Crónicas del subsuelo: Postálica - Mendoza Post
Crónicas del subsuelo: Postálica

Crónicas del subsuelo: Postálica

Jueves 27 Dic 2018
porMarcelo Padilla

Arica y Mojito jadean bajo el espinillo sin sol atravesados por el horizonte vertical de la tormenta. Tienen miedo del viento y de sus sombras, pesebre decaído en aguardiente, sin dios, con canciones tristes de Caetano y Gilberto. No hay luz desde este enorme viento en el desierto ni comida pa los pobres, "ni chicha ni limonada/al pobre naranja o naa", decía la abuela. Enfrente, en el parador religioso, escuchan otras músicas que ahoga el meneo de los damascos, suspensión de la especie en el ritual de una novedad que no viene no llega ni alcanza. Sin embargo el encuentro, las soledades aleatorias, las llamadas perdidas por error de tecla, o el vientre de un helicóptero excavando la tierra, escupiendo sangre en la postálica región de "el dorado". La noche comienza sobre el lomo de los perros escondidos bajo los puentes anti-turísticos. Mostrarse los dientes es un llamamiento al desorden, esa lucha en cada casa multiplicada implosionando la crisis de boca en boca, de mano en mano, de llanto en llanto. Herida absurda que se escribe después de hecha, por tanto la literatura solo les puede venir a contar lo que todos y todas ya saben en sus vivencias, la literatura llega siempre tarde con su conjura. Luna llena menguante después de hecho el día música de viajes. El libro sobre el techo del auto unos 300 kilómetros andando en la noche, los pibes pararon el auto a echar gas y lo vieron. Un accidente de la física, en el medio de un accidente de la física apela nuestra urbanidad a los desechos de la fantasía, en medio de un accidente de la física descreemos de todo por derroche de lamento ancestral, inorgánico pero en virtud de la tierra. "Ella envidia a los embusteros" es la película que no tuvo su posibilidad por la consabida falta de subsidio, porque el Estado no está, el Estado no está/ni ahí...el Estado hace calles iguales donde los que viven son iguales, las balas de Palermo como ostentación de una ciudad vendible, con clima de negocios y coworquinadas giratorias de gente joven. Las bodegas son ajenas y las estaciones de servicio de los parientes para cargar la nafta sin consultar el precio. No somos Noruega de pedo, tal vez por ese accidente de la física en el que estamos siendo indiferentes -queda bien "ser indiferente"- como también palmear la espalda, palmear la espalda es de gato. Ingrata cuanto menos la sosaieti. El Julio y el Jere hicieron la de reyes pero esta vez con Papá Noel. Juntaron golosinas y guevadita pa lo niño y las repartieron porque el amor del peronismo los puede. Hoy hay miles de pibes y pibas sin un mango y niños cagados de hambre. El mismo accidente de la física. No puedo confiarles las ansias mías, no son épocas protectoras, ni mucho menos de libre expresión. "Somos contravencionales, por eso es que alguna vez vamos a volver", me dijo el Julio por guasap cuando me mandó el flayer del viejo, parecía Enrique Symns. Participa, es un simple puente que sí ve un compañero y no ve un iluminatti. El puente sobre el accidente de la física. El que se está construyendo en el anonimato con candombe inmigrante revuelto. No le falta nada al café con leche, tengo las desposesiones, la lluvia suave que no llega, la lejana tristeza del que espera contando. La maquinita no anda, cuando no es el teclado es el mouse o por el calor se apaga. Enchufada a veces anda, solo a veces.