y sobra. Las explicaciones están demás.


(*) El autor es empleado ferroviario. Investigador autodidacta de la historia del deporte de Mendoza. Autor de "La historia un grande", "Historias y Relatos del deporte en Mendoza", "El fútbol de Mendoza en 50 historias" y "La vuelta al fútbol en 40 clásicos".