La madre de Gil Pereg luchó hasta morir y fue empalada - Mendoza Post
La madre de Gil Pereg luchó hasta morir y fue empalada

Pirhya Sarussi (63) se resistió al ataque del asesino. Su hijo está preso por el crimen. Ya muerta, le introdujo un hierro en la vagina y otro en el ano y la enterró.

La madre de Gil Pereg luchó hasta morir y fue empalada

Lunes 28 Ene 2019
porLeonardo Otamendi
Editor Post

Nicolás Gil Pereg, de 36 años, está detenido. Fue acusado por los crímenes de su madre, Pirhya Sarussi (63), y de su tía, Lily Pereg (54). Los cadáveres fueron hallados enterrados en la vivienda del acusado, quien había denunciado que ambas estaban desaparecidas. Al hallar los cuerpos, los investigadores se horrorizaron con lo que vieron, la brutalidad con la que había actuado el atacante.

Catorce días de búsqueda hasta que encontraron a las israelíes. Se temía lo peor, porque si se hubiese tratado de un hecho de inseguridad, habrían sido encontradas muertas rápidamente. Aunque Gil Pereg fue el denunciante por el paradero de su madre y de su tía y fue testigo durante casi dos semanas, siempre estuvo en la órbita de posible sospechoso para los investigadores. En los últimos cuatro días antes de su arresto, ya era "candidato" a ser el asesino,  hasta que los pesquisas encontraron las pruebas y lo acusaron por los delitos de homicidio simple contra su tía, y homicidio agravado por el vínculo contra su madre.

Nadie imaginaba lo que era capaz de hacerles a sus familiares una vez que fueran asesinadas. Pero su perfil era el de un "tipo raro": un soldado israelí, viviendo en Mendoza como un indigente entre medio de gatos y perros (algunos muertos) y con severos problemas económicos por librar cheques sin fondos por más de 9 millones de pesos.

Gil Pereg al ser detenido.

Esas deudas y la necesidad de saldarlas con su acreedor fueron los motivos de la visita de su madre y su tía a Mendoza. Gil Pereg necesitaba dinero y Sarussi, quien siempre le giró plata desde Israel, viajó miles de kilómetros para ayudarle.

El sábado 12 de enero, por la mañana, Pirhya fue con su hermana a la casa de su hijo. Él las buscó y se trasladaron en micro hasta el predio donde vivía, en calle Roca de Guaymallén. Entraron cerca de las 10, según el registro de una cámara de seguridad, y nunca más salieron. Esto lo pudieron determinar 12 días después. Gil había mentido cuando declaró como testigo que ambas se habían ido en la noche del mismo día, por donde habían llegado.

Lily Pereg y Pirhya Sarussi.

Allí en la casa de Pereg, frente al cementerio, se desencadenó la violencia total. Un ensañamiento inusitado con los cadáveres de las mujeres. Al parecer, la ayuda económica de su madre no le pareció suficiente (en su casa el sospechoso tenía 3 millones de pesos en una bolsa) y le exigió más. No había más, y esto habría desencadenado una discusión y amenazas con un arma de fuego (le secuestraron 4 que estaban en regla, y 2.000 proyectiles).

A su tía le dio tres tiros, todos en la región torácica pero a su madre no le disparó. Gil Pereg tal vez pensó que Sarussi, al ver que había matado a su hermana Lily, le daría más dinero para que no la mate también a ella.

El momento de retirar los cuerpos.

Con el objetivo de que su madre le entregue de alguna manera más efectivo, es que comenzó a golpearla por distintos lugares de la casa. Ella se defendió. Las lesiones en su cuerpo, según arrojó el informe del Forense, no son solo de defensa, también de lucha. Tenía lesiones en sus brazos, hombros, manos y signos de haber sido arrastrada. Es decir que peleó hasta morir.

Por esa razón es que aún no saben cuál fue la causa de la muerte de Pirhya Sarussi, aunque sí se conoce con precisión qué le hizo al cadáver de su madre antes de enterrarla.

Gil Pereg saliendo de la fiscalía, ya preso.

Le metió dos hierros de 8 milímetros, que tenía Pereg en un sector en el que había estado construyendo, por la vagina, y otro por el ano. Los introdujo tanto que no lo vieron los sabuesos cuando desenterraron el cuerpo.

A su tía Lily le hizo lo mismo pero la traspasó con los hierros. El que le introdujo por el ano llegó a perforarle la espalda y se veían las dos puntas, al igual que el le metió por la vagina y que le salió por el pecho. Además, le dejó otro hierro clavado en la cabeza.

El ensañamiento con los cadáveres de su propia familia, su madre y su tía, es uno de los puntos del caso, que será difícil de olvidar.

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