¿Scioli es un boludo o un sagaz trepador? - Mendoza Post
Martes 26 May 2015
porLucas Carrasco
Periodista

Mientras la interna oficialista logra ocupar el máximo espacio diluyendo la no interna de la oposición, Cristina Fernández se las arregla -así sea con gestos medio payasos- para que sigan hablando de ella. Es natural, es la Presidente de un país presidencialista y obliga a que la escuchemos por radio y televisión cada vez que se le ocurre. Redecorar el Correo, oficiar de Ceremonial en cada fiesta escolar de Casa Rosada y poner una espada en una vitrina desnuda lo obvio: se acabó la plata de la soja. Ya se la ha patinado nuestra prócer televisiva. Una pena. Porque con menos inversión en adularse podrían hasta cuatriplicarse las tristes jubilaciones. Pero es lo que hay.

Florencio Randazzo, el capricho de esta semana, es un buen producto publicitario. El único problema que tiene es que Randazzo es Randazzo, medio invotable. De hecho, nunca ganó una elección. Es curioso que con tantos antecedentes no haya integrado La Cámpora y haya sido, hasta hace 5 minutos, enemigo, incluso, de los bufones de la cohorte. Pero entre la gente con principios flexibles, todo cambia más rápido que los ideales de Leandro Santoro. Basta sino mirar a esos viejitos alcahuetes que hacen picnic en la Biblioteca Nacional, rodeados de un fogón y canciones de Siui Géneris para hablar de las utopías de Cristóbal López: jamás se hubieran imaginado aplaudiendo a Randazzo, el oscuro ministro preferido por Franco Macri, Benito Roggio y otros luchadores sociales de ese tipo y nivel.

 "El único problema que tiene es que Randazzo es Randazzo, medio invotable".

El único interrogante es si Cristina conduce al FPV a la derrota porque le conviene o porque no se da cuenta. Pero como interrogante sobre las motivaciones, es más propio de la psicología que del análisis político. Una cosa sin embargo ya se aprecia: hay un gran consenso entre los que lo quieren, los que se esfuerzan por quererlo y los que no lo quieren, en torno a Scioli. El consenso dicta que es un pusilánime. A partir de ahí, se valora esa característica, se degrada o se idealiza, ya sea confundiendo pusilanimidad con lealtad o tomando la pusilanimidad en su sentido literal o imaginando que una vez maneje la caja nacerá un estadista. El estadista que todo pusilánime guarda, dicen los fantasiosos.

A veces, la gente común, la gran masa de votantes, se inclina por pusilánimes. 

La Argentina ha tenido, para bien y para mal, ejemplos de presidentes que no tenían el poder ni querían ejercerlo. Cámpora, Illia, Puerta, Levingston; todos de llegada muy distinta y variadas ideologías. Incluso, algunos muy respetables. Y hasta entrañables. Pero es una tradición nacional, a veces, la gente común, la gran masa de votantes, se inclina por pusilánimes. ¿Es muy fuerte la palabra? Quizás. Pero el consenso es eso. Incluso sus amigos, la amplia gama de medios y periodistas que lo protegen, lo retratan como un pusilánime. Eso sí. Aclaran, que en realidad, es una táctica para trepar, una táctica sagaz, agresiva y eficaz. Algo de razón, seguramente, tienen. Pero es una situación tan graciosa. Tan disparatada. A veces, uno termina sintiendo ternura por un tipo que ama tanto a quien lo humilla pero que ni a palos da un look Jesucristo, sino más bien, con esa mezcla de ignorancia cultural, frivolidad chabacana y sumisión camaleónica, da, convengamos, un perfecto y sólido boludo. Que puede, país raro, llegar a ser presidente.

Y capaz que termina siendo un buen presidente. Néstor Kirchner asumió, según algunos, como "chirolita de Duhalde" y fue el mejor presidente desde el retorno democrático. Eso sí: jamás se dejó maltratar, jamás se posicionó en base a las características de sumisión que Duhalde le pedía. Y eso que esas características no eran tan crueles como las que le imprime Cristina Fernández a sus candidatos, los que luego, para variar, cuando se apartan, la detestan. De hecho, el Frente Relanzador de Sergio Massa es un rejunte de ex funcionarios de su marido, cuando la economía crecía, se desendeudaba, se industrializaba y bajaba la pobreza, y las anécdotas que circulan sobre la presidente son bastante hirientes.

 Néstor Kirchner asumió, según algunos, como "chirolita de Duhalde".

Paradójicamente, como se sostuvo en esta columna y hoy ya es un lugar común entre los analistas, si se bajara, el gran favorecido fue a quien derrotó hace dos años y es su estricta contracara en personalidad y posicionamiento público: Daniel Scioli.

De La Rúa, que en vísperas de las elecciones no parecía ningún boludo, resultó serlo. Ojalá que Scioli si llega a ser presidente, sea el reverso. Lo contrario.

A los argentinos no nos conviene, ni hace falta decirlo, otro desastre como el de la Alianza, que dejó al país en default, con pobreza y desempleo creciente y una negación de los problemas que... se parecía tanto a Kicillof, la mano derecha de la presidente. Y futuro ministro de economía de Scioli. Ay, que Dios nos ayude...